Amor por la borda Capítulo 48 #2
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Capítulo 48 #2

Álex dejaba caer el peso de su cuerpo de un lado a otro y se frotaba las manos con nerviosismo. Yo estaba en shock , no me podía esperar nada de eso cuando había cogido el tren esa mañana dispuesta a encontrarme con mis amigas. Intenté pensar con claridad, aunque ese hombre me lo ponía difícil.

—No quiero enamorarme de ti, Álex, de verdad que no quiero.

No quiero sufrir. —Fui totalmente sincera con él porque pensé que esa vez se lo merecía.

Aunque solo fuese por todas las molestias que se había tomado organizando la sorpresa—.

¿Cómo puedo saber que todo lo que me has dicho no forma parte de una actuación de las tuyas?

Sabes que con la labia que tienes podrías ser actor.

—Porque yo nunca me he declarado a nadie, ni le he comprado flores, y por supuesto no me he tatuado su nombre en mi cuerpo.

—Empezó a desnudarse para demostrármelo y lo tuve que frenar—.

Yo no soy así. Solo intento demostrarte cómo me siento y que voy completamente en serio contigo. Ayúdame un poco.

Apagué mi cerebro y bajé la resistencia que trataba de oponer.

Si Álex era un sinvergüenza y me engañaba, yo no iba a tener la culpa, cualquiera le habría creído con la preparación de esa sorpresa.

Me acerqué a él y lo miré a los ojos, quería ser capaz de llegar a su interior si lo escudriñaba con atención.

Me encantó lo que vi. Parecía nervioso e ilusionado y, lo más importante para mí: parecía sincero.

—¿Entonces, qué ha pasado con Tania y Blanca?

—No ha pasado nada. Solo que no van a venir.

—¿Nunca existió el plan de ir a ver un musical?, ¿ni el finde de chicas? —Mi cabeza seguía intentando encajar las piezas del puzle en el que se había convertido nuestro encuentro.

—No. Nunca existió. Lo inventamos para ti.

Yo necesitaba que ellas me ayudasen porque sabía que a mí no me ibas a escuchar y tampoco vendrías conmigo a ningún sitio.

Y quería sorprenderte y demostrarte que no me voy a rendir, que voy en serio contigo.

Llevo organizando esto desde que nos vimos en el Blanco/Negro.

No te haces idea de lo nervioso y emocionado que estoy.

—Álex me agarró las dos manos y continuó—.

Necesito que me creas, porque necesito que me des una oportunidad.

No puedo sacarte de mi cabeza. Eres tan increíble, tan sexy , tan divertida…

e incluso me soportas. ¿Sabes lo difícil que es eso?

Un tipo como yo puede sacar de quicio a cualquiera.

Pero contigo… contigo es distinto. Tú me quieres como soy. No quiero perderte.

—Entonces, soy la chica perfecta para ti… —Nuestras manos seguían cogidas y, aunque me moría de vergüenza, lo miré a los ojos deseando que siguiese diciéndome todas esas cosas preciosas que apenas me podía creer que estuviesen saliendo de su boca.

—Sí, si olvidamos el asunto de que usas veinte toallas en la ducha o de que haces el silbido del tren mientras duermes.

Sí, lo eres. —Le pegué un golpe cariñoso en el brazo, fingiendo estar molesta, pero era imposible estarlo después de las cosas que Álex me había dicho—.

No, en serio, no me importa, amo ese silbido. Me encanta todo de ti, hasta eso.

Supongo que ese fue el momento que consiguió desarmarme por completo y dejé caer la coraza con la que trataba de protegerme de él. Me acerqué hasta su cuerpo y lo abracé lentamente. Dejé que me envolviese entre sus brazos y aspiré ese olor que lo caracterizaba y a mí me volvía loca.

—Pero, bueno, ahora has estropeado mis planes —dije con tono lastimero. Aunque seguro que él notó que ahora la que estaba haciendo el teatrillo era yo—. ¿Y si quiero ir de tiendas, como teníamos previsto en nuestro encuentro de chicas…?

—Iremos a comprar lo que quieras, yo pago, y te llevaré las bolsas como en Pretty Woman .

—¿Y si quiero hacer los planes típicos de aquí, como comer un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, pasear por el parque del Retiro o visitar el Museo del Prado?

—Pues lo haremos. Visitaremos todo lo que quieras.

—Menos los casinos.

—Casinos descartados. Mi cuerpo y yo estamos a tu entera disposición.

No tenía ninguna intención de hacer ninguno de los planes que le había dicho a Álex, la verdad.

Solo quería estar con él, allí mismo, en una cama que esta vez sí que estaba encantada de que compartiésemos.

Quería sentir su cuerpo contra el mío, que me besase y me mirase a los ojos, y decirle todas las cosas bonitas que me había callado por miedo a que lo que estaba sintiendo por él me hiciese sufrir de nuevo.

Había decidido lanzarme, dejar que esos sentimientos tan intensos que sentía cada vez que lo veía campasen a sus anchas en mi cuerpo, ya que había aprendido que era imposible no estar asustado cuando quieres a alguien, pero tenía que volver a confiar, ya que no todos vienen a romperte; algunos llegan para quedarse y curar lo que otros dañaron.

Permanecía pegada al cuerpo de Álex y, mientras lo miraba a los ojos, fui desabotonándole poco a poco la camisa.

Cuando por fin me deshice de ella, lo empujé con suavidad hacia la cama y me coloqué encima.

Fue entonces cuando mis ojos se posaron en la llave de la habitación, con aquel cartelito del 202, y sonreí: aquel error del sistema había sido, en realidad, la mejor casualidad de todas, y él iba a convertirse en el mejor error de mi vida.