Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Encontramos a Kim
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Encontramos a Kim

Horas después había una pista del paradero de Kim, en una bodega de la familia Mercer, mis hombres entraron, el secuestrador se escapó, pero la encontraron con una herida en la cabeza y algo desorientada, Richard la llevó en la ambulancia al hospital de la familia Freeman y yo estuve con él en la sala de espera, junto con su padre Michael Freeman en lo que sabíamos alguna información del médico

La tensión en la sala de espera del Hospital Freeman era asfixiante, un contraste absoluto con el caos de hace unas horas, el operativo en la bodega de los Mercer había sido rápido, pero no lo suficiente para atrapar al imbécil que se nos escapó por los muelles, sin embargo, lo único que importaba era que Kim estaba viva, aunque verla con esa herida en la cabeza nos había dejado a todos con el alma en un hilo.

Richard estaba sentado frente a mí, con la mirada perdida en el suelo de mármol, sus manos todavía manchadas con un poco de la sangre de Kim, a su lado, Michael Freeman, su padre, mantenía esa postura imperturbable de patriarca, aunque el brillo de preocupación en sus ojos delataba que la situación superaba cualquier protocolo de negocios a los que estaba acostumbrado

—Va a estar bien, Richard —dijo Michael con voz grave—. Está en las mejores manos, los doctores de aquí harán todo lo que esté a su alcance para que ella este bien te lo prometo.

Yo no decía nada solo estaba de pie, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados mi mente era un campo de batalla, por un lado, estaba trazando el plan para cazar al secuestrador que se nos fue; por otro, el silencio de Erika me estaba matando sabía que ella debería estar aquí, que este era el momento en que más necesitaba estar cerca de su mejor amiga, y yo era el único culpable de que no estuviera a mi lado compartiendo la guardia.

—Will —me llamó Richard, sacándome de mis pensamientos—, gracias, si tus hombres no hubieran rastreado esa bodega... no quiero ni pensarlo.

—Es mi trabajo, Rich —respondí, aunque sentía un sabor amargo—. Pero la que mantuvo la cabeza fría y nos alimentó a todos cuando estábamos por colapsar fue Erika.

Michael Freeman levantó una ceja al escuchar el nombre, pero no hizo preguntas en ese momento, las puertas de la unidad de cuidados se abrieron y el médico de la familia apareció con una carpeta en la mano, rápidamente Richard se puso de pie de un salto, y yo me acerqué, sintiendo que el aire regresaba a mis pulmones estábamos a punto de saber si la pesadilla del "secuestro” por fin terminaba, o si esto era solo el principio de una guerra mayor contra los Mercer.

El silencio del hospital se me hacía eterno, pero el silencio al otro lado del teléfono era mucho peor, saqué el celular con las manos todavía tensas.

Marqué su número, y nada…. Sonó hasta que la grabadora me mandó al buzón, lo intenté una segunda vez, sintiendo cómo el orgullo se me iba desmoronando con cada tono, al tercer intento, justo cuando pensaba que me había bloqueado de su vida, se escuchó un clic.

—Hola —su voz sonó seca, filosa como un cristal roto.

—Erika... —solté un suspiro de alivio que no pude ocultar—.

Encontramos a Kim está en el hospital de la familia Freeman se encuentra bien, pero tiene una herida en la cabeza, está consciente, seguramente va a querer verte por favor, ven.

Hubo un silencio denso. podía imaginarla al otro lado, apretando el teléfono con rabia.

—¿Ah, ¿sí? —soltó con un sarcasmo que me caló hasta los huesos—. ¿Y porque no me llama Richard, porque tú, Will? ¿Ya no estás "muy ocupado"? ¿Ya no estorbo en tu centro de operaciones? Cerré los ojos, sintiendo el peso de mi estupidez.

—Erika, de verdad lo siento, me comporté como un idiota, estaba bajo mucha presión y...

—Ahórrate las justificaciones, William —me interrumpió tajante, sin dejarme terminar—. Voy para allá de inmediato, pero que te quede muy claro: voy por Kim, no por ti, así que no te confundas.

Y antes de que pudiera decir una sola palabra más, colgó el sonido del tono de ocupado me dejó frío, miré la pantalla del celular y luego a Richard, que seguía esperando noticias del médico.

Había recuperado a Kim, el operativo había sido un éxito y la seguridad de la familia estaba garantizada, pero mientras esperaba a que Erika cruzara esas puertas del hospital, me di cuenta de que mi propia seguridad emocional estaba en código rojo, había ganado una batalla, pero estaba a punto de perder a la única mujer que me había hecho sentir algo más que el frío metal de un arma en años.

Ella venía por Kim, pero yo iba a tener que hacer mucho más que "no estar ocupado" para que volviera a mirarme como lo hizo la noche de las quesadillas.

Erika entró en la sala de espera como una ráfaga de viento helado en pleno desierto, venía flanqueada por Liz y Jess, quienes nos saludaron con una sonrisa de alivio, pero Erika...

ella simplemente me borró del mapa, pasó por mi lado como si yo fuera una columna más del hospital, sin siquiera dedicarme un milímetro de su mirada.

Se sentó en una de las sillas de cuero, con esa elegancia natural que ni el enojo podía quitarle fue entonces cuando Michael Freeman, el padre de Richard, fijó su atención en ella, ese hombre no llegó a donde está por ser lento; tiene un sexto sentido para detectar la tensión y, sobre todo, para reconocer a alguien con carácter.

Vi cómo Michael se acercaba a ella con esa parsimonia de los hombres poderosos, empezaron a hablar y Erika, a diferencia de la frialdad que me dedicó a mí, le respondió con una sonrisa cortés y brillante, Michael parecía encantado; era obvio que estaba analizando a la mujer que había mantenido el fuerte mientras su hijo se desmoronaba.

Entonces, el viejo Freeman lanzó su jugada.

—Erika, querida —dijo Michael en un tono que no admitía réplicas—, mi hijo y Kimberly necesitan descansar y estar solos ahora que el médico les ha dado el visto bueno, pero necesito que alguien de absoluta confianza se encargue de coordinar el traslado de unas pertenencias personales de Kim, y unos documentos de seguridad del hospital para que no se filtre información a la prensa, Will conoce el protocolo, pero necesita a alguien con buen juicio para supervisarlo.

¿Me harías el favor de acompañarlo y asegurarte de que todo se haga con la discreción que Kim merece?

Erika se quedó congelada por un segundo vi cómo apretaba la mandíbula, atrapada entre sus ganas de mandarme "a ver llover" y su lealtad hacia Kim. Michael la miraba con una amabilidad que era, en realidad, una trampa de seda.

—Por supuesto, señor Freeman —respondió ella entre dientes, dedicándome una mirada fugaz que prometía tortura—. Si es por Kim, lo haré.

Michael se giró hacia mí con esa mirada de acero que usa en las juntas de accionistas.

—Will, llévatela, ella te va a acompañar, no quiero errores, y esto es una orden directa, considera esto parte vital del servicio de seguridad de esta noche, así que no tuve opción, Michael Freeman no solo es el padre de mi mejor amigo, es mi cliente más importante y el hombre que creyó en mi antes que mi propio padre, ademas mueve los hilos en esta ciudad así que asentí, sintiendo el peso de la situación.

—Entendido, señor —dije, tratando de mantener la voz profesional.

Caminamos hacia la salida en un silencio sepulcral podía sentir la furia de Erika vibrando a mi lado, estábamos obligados a estar juntos en un coche, cumpliendo una misión para el patriarca Freeman, y yo sabía que Michael lo había hecho a propósito, el viejo era un genio o un sádico, porque me acababa de encerrar en una camioneta con una mujer que quería matarme, y esta vez no tenía una botella de tequila para suavizar el golpe.