Capítulo 15
Pasaron por mi mesa todo tipo de chicos, incluido el calvo simpático al que había conocido en la cola para embarcar.
Él se había sorprendido porque, en esa ocasión, yo le parecí maja, y yo, porque el truco que tenía para ser el alma de la fiesta —pregunta de las tarjetas— era algo relacionado con un truco de magia, una cosa que hacía con una servilleta y un cuchillo.
Me lo explicó, pero no lo acabé de entender.
Si la gente no se iba corriendo después de eso, no sé qué más les podría asustar.
También me sorprendió su secreto oculto: que era amigo de muchísimas celebrities e influencers .
No parecía un personaje tan popular a primera vista, la verdad.
Conocí también a un chico bastante majo que, si se pudiese teletransportar en ese momento a algún sitio, se iría a Tokio.
Me gustó esa respuesta porque yo estaba deseando ir a Japón.
Otro que ante la pregunta: ¿qué es lo más arriesgado que has hecho en la vida?
Me contestó que bajar a comprar al supermercado sin una bolsa de tela.
El chico estaba bromeando y le di un minipunto por tener sentido del humor.
Luego me confesó que, en realidad, fue más arriesgado bloquear un ascensor de unas galerías comerciales y practicar sexo allí un día que no había mucha gente, y tuve que reconocerle que sí, que eso me parecía más atrevido que lo de la bolsa de tela.
La noche estuvo entretenida. Me reí un montón. Hasta ese momento no había coincidido con el chico que tuviese el mismo número que yo en la pulsera y me quedaba solo una última cita.
Descubrí quién era antes de verlo, solo por su olor.
Jodido Álex. Acercó la silla a mí y me dio un beso en la mejilla. Me aceleró el pulso solo con el roce de sus labios y se quedó mirando mi reacción con una sonrisa de oreja a oreja. No le dejé abrir la boca. Saqué una tarjeta:
—¿A qué actor crees que te pareces?
—Joder, ¡qué difícil! Hay muchos: yo creo que, al que más, a Liam Hemsworth.
—¡Anda ya! —No pude evitar reírme y me miró serio.
—Me lo dicen un montón, te lo juro.
—Héctor se parece más a Liam Hemsworth que tú.
—Y Héctor es… —Estaba segura de que Álex sabía perfectamente quién era Héctor y estaba disimulando.
—El chico más guapo de este barco. Luego, si quieres, te lo presento. Es majísimo.
Echó hacía atrás su silla y sonrió de medio lado.
—Bueno, pero, si tengo solo siete minutos, no me los deberías robar hablándome del majo y guapo Liam. ¿No crees? Él ya tuvo su momento, el primero, además, y seguro que no te habló de mí.
Me sorprendió que Álex se hubiese fijado en el momento en que Héctor había pasado por mi mesa. Debía de haber vuelto a poner a trabajar su ojo lateral, porque yo también me había estado fijando en él y no había parado de tontear con todas las chicas a las que había conocido.
—En eso tienes razón, hablemos de ti. Yo creo que eres más como Ian Somerhalder, el de Crónicas Vampíricas .
—La verdad es que me encanta morder cuellos… —dijo esto con un tono de voz que me pareció muy sexy y no pude evitar recordar el acercamiento en el baño, cuando había estado pegado a mi cuello, y mi cuerpo volvió a emitir señales que creía extinguidas.
Cogí el mazo de tarjetas y fui a sacar otra, tenía que preguntarle algo para que él dejase así de centrar su atención en mirarme como si yo fuese un crep de chocolate y estuviese deseando comerme.
—No cojas de esas, atrévete con las del fondo.
—¿Cómo dices?
—En el fondo hay unas preguntas que tienen un dibujo de una guindilla. Pregúntame una de esas.
No sabía que en el mazo había diferentes tipos de preguntas, él estaba claro que sí, porque seguro que ya se las habían leído en sus otras vacaciones en ese tipo de cruceros.
Solo con el símbolo, ya me podía imaginar de qué iba el tema, y no podía pegarle más provocarme de esa forma.
La tensión sexual entre nosotros empezaba a ser evidente, no hacían falta preguntas incendiarias, pero aun así cogí una y la leí en voz alta:
—¿Cada cuánto te masturbas? Vale, no hace falta que me contestes a esto. —Me puse un poco roja.
—Día sí, día no. A veces el del medio también.
—Estaba todo repantigado y muy a gusto hablando de las veces que se pelaba el plátano.
Yo no pude evitar visualizarlo en plenos trabajos manuales y quise cambiar de tema, pero tengo que confesar que me excitó un poco imaginármelo.
No quería reconocerlo, pero ese chico era un provocador nato y yo una presa fácil, ya que llevaba unos cuantos meses retirada de la circulación.
—Te toca.
Álex cogió las cartas y fue directo a por una con el simbolito de marras, así que me preparé para una pregunta picante.
—¿Qué es lo que más te gustaría hacerme?
—¡Qué mentiroso eres! Seguro que no pone eso. —Le robé la carta y me quedé con cara de idiota porque era verdad que ponía eso, palabra por palabra—. Estamparte una tarta en la cara. Es lo que me apetece el noventa por ciento del tiempo desde que te conozco.
—¿Y el otro diez por cien? ¿Estamparme contra una pared y comerme la boca?
Joder, me cagué en todo, me acababa de poner a mil.
No pude contestarle. Solo pude quedarme mirando alucinada lo a gusto que se había quedado después de soltarme eso con su actitud canalla.
—El tiempo se acaba, aprovechad los últimos minutos de conversación, que vamos con el baile y la ronda de chupitos.
Acordaos de buscar a vuestra pareja de pulsera, os haremos una foto a los dos juntos, así que acercaos al fotógrafo.
Y, por último, sí, ya me callo, no os olvidéis de pasar a rellenar con quién queréis tener una segunda cita.
Cuando se terminó el tiempo, giramos las pulseras y, ¡sorpresa!
, teníamos el mismo número. Álex me estiró del brazo y me condujo hasta el fotógrafo.
Nos pusieron a los dos en un decorado con corazones por todas partes, me hicieron agarrar un flotador y a Álex le colocaron un sombrero de capitán de barco.
Me pareció todo bastante hortera. Él parecía encantado con la parafernalia, me cogió de la cintura y se pegó a mí.
Noté su barba incipiente contra mi cuello cuando, después de la foto, se me acercó aún más y me abrazó por detrás.
—Esto es una señal, morritos. Estamos hechos el uno para el otro.
Me aparté de él y lo miré fijamente.
—No podría estar con alguien como tú. Me tensas demasiado. Yo quiero estar tranquila y ser feliz —le dije seria. Él, sin embargo, sonrió.
—La vida necesita emoción y adrenalina. La tranquilidad está sobrevalorada.
Vamos a tomarnos unos chupitos. —Álex me cogió de la mano para llevarme hasta la barra y, en un acto reflejo, me solté de su agarre—.
Era para que no te perdieses, que veo a Liam acercarse, tan majo y guapo, y me pongo nervioso.
Efectivamente, Héctor se acercaba hacia mí sonriendo. Cuando estuvimos los tres en la barra, les dije a los dos:
—Nos vamos a tomar un chupito.
El camarero, que me había escuchado, nos puso delante tres pequeños vasitos con alcohol y se marchó.
—¿De qué son? —le grité, pero no me escuchó. Me puse a olisquear la bebida. Era rosa y todo el mundo estaba tomando lo mismo.
—Me sabe a vodka y a frutos rojos. Está bueno —dijo Héctor—. Pruébalo.
Me llevé el vaso de chupito a la boca y me lo bebí de un trago. Estaba fuerte, pero sabía bien. Álex hizo lo mismo. Después me cogió la mano y traté de soltarme.
—Solo quiero enseñarle a Liam las pulseras. —Levantó mi muñeca e hizo lo mismo con la suya—. Tenemos el mismo número. Somos tal para cual.
Me solté de su agarre con más fuerza de la necesaria. ¿Qué se pensaba ese, que la pulsera nos unía para siempre?
—Me llamo Héctor.
—Ah, sí, sí, perdona, Héctor.
—Bueno, pero eso es cosa del azar y no sirve para nada más que para la foto. —Héctor fingió una sonrisa, pero se notaba que el moreno no le estaba haciendo ninguna gracia.
—Ha sido una instantánea preciosa. Espero que nos den una copia. —Álex, en cambio, parecía estar disfrutando de lo lindo—. ¿No la piensan colgar ahí en un tablón como en los parques de atracciones? —El caradura le hizo un gesto al camarero para que nos sirviese tres chupitos más.
—Ahora es cuando nos va a tocar elegir de verdad con quién queremos tener la cita en la playa.
—Héctor me miró mientras decía esto, y yo me agobié porque todo estaba pasando demasiado deprisa.
Estaba ahí, tomando chupitos con dos tipos a la vez; yo, que pensaba hacer voto de silencio y aburrirme en ese viaje…
—La ficha para rellenar el nombre de la persona con la que queréis tener una segunda cita está justo ahí, al final de la barra. —Nos señaló el camarero, que parecía seguir atento a nuestra conversación.
Álex pegó un trago y bebió de golpe el chupito.
Me sonrió y se encaminó hacia la barra. Yo me quedé hablando con Héctor y, en cuanto se empezó a acercar más a mí, volvió Álex y se colocó entre los dos.
Nos pasó las manos por los hombros como si fuésemos los tres amigos y estuviésemos juntos de fiesta.
—Otro chupito.
—Yo ya no soy capaz de tomarme ni uno más, empiezo a estar mareada.
Después del vino que nos habíamos tomado en la cena Héctor y yo, beber también vodka no era la mejor de las ideas.
Ellos dos se miraron cara a cara como si estuviesen en un desafío de un wéstern, empuñaron los chupitos y se los bebieron a la vez.
Golpearon al mismo tiempo los pequeños vasos contra la barra.
Y pidieron otra ronda. Semejante par de absurdos me pusieron de los nervios, así que me fui al final de la barra a decidir con quién quería tener una segunda cita:
Con Liam Hemsworth o con el vampiro más tocapelotas de todo el barco.