Amor por casualidad (Millonarios y herederas) La operación
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La operación

El sonido de las palas del helicóptero se desvaneció al aterrizar en el helipuerto del Hospital Freeman, al bajar la camilla, el despliegue médico ya estaba listo, Richard y Kim esperaban en la entrada de emergencias con rostros desencajados por la angustia, pero habiendo movilizado ya las órdenes de atención directa de más alto nivel para Erika.

El equipo de traumatología tomó el control y trasladó a Erika a toda prisa por los pasillos, Will caminaba a la par de la camilla, sosteniendo su mano con fuerza, hasta que llegaron a las puertas de doble hoja de la zona de quirófanos.

Un médico de uniforme verde se plantó firmemente frente a él, deteniéndolo con una mano en el pecho.

—Señor, hasta aquí puede llegar, ella entra directamente a cirugía para extraer el proyectil y reparar el daño muscular —le dijo el cirujano con tono firme pero comprensivo—. No puede entrar, lo siento solo déjenos hacer nuestro trabajo.

Dió un paso atrás, con la frustración y la adrenalina tensando cada músculo de su cuerpo, se dio la vuelta y caminó hacia la sala de espera privada donde Richard se acercó de inmediato y se sentó junto a él, poniéndole una mano pesada en el hombro en señal de apoyo silencioso, del otro lado, Marcus y los demás compañeros del comando tomaron asiento, manteniendo una guardia silenciosa, unidos en el mismo respeto por su jefe, que casi perdió su propia vida por proteger a la mujer que amaba.

Kim, que había estado conteniendo las lágrimas, se acercó y se arrodilló frente a él y le tomó las manos con cariño, obligándolo a levantar la mirada.

—Will... mírame —le pidió con la voz entrecortada—.

Quiero darte las gracias, ella nunca había podido confiar en nadie, sufría en silencio lo supe siempre, y ahora que conozco el motivo real de su temor entiendo que necesitaba a alguien como tú a su lado, ella parece ser fuerte pero es frágil por dentro, y estoy segura que te ama, o no hubiera permitido que la protegieras, así que estoy muy feliz, porque nunca hubiera podido elegir un mejor cuñado, quiero que sepas que cualquier cosa que tu necesites cuenta conmigo, porque ahora somos tu familia también, porque tú sabes que Erika es mi hermana, la única familia real que he tenido en mis peores momentos, sé que diste la vida por ella allá afuera, pero te aseguro que todo saldrá bien, anímate por favor, porque Erika es una mujer fuertísima y no querría verte con esa cara de preocupación, todo va a estar bien y te agradezco por traerla de vuelta.

Con un gesto lleno de profunda ternura, Kim se inclinó y le dio un beso cálido en la mejilla a Will.

Desde el sillón de al lado, Richard, que no perdía su esencia ni en los momentos más tensos, entornó los ojos y se cruzó de brazos, fingiendo un ataque de celos.

—Oye, oye, señora Freeman... sigo aquí, por si no te has dado cuenta —reclamó Richard, arqueando una ceja—. Está bien que Will sea el héroe del día y mi mejor amigo, pero ese es mi territorio.

Kim se puso de pie, dándole un leve golpe en el hombro a su esposo mientras sonreía con los ojos todavía llorosos.

—No seas ridículo, Richard, es un beso de agradecimiento familiar —lo regañó con cariño.

Richard soltó un suspiro, miró a Will y terminó por sonreír, aceptándolo con un asentimiento de cabeza, de repente la tensión en la sala disminuyó un poco gracias a ellos, pero la verdadera calma no llegó sino hasta tres horas más tarde.

Las puertas del quirófano se abrieron y el médico principal apareció quitándose el cubrebocas, con un semblante que trajo un alivio inmediato a toda la sala, y él se puso de pie al instante.

—¿Cómo está? —preguntó con la voz ronca.

—La cirugía fue un éxito rotundo —informó el médico, esbozando una ligera sonrisa—.

Logramos extraer la bala limpiamente sin que tocara ninguna arteria principal, debo aclarar que, si hubo algo de daño en el tejido muscular, por lo que probablemente va a necesitar terapia física para recuperar la movilidad completa de la pierna, pero es una mujer sumamente fuerte, sus signos vitales son excelentes, está estable y respondiendo bien, en un par de horas, cuando pase el efecto de la anestesia general, la trasladaremos a una habitación privada para que puedan verla.

Un suspiro colectivo de victoria recorrió el pasillo del Hospital Freeman, Marcus chocó los puños con los demás muchachos del equipo, Richard abrazó a Kim con fuerza y Will, por primera vez en días, cerró los ojos y dejó caer los hombros, sintiendo cómo el peso del mundo se desvanecía, la tormenta en la isla había pasado, el monstruo de Dan ya no existía y Erika estaba a salvo, lista para empezar una nueva vida al lado del hombre que había derretido su hielo por ella.