Lealtad, ante todo
El radio táctico en la cabaña volvió a encenderse con un parpadeo de luces rojas, la voz de Marcus entró de inmediato, rompiendo la tensa calma que se respiraba en el refugio de la isla.
—Will, tenemos actividad en la ciudad. Los hombres de Dan están desesperados y se están moviendo rápido —informó Marcus con tono de urgencia—. Fueron directo a las oficinas de la empresa de Richard a hacer preguntas sobre ti y sobre Erika.
Will apretó el micrófono, con la mandíbula tensa.
—¿Qué hizo Richard? —preguntó.
—Fiel a su estilo, los mandó a volar. Les dijo en la cara que no sabía nada y que no volvieran a pisar su propiedad. Pero la presión está subiendo, jefe.
Apenas Marcus terminó de hablar en la frecuencia encriptada, el teléfono satelital privado de Will comenzó a sonar era una llamada directa de Richard, al contestar, la voz de su mejor amigo se escuchaba agitada, mezclando la confusión de su luna de miel con la adrenalina del momento.
—¡Will! ¿Qué demonios está pasando? —preguntó Richard sin preámbulos—. Unos tipos con acento marcado y aspecto nada amigable acaban de aparecer en la empresa, preguntando por Erika y por ti. ¿Quiénes son esos tipos?
Will suspiró, mirando a Erika, quien se mantenía a la expectativa a unos metros de él en la cabaña.
—Es el pasado de Erika. Te contaré más detalles para que me entiendas, Rich, el nuevo líder del grupo de su padre, la está cazando y ya está aquí en Seattle, metido en un negocio de drogas.
Tuvimos que evacuarla de emergencia y la tengo resguardada. Al otro lado de la línea, Richard guardó silencio un segundo ante de responder con total firmeza.
—Tienes todo mi apoyo, hermano, sino fuera por ti no tendría a Kim conmigo ahora así que tienes a tu disposición todo el dinero y recursos, que necesites de la compañía para resolver la situación, pero prométeme que la vas a ayudar, protégela por favor hazlo por Kim, tú sabes lo mucho que ella quiere a Erika y lo que significa para nuestra familia.
Will guardó silencio, mirando los ojos color esmeralda de Erika bajo la tenue luz del refugio, respiró hondo y, por primera vez, dejó salir lo que realmente llevaba en el corazón.
—No lo voy a hacer por Kim, Richard —confesó Will con voz grave y decidida—. Lo voy a hacer por mí porque ya no puedo vivir sin ella.
La línea se quedó completamente muda, Richard se quedó callado durante unos segundos, procesando la confesión del hombre que siempre había sido una máquina fría y calculadora. De repente, una carcajada franca y divertida resonó desde el teléfono.
—Vaya... así que es verdad —dijo Richard entre risas—. Entiendo perfectamente es exactamente lo que me dijo Marcus hace rato: "la sangre caliente termina por derretir el hielo". Quién lo diría, el gran Ice Man de Seattle finalmente cayó.
Richard recuperó el tono serio, pero con un matiz de profunda calidez y complicidad.
—Mucha suerte con ella, Will. Definitivamente no es dulce y calmada como Kim, tiene un carácter del demonio, pero creo que una mujer fuerte y con ese fuego es exactamente lo que tú necesitas para despertar, cuenta conmigo y con Kim para lo que sea mantén la isla segura.
—Gracias, hermano. Disfruta tu luna de miel, yo me encargo del resto —respondió Will antes de colgar.
Erika lo miraba desde el rincón de la cabaña, habiendo escuchado parte de la conversación, en medio de la inhóspita isla y con el ejército de Dan peinando las calles de Seattle, el invierno había terminado oficialmente, y la verdadera batalla por proteger a la Princesa Salazar apenas estaba comenzando.