Capítulo 45
Desde que él llegó al pub , el ambiente se volvió muy raro para mí.
No era capaz de relajarme. No quería mirarlo, pero, a la vez, era lo único que podía hacer.
Era irremediable. Mis ojos siempre acababan fijos en cada uno de sus movimientos.
Trataba de disimular y, cuando me daba cuenta de que lo estaba escaneando con la mirada, la desviaba hacia mis amigas o hacia cualquier persona que se moviese a mi alrededor, aunque fuese infinitamente menos interesante para mí de lo que lo era el tocapelotas.
Él tampoco me quitaba ojo. Lo pillé, en varias ocasiones, con la vista fija en mi vestido.
Parecía pensar que sería capaz de ver a través de él si se concentraba mucho.
Yo me movía de forma sugerente, sin saber muy bien por qué lo hacía, pero es que tener a Álex tan cerca de nuevo me estaba nublando el juicio.
Apenas hablábamos, ya que la música, desde que él había llegado, había pasado a ocupar un plano principal.
Estaba muy alta e impedía la comunicación.
Mejor, porque teníamos una conversación pendiente, pero aquel no era el momento ni el lugar para llevarla a cabo.
Quizá tampoco merecía la pena tener esa charla.
Yo veía lo nuestro como un desastre sin solución, como diría DePol.
Sonaba justamente esa canción en ese momento, por eso pensé en ello.
Aunque Álex no estaba bailando como un loco, como lo había visto hacer en el barco, parecía divertirse moviéndose en compañía de las chicas y ellas me cogían las manos y me introducían a mí también en esa extraña fiesta particular.
Acabamos unidos, agarrados por los hombros, brincando al ritmo de la música.
Aunque el ambiente era agradable, no dejaba de perseguirme la sensación de que todo era demasiado extraño y no tenía mucho sentido.
Me deshice de los brazos que me envolvían y me dirigí hacia la barra a por una copa, ya que de la anterior ya no me quedaba ni el hielo.
No había dado ni cuatro pasos seguidos cuando sentí a Álex o, más bien, olí su perfume junto a mí.
Me giré hacia él y le pregunté directamente:
—¿Por qué me sigues? —Se paró en seco y sonrió levemente.
—No te estoy siguiendo. No seas creída.
—¿No? Juraría que te tengo pegado a mis zapatos.
—Son unos zapatos muy bonitos, la verdad. Me gustan mucho. —Álex se concentró en mis pies y yo traté de volver a andar y dejarlo atrás, a él y a sus tonterías, pero me agarró del brazo y me lo impidió—. Pero espérame.
—Déjame. No sé qué pretendes, pero no pienso pasar más tiempo del estrictamente necesario contigo a solas, así que no me persigas.
—Bueno, es que voy a por una copa y supongo que tú también. Es el mismo trayecto para los dos, ya que estábamos en el mismo sitio y nos dirigimos al mismo destino. —Ya no recordaba lo tocapelotas que podía llegar a ser ese individuo, estaba empezando a recordarlo.
—¡Qué casualidad! Y necesitas una copa justo ahora…
—Me ha entrado una sed incontrolable cuando te he visto dirigirte hacia la barra. Y, como no me has preguntado si quería algo, lo cual habría sido un detalle, la verdad, pues he tenido que venir yo.
Lo ignoré, porque no se merecía otra cosa. Seguí andando hacia la barra.
—Un tequila rosa, por favor —le pedí al camarero cuando por fin me tocó el turno.
—Y un gin-tonic . Gracias. —Escuché decir al tocapelotas por detrás de mí—. Bueno, ahora que estamos solos, ¿podemos hablar?
—No sé de qué quieres hablar en este momento, la verdad.
—Pues de lo que pasó. Estaría bien aclararlo, ¿no te parece?
—No parecías tener mucho interés en solucionarlo, la verdad. Si no nos llegamos a encontrar hoy, no te habrías puesto en contacto conmigo en ningún momento.
El camarero dejó las copas frente a nosotros y Álex pretendió pagar la mía, algo a lo que me negué en rotundo.
—Tú no has parado de llamarme y de mandarme mensajes, ¿verdad? —me reprochó.
—Yo no tengo que hacerlo, fuiste tú el que se marchó de la habitación sin darme ninguna explicación, no voy a ir, encima, yo a buscarte. —Cogí mi copa y pretendí marcharme con ella, pero Álex me retuvo.
—No me dejaste hablar ni explicarte nada. Eso saca de quicio a cualquiera. Te comportaste como una loca celosa y sabes que no lo soporto.
—Pues si te vas besando por ahí con la gente es normal que me ponga un poco celosa. Pensaba que teníamos algo… —me arrepentí al instante de lo que dije, me sentí ridícula.
—Y lo teníamos. —La forma en la que Álex me contestó, tan serio y decidido, me dejó descolocada—. Empezábamos a tenerlo —rectificó.
—¿Entonces?
Mi pregunta se quedó flotando en el aire, porque Álex no tuvo tiempo de responder.
Lo que pasó a continuación fue totalmente inesperado y acabó de complicar una noche que ya se había vuelto bastante extraña con la aparición de Álex.
Noté un toque en mi hombro, me giré y descubrí que el dueño de la mano que me había golpeado suavemente era Darío, y que, a su lado, con escotazo y un vestido tremendamente sexy , estaba Mónica.
Me quedé petrificada. No estaba preparada para encontrarme a mis ex allí, a mi exnovio y a mi examiga, a unos centímetros de distancia y, menos, en el momento en el que por fin tenía con Álex esa conversación que nos debíamos y que tanto había deseado tener.
—¡Paula! ¿Cómo andás ? ¡Qué alegría verte!
—Darío se acercó a darme dos besos y lo hizo como siempre, recreándose en ello, y dejando tras de sí ese aroma tan típico suyo mezcla de su perfume y su loción del afeitado.
Mónica me saludó desde su posición, algo avergonzada, y yo lo agradecí, porque tenía las mismas ganas de darle dos besos a esa traidora que de masticar clavos.
Tampoco es que me apeteciese demasiado volver a notar los labios calientes de Darío sobre mi piel, pero el argentino no me había dado opción.
—Hola, muy bien, aquí, tomando algo con unas amigas.
—Darío escudriñó a Álex con la mirada, como si lo que le acababa de decir no tuviese sentido porque el tipo moreno y atractivo que cada vez estaba más pegado a mí, no parecía en absoluto ser una amiga—.
Se han quedado bailando y he venido a por una copa.
Pero ya volvía con ellas. —Me vi obligada a aclarar.
—Buenísimo. ¿Y qué hacés ? ¿Todo bien? —La forma en la que Darío apoyó su copa en la barra y se dejó caer en la silla alta que había justo a su lado me dio a entender que quería mantener conmigo una conversación que iba más allá del típico saludo cordial y escueto, que es lo que yo pretendía llevar a cabo.
—Muy bien, he estado de viaje, en un crucero por las islas griegas y he vuelto hace nada.
—Traté de sonreír de oreja a oreja, aunque por dentro era un manojo de nervios.
Mi respuesta pareció sorprender a Darío, que debía de pensar —o igual le habían llegado rumores— que yo era una muerta en vida que no hacía nada interesante desde que lo habíamos dejado.
—Doce días, exactamente. Tiempo más que suficiente para disfrutar y desconectar.
Lo hemos pasado genial, ¿verdad, Paula? —Álex le sonrió y Darío se quedó observando con curiosidad a la persona que no se había separado de mi lado, ya que no sabía quién era porque nadie le había presentado ni invitado a la conversación.
—Perdón, ¿ vos sos… ? —Darío solía ser muy educado, pero la mirada que le dedicó a Álex no fue precisamente cortés.
Lo estaba matando con la mirada. Y, a todo esto, Mónica seguía ahí, en un segundo plano, y el argentino, en ese momento, justo cuando Álex había entrado en escena, la agarró del brazo y la colocó justo a su lado.
—Yo soy Álex. —Le tendió la mano a Darío y él se la apretó con fuerza. Después le dio dos besos a Mónica—. Paulita, cómo eres. Mira que no presentarme… ¿Y vosotros, quiénes sois?
Estaba segura de que Álex sabía perfectamente quiénes eran, el acento del argentino lo delataba, pero me gustó que fingiese que no había oído hablar de ellos.
—Darío y Mónica.
—¿Amigos de Paula? —preguntó, y a mí se me escapó una risita al ver el teatrillo que estaba llevando a cabo Álex.
—Bueno, yo soy la expareja. —Darío dijo esto con voz firme. Parecía molesto por tener que explicar lo que habíamos sido ante el sinvergüenza de Álex—. Y ella es mi novia ahora, viste .
—Vaya, perdonad, es que no tenía ni idea. Paula no os había mencionado nunca.
—Es que casi no hemos tenido tiempo ni de hablar, hemos estado muy ocupados…
—Lo que solté, y la forma insinuante en que lo hice, me sorprendió hasta a mí misma.
Aunque en un primer momento no entraba en mis planes fingir que tenía algo con Álex, me salió solo al ver el comportamiento absurdo del argentino, que había pasado su brazo por detrás de Mónica para estrecharla contra él y restregarme en todos los morros el amor que se profesaban y lo felices que eran juntos.
—¿Es tu pareja?
Miré a Álex sin saber qué contestar, y él lo hizo por mí.
—Sí, has acertado. —Álex me cogió de la mano y noté que me sudaban a causa de los nervios—. Supongo que te tengo que dar las gracias, tío.
—¿Y eso cómo es? —Darío sonreía, pero no parecía estar alegre en absoluto.
—Porque si no hubieses sido tan imbécil de dejarla escapar, no la habría conocido.
Te debo una. —Lo que dijo Álex no dejó indiferente a nadie.
A Darío le sentó como una patada en la entrepierna.
Su expresión era un poema. Parecía tener muchísimas ganas de borrar la sonrisa de la cara de Álex de un buen puñetazo.
Mónica parecía muy agobiada, no sabía dónde meterse.
Seguro que se habría esfumado, si hubiese podido.
Y yo casi tengo un orgasmo en ese momento.
Álex hizo que mi corazón diese un brinco y chillase de alegría.
Ese tío me había hundido la autoestima y Álex le había pegado un corte que aún debía de estar intentando procesar—.
Bueno, preciosa, ¿volvemos con las demás?
—Cuando Álex me preguntó eso, asentí aliviada.
Hice un amago de despedirme con la mano y empezamos a andar de vuelta.
— Esperá , Paula, no te vayas. —Me giré molesta.
No entendía qué era lo que pretendía Darío.
No tenía nada más que hablar con ellos dos—.
Quería que te enterases por nosotros. Vamos a ser papás.
—No sé si me impactó más la noticia o la forma en la que Darío le acarició la barriga a Mónica, una tripa que en su vestido sexy apenas se intuía, como si llevase dentro lo más preciado del mundo. Punto para Darío.
Miré a Álex sin saber qué se le debía responder a tu exnovio cuando te cuenta que va a tener un bebé, ya que él parecía llevar mucho mejor que yo esos encuentros tensos.
Su mirada me transmitió la calma que necesitaba.
«Nos importa un comino tu bebé, tu novia y tú, cretino arrogante», eso parecía indicarme, y me tranquilicé un poco.
—Enhorabuena —contesté. Y luego, siguiendo con el teatrillo que había iniciado Álex, y que a mí me había venido de perlas para no acabar hundida ante la pareja, me aproximé al moreno y lo atraje hacia mí para besarlo con intensidad.
Él me correspondió y volví a sentir de nuevo todo lo que él me provocaba, algo así como tocar el cielo con los labios.
Y no imaginaba lo que lo había echado de menos hasta que lo tuve otra vez pegado a mi boca.