Amor por la borda Capítulo 24
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Capítulo 24

Héctor, Tania, Blanca y yo lo dimos todo.

Lo pasamos genial. ¿Fue por los cócteles?

, ¿por la música?, ¿por la compañía? Seguramente fue por una combinación de todos esos factores.

¿Sabéis esa sensación de mirar a gente a la que acabas de conocer y pensar que los quieres un montón?

Pues así era. Adoraba a Blanqui porque era más buena que el pan, a Tania, por su seguridad y su fortaleza, y a Héctor.

Uff, con Héctor no sabía ni por dónde empezar.

Dejando a un lado lo guapo que era, lo fuerte que estaba y que tenía esos maravillosos hoyuelos que a mí me volvían loca, si nos centrábamos solo en su carácter, Héctor era la perfección hecha hombre: atento, respetuoso, elegante, educado…

, no podía sacarle ni un pero —quizá, que era demasiado perfecto—.

Había gente a la que la perfección más absoluta no le gustaba, aunque os tengo que decir que no era mi caso.

Héctor se había tumbado en un flotador de una tortuga y parecía estar supercómodo.

La tableta que tenía en el estómago relucía al reflejarse en ella los rayos de sol, y yo la miraba ojiplática.

¿Era real? ¿Hacía demasiado calor y era un espejismo?

Brillaba y todo. Yo no era la única que tenía ojos en la cara y que se había dado cuenta de que Héctor era posiblemente el hombre más guapo de ese barco.

Había varias chicas que también opinaban lo mismo y se acercaban a él con cualquier excusa.

No las podía culpar. Héctor era un caballero, no podía evitar ser la persona más educada y galante del mundo, así que tenía a más de una loquita por sus huesos. Pero no parecía darse ni cuenta.

—¿No os bañáis? Os vais a quemar —nos gritó a Tania y a mí.

Blanca estaba bailando dentro de la piscina, siguiendo una especie de coreografía que se había inventado alguien con la canción que sonaba en ese momento.

Tania negó con la cabeza y se dio la vuelta.

Era una especie de brocheta humana precavida, no quería chamuscarse solo por un lado.

A mí me ardía la piel, así que me lancé al agua y nadé hacia los pies de la tortuga.

Al verme dentro del agua, a Héctor se le dibujó una sonrisa, buceó por debajo del flotador y se colocó a mi lado.

Me abrazó y me dio un beso en la mejilla, y me pareció muy tierno.

En ese ambiente, con los rayos de sol calentándonos el cuerpo, estábamos muy a gusto.

Me entraron ganas de abrazarme a su cuerpo turgente y sentir su calor corporal.

Pero no lo hice, porque aún me sentía culpable por cómo lo había dejado marcharse solo la noche anterior.

Había estado fatal. Se me había nublado el juicio de nuevo y no pensaba con claridad.

Nos unimos a los bailes y continuamos bebiendo los chupitos que nos acercaba Tania, que no solo tenía como objetivo volver negrísima de ese viaje, también el de emborracharnos a base de chupitos de tequila.

—Mirad lo que he traído.

—¿De dónde has sacado eso?

Tania llevaba en la mano las cartas que estaban en las mesas el día del speed date .

—Las he cogido del bar. Hay un montón. Me ha dicho la camarera que están a disposición del que las quiera utilizar. —Tania estaba fuera de la piscina y nosotros tres dentro, se sentó en el bordillo y nos las enseñó.

—¿Y para qué las queremos? —preguntó Blanca, que al parecer prefería seguir haciendo la conga acuática con desconocidos que contestar a las preguntas que proponía Tania.

—Para reírnos un rato. Cada uno tiene que contestar a una pregunta.

—Venga, dale. —Héctor parecía animado con la idea.

—¿Tienes hermanos? ¿Estudias o trabajas?

¿Cómo te describirías? —Tania fue pasando las tarjetas con las preguntas rápidamente, sin darnos tiempo a contestar—.

Estas preguntas son una mierda. —Decepcionada, cerró el mazo—.

Os soy sincera, ¿qué más me da si tenéis hermanos o mascotas o si vais a misa los domingos?

—Bueno, ¿y qué esperabas? Son para conocerse un poco mejor —dijo Blanca.

—Busca al final. Hay unas con el símbolo de una guindilla que igual te resultan más interesantes. —Los tres me miraron alucinando y yo no pude evitar acordarme del jodido Álex y de lo que me había contado que hacía casi todos los días de la semana.