Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Planes
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El amanecer del día siguiente trajo consigo el golpe que Richard y Marcus habían planeado con precisión quirúrgica, en una operación simultánea y silenciosa, las fuerzas federales arrestaron a los oficiales infiltrados dentro de la Interpol la red de información institucional de Dan en los Estados Unidos fue desmantelada por completo en cuestión de minutos.

A bordo de su avioneta privada, a mitad de camino hacia el norte, Dan recibió la llamada de Juan, el rostro del líder criminal se deformó por la ira al escuchar la noticia.

—¡¿Cómo que los detuvieron a todos?! —rugió Dan, golpeando el mamparo de la cabina—. ¡Nos dejaron ciegos! ¡Ya no tenemos alertas de la policía ni del gobierno!

—Lo sé, patrón, los arrestaron al amanecer —respondió Juan, con la voz temblorosa por el miedo a la reacción de su jefe—.

Alguien con mucho poder político movió los hilos en Washington, pero no todo es mala noticia...

Antes de que tiraran los servidores, logramos concluir el rastreo de la lancha de suministros; ya tengo localizada la isla exacta, Dan el problema es que el acceso es extremadamente difícil, no hay mapas de navegación comercial, la maleza es un muro y dicen que el terreno es intransitable.

Al escuchar eso, la furia de Dan se transformó lentamente en una risa fría, gélida y perturbadora que resonó en el teléfono.

—¿Acceso difícil? ¿Una isla intransitable?

—Dan soltó una carcajada cargada de soberbia—.

Juan, eres un imbécil. No me importa si tenemos que navegar entre tiburones o abrirnos paso a balazos contra la misma selva.

Paga lo que tengas que pagar, consigue las mejores lanchas, armas pesadas, equipo nocturno y a los hombres más sanguinarios que el dinero pueda comprar en el puerto de Seattle.

El capo miró por la ventanilla de la aeronave, viendo cómo las nubes empezaban a espesarse a medida que se acercaban a su destino.

—Hoy mismo aterrizo en esa ciudad —sentenció Dan, con los dientes apretados por la obsesión—.

Y si es posible, mañana mismo desembarcamos en esa isla y vamos por la princesita, quiero ver si el gringo que la esconde es tan valiente cuando tenga mis armas apuntándole a la cabeza.

Juan asintió al otro lado de la línea, colgando para empezar a reclutar la fuerza de asalto.

Mientras tanto, en el corazón de la isla, el radio de la cabaña emitió un pitido mientras Marcus le confirmaba a Will que la Interpol estaba limpia y que Dan se había quedado sin ojos gubernamentales.

Will miró hacia el espeso bosque que rodeaba el refugio y luego a Erika, sabiendo que el enemigo, privado de su tecnología, ahora vendría con toda la fuerza bruta de su desesperación, la cuenta regresiva para el enfrentamiento final había comenzado, pero esa noche podía disfrutar el gozo de sentirla junto a él en aquella cama fría, así que se acurruco a su espalda, y empezó a besarla en la nuca.