Amor por la borda Capítulo 5
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Capítulo 5

Tras deshacer las maletas y descansar un rato en el camarote leyendo, perdiendo el tiempo en TikTok y mandando algunos wasaps, decidí salir a curiosear por las distintas estancias del inmenso barco.

Al ver lo bonito que era todo, empezó a crecer en mi interior una semillita de ilusión y, aunque el rollo de conocer gente y las citas rápidas me daban bastante pereza, la perspectiva de descansar, tomar el sol y relajarme no me resultaba tan horrible.

Se escuchaba algo de bullicio por los pasillos, la gente hablaba emocionada y todo parecía retumbar en aquellos corredores estrechos y sin ventanas.

Salí y paseé por el barco. Miraba a un lado y a otro, tratando de no perderme nada, hasta que me quedé embelesada observando la increíble piscina que apareció ante mis ojos.

Le hice una foto con el móvil y me puse a wasapear con Carlota mientras seguía avanzando entre las tumbonas.

Estaba deseando que mi hermana viese las instalaciones y darle un poco de envidia —algo que no sucedía a menudo—, cuando, de repente, noté un golpe fuerte en el hombro.

—¡La hostia! ¡Me cago en la puta! Coño, ¡qué frío está esto! Podrías mirar por dónde vas.

Levanté la vista y me topé cara a cara con el tío que profería palabrotas sin parar.

No había lugar a duda, se estaba dirigiendo a mí.

Habíamos chocado y la cerveza que llevaba en la mano había acabado sobre su camisa blanca.

Podía ver su piel porque se le transparentaba todo.

Él trataba de separar la camisa de su cuerpo, estirándola, y pegaba pequeños saltitos, no sabría decir muy bien por qué.

—Lo siento, no te he visto —me disculpé, aunque se me escapó una pequeña risita, porque los saltitos me habían hecho gracia.

Él fijó sus ojos en mí y, por la cara de cabreo que llevaba, me dio la sensación de que mis disculpas no habían rebajado ni un poquito su mal humor.

—¿Encima te ríes? ¡Qué manía tenéis todos de ir mandando mensajitos mientras andáis!, ¡joder! Mirad hacia delante, que las vistas son preciosas. Me has tirado toda la cerveza y me la acababa de pedir.

¡Y se suponía que yo era un enanito gruñón para mi hermana! Si conociese a ese tío, yo le parecería una santa.

—¿Solo sabes decir palabrotas? Me he disculpado, ¿sabes?

No es para ponerse así. No te he visto, no sé qué más pretendes que haga.

Si quieres te compro otra cerveza, venga, dime lo que vale, te doy el dinero y ya está —le dije todo esto levantando un poco la voz porque no me gustaba nada el tono en el que me había hablado.

Esto hizo que algunos curiosos que andaban cerca se nos quedasen mirando.

Acabábamos de llegar y ya tenían delante de ellos un espectáculo en directo, y mejor que el que prometían en el teatro del crucero.

—Mira, me voy a marchar porque no te quiero contestar. Las cervezas son gratis, igual que el resto de la bebida, está todo incluido. Esa no es la cuestión.

Aunque rebajó el tono, su aire de suficiencia me molestó bastante. Justamente me había tropezado con el tipo más insufrible del barco, qué suerte la mía.

—Pues, chico, podías haber aceptado las disculpas y haberte pedido dos cervezas más. Si es que ya son ganas de discutir a lo tonto y montar el numerito.

—No he tenido un buen día. Casi pierdo el barco.

Se me había olvidado la documentación en casa, así que he tenido que volver y he pillado un atasco de la leche.

—Se sacudió la camisa y dio un par de saltitos más, pero intenté no reírme—.

Me ha tocado correr por todo el puerto cargado con la maleta, creía que me quedaba en tierra.

Estoy sudado y cansado —me explicó, y sonó más suave, pero yo ya había activado el modo pelea y era difícil que me apiadase de ese tío prepotente y de sus desgracias.

—Los demás no tenemos la culpa de que tú seas un desastre.

¿No crees? —Me apreté el hombro para que viese que yo me había hecho daño con el choque y en ningún momento me había preguntado si estaba bien.

Yo no es que no hubiese tenido un buen día, es que llevaba unos meses horribles y estaba tratando de animarme, lo último que necesitaba era un tío gruñón echándome la bronca por una chorrada que no había hecho adrede.

No pareció que mi hombro dolorido le importase lo más mínimo, en cambio, mi contestación sí tuvo efecto en él, porque volvió a adquirir el tono soberbio del principio, aunque esta vez sin palabrotas.

—Mira, aún ni he podido ver mi camarote.

Solo quería tomarme una cerveza tranquilo para que el día por fin empezase a mejorar.

No contaba con que una chica que no mira por dónde anda me ducharía en cerveza, así que, si no te importa, me marcho ya a relajarme y a ver si mañana empieza mejor el día, que el de hoy ha sido pésimo.

—Parecía más agobiado que enfadado por el día de mierda que había tenido, pero no pude evitar contestarle:

—Perfecto. Ve a tranquilizarte, que falta te hace.

La sonrisita que acompañó a mi comentario consiguió molestarlo bastante. Cogió su maleta, nervioso. Me pareció que iba a añadir algo, pero se lo pensó mejor y echó a andar.

Yo me quedé observándolo por detrás y pensando que era una pena que ese tío fuese tan odioso, porque tenía un buen culo.

Lo tenía redondito y un poco respingón. Lo tenía mejor que Darío.

Me fijé en su trasero porque me encantaban los traseros.

Vale, eso ha sonado fatal, me refiero a que es difícil encontrar a un tío con uno bonito.

Los culos carpeta son muy habituales, y yo era capaz de apreciar unas buenas posaderas cuando las veía.

Era un superpoder que tenía. Aparté de mi mente esos pensamientos, porque era un tío insufrible.

Aunque su trasero había llamado mi atención, saltaba a la mínima y no tenía autocontrol.

Esperaba tenerlo bien lejos durante todo el viaje. A él y a su culo, por bonito que fuese.