Amor por casualidad (Millonarios y herederas) El reclamo
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El reclamo

No habían pasado ni tres horas desde la llamada de Richard cuando el teléfono satelital de Erika comenzó a sonar con una insistencia que solo podía significar una cosa, al ver la pantalla, ella miró a Will con una mezcla de diversión y pánico simulado.

—Tu mejor amigo tiene la boca más grande que el Gran Cañón —dijo ella antes de deslizar el dedo para contestar—. ¿Hola?

—¡Erika Salazar! ¡¿Me puedes explicar qué demonios está pasando?! —el gritó de Kim, su voz casi se escuchó en toda la cabaña, obligando a Erika a apartar el teléfono del oído, Will, que estaba limpiando su arma táctica en la mesa, no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en el rostro.

—Kim, por favor, baja la voz, estoy en medio de...

—¡Nada de bajar la voz! ¡Richard ya me lo contó todo!

—la interrumpió Kim, desbordante de emoción, ignorando por completo que estaba en su propia luna de miel—.

Me contó lo de los tipos en la empresa, lo del escondite militar y, lo más importante...

¡lo que Will le dijo! ¿Es verdad? ¿El "Ice Man" de Seattle confesó que no puede vivir sin ti? ¡Necesito detalles ahora mismo, Erika!

Erika sintió que las mejillas se le encendían, un sonrojo traicionero que intentó ocultar dándole la espalda a Will, aunque sabía que él la estaba observando con esa mirada intensa que la desarmaba.

—Kim, estamos en una situación de alerta roja, hay hombres buscándome por toda la ciudad y...

—A mí no me cambies el tema, "Princesa" —replicó Kim con tono de sargento, pero con una felicidad evidente—.

Ya sé que estás a salvo porque estás con Will, conozco a ese hombre desde hace años y sé que quemaría el mundo antes de dejar que te pase algo, lo que quiero saber es qué sientes tú pasaron la noche juntos en la isla, ¿verdad? ¡Dime que el ramo de novia funcionó!

Erika suspiró, rindiéndose ante la insistencia de su mejor amiga, miró de reojo a Will, quien se había levantado y ahora caminaba hacia ella con pasos silenciosos, colocándose justo a su espalda, envolviéndola con su presencia.

—Sí, Kim... funcionó —susurró Erika, permitiéndose sonreír de verdad por primera vez en el día—. Él está aquí. Está cuidándome y.… creo que tu esposo tiene razón, el hielo se está derritiendo por completo.

—¡Lo sabía! —chilló Kim al otro lado de la línea—. Escúchame bien, amiga: mantente a salvo, hazle caso en lo que te diga de seguridad, pero no le hagas la vida tan fácil. ¡Disfruta el refugio! Richard y yo estamos moviendo cielo y tierra desde aquí para apoyarlos los amo.

Cuando Kim colgó, Erika bajó el teléfono y se quedó inmóvil, Will rodeó su cintura con los brazos desde atrás, apoyando la barbilla en su hombro, emulando la misma cercanía de la noche anterior.

—Así que... ¿el hielo se está derritiendo? —murmuró Will al oído, con esa voz grave que le erizaba la piel.

—Cállate, William —respondió ella, girándose entre sus brazos para colgarse de su cuello, con esa chispa desafiante de vuelta en sus ojos esmeralda—. Kim tiene razón en algo: eres un exagerado con tu seguridad, pero no pienso hacerte las cosas nada fáciles.

En medio de la isla inhóspita y con el peligro acechando en tierra firme, el interrogatorio de Kim solo había servido para confirmar lo inevitable: ya no había vuelta atrás para ninguno de los dos.

Will se acercó a ella y la abrazo, mientras sus labios recorrían la suavidad de su piel, ella sonrió cuando sentía que un torrente de calor la empezaba embargar, pese al peligro que cada vez estaba más cerca, el tener a ese hombre con ella, le daba la paz y seguridad, que tenía años sin sentir, no podía dar crédito al hecho, de que pudiera haberse enamorado en tan poco tiempo, pero era real, por esa nueva ilusión decidió que era el mejor momento para seguir luchando