Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Mensaje de Will #3
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Mensaje de Will #3

—Gracias, preciosa, de verdad me muero de hambre, eres un ángel —soltó Marcus sin pensar, estirando la mano para tomar un envase.

Ese "preciosa" me golpeó como un rayo, sentí un calor súbito subiendo por mi cuello y la mandíbula se me tensó tanto que me dolió, sabía que Marcus no lo decía con mala intención, pero después de la noche que Erika y yo habíamos pasado, escuchar a otro hombre llamarla así hizo que mi instinto territorial se disparara al 200%.

Me levanté de golpe de mi silla, haciendo un ruido seco, y le lancé a Marcus una mirada que podría haberlo dejado sin empleo en ese mismo instante.

Erika lo notó de inmediato, no me quitó la vista de encima mientras repartía los cubiertos, y cuando Marcus se alejó con su comida, ella se plantó frente a mí, cruzándose de brazos.

—¿Se puede saber qué te pasa, William? —me soltó en voz baja, pero con ese tono de acero que me obligó a prestar atención.

—Nada —respondí entre dientes, intentando volver a mi pantalla.

—Nada, mis espárragos —me interrumpió, dándome un toquecito en el pecho con el dedo índice—.

Te pusiste como un perro guardián porque Marcus fue amable, escúchame bien: estamos buscando a mi mejor amiga, Richard está perdiendo la cabeza y tú estás aquí haciendo berrinches por un cumplido de un amigo que lleva 15 horas trabajando para ti.

—No es un berrinche, es que... —quise defenderme, pero ella no me dejó.

—Es que nada pon los pies en la tierra, porque yo no soy propiedad de nadie, y mucho menos voy a aguantar que te pongas en plan "macho alfa" cuando hay cosas más importantes que resolver o te sientas y comes, o te sales a que el aire frío de Seattle te acomode las ideas, pero no me vuelvas a mirar así a la gente que está ayudando. ¿Entendido?

Me quedé mudo la fuerza de su carácter me dejó desarmado frente a todo mi equipo, Ben y Marcus bajaron la cabeza, fingiendo estar muy interesados en sus sándwiches para no reírse, Ella tenía razón, y lo peor es que su autoridad me resultó increíblemente atractiva.

—Entendido —murmuré, tomando un plato—. Gracias por la comida, Erika.

—De nada, "guapo" —dijo ella, suavizando la mirada solo un milímetro antes de girarse para ir con Richard—.

Ahora, vuelvan al trabajo, mi amiga sigue allá afuera.

Me senté de nuevo, sintiéndome como un tonto, pero extrañamente centrado, Erika no solo traía comida; traía el orden que nos hacía falta para no perder la cordura en medio del caos.

Me desplomé en mi silla, con el orgullo herido y la mandíbula todavía apretada, cuando Erika intentó acercarse para suavizar las cosas después de haberme puesto en mi lugar frente a todos, mi mecanismo de defensa se activó de la peor manera, me sentía expuesto, y en mi mundo, la exposición es una debilidad.

—Estoy muy ocupado ahora, Erika —le solté sin mirarla, manteniendo los ojos fijos en una pantalla que ni siquiera estaba procesando—.

Lo mejor es que vuelvas a tu hotel, así que, porque mejor no te vas, aquí solo estorbas sobre todo si vas a estar pendiente de mis reacciones, además te recuerdo que el jefe de esta unidad soy yo.

Vi de reojo cómo su rostro pasaba del asombro a una frialdad absoluta, no hubo gritos, ni insultos pintorescos esta vez ella simplemente se dio media vuelta, tomó su bolso y salió del pent-house poco después, el reporte de seguridad me confirmó que un Uber había pasado por ella.

El silencio que quedó en la sala era denso, de esos que te hacen pitar los oídos, Marcus, que normalmente es el más cauteloso del equipo, dejó de teclear y giró su silla hacia mí, se tomó un momento, suspiró y se acercó.

—Will, la regaste —me dijo con una franqueza que casi me hace saltar de nuevo.

—No empieces, Marcus, tengo mucho trabajo —le corté.

—No, escúchame, no debiste tratarla así, todo el maldito edificio se dio cuenta de que te pusiste territorial por lo que yo dije, y te juro por mi vida que no hubo mala intención, fue el hambre y el cansancio hablando, me quedé callado, mirando un punto fijo en la pared.

—Mira, yo no conozco mucho a Erika —continuó Marcus, bajando la voz—, pero no hace falta ser un genio de la informática para ver que ella no es del tipo de mujer "obediente" que se queda callada, no es de las que bajan la cabeza y si realmente te interesa estar con ella, más te vale que cuides cómo la tratas porque una mujer así no te va a aguantar dos desplantes más...

te va a mandar a la goma antes de que te des cuenta de lo que perdiste.

Sus palabras se quedaron flotando en el aire del pent-house, pesando más que los 5 millones de la recompensa miré la silla vacía donde hace un momento ella estaba sentada intentando cuidarnos.

Marcus tenía razón en mi afán por marcar territorio, lo único que había logrado era levantar un muro entre nosotros en el peor momento posible.

Erika Salazar no era una de mis agentes a las que podía dar órdenes, y si seguía tratándola como si lo fuera, el "Ice Man" se iba a quedar solo en su castillo de cristal antes de que terminara la semana.