Amor por casualidad (Millonarios y herederas) La cruda realidad
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La cruda realidad

Apenas eran las diez de la mañana del domingo y yo sentía que mi cabeza todavía estaba en Jalisco, pero el hambre de mis amigas no perdonaba, estábamos en el buffet del hotel, rodeadas del aroma a café y tocino, yo estaba concentrada en servirme un plato generoso de sandía con yogurt —necesitaba algo fresco para apagar el residuo del tequila— cuando mi teléfono empezó a vibrar sobre la mesa, era Kim.

En cuanto contesté, el tono de su voz me puso en alerta máxima porque ya no era la Kim divertida que bailaba en el pent-house; era una mujer a punto de romperse.

—Erika, no puedo más... Estefany me mandó un video —sollozó a través de la línea.

Sentí que la sandía se me atoraba en la garganta, escuché cómo me describía el video: ella aparecía desnuda y Richard...

Richard parecía estar tratando de sacarla de la oficina, pero el ángulo era lo suficientemente sucio como para sembrar la duda, Kim estaba furiosa, herida, decía que quería mandar todo al diablo y cancelar la boda ahí mismo.

—¡A ver, Kim, respira! —le dije, bajando la voz para que Jess y Liz no entraran en pánico todavía—. Escúchame bien esa víbora de Estefany lo que quiere es exactamente esto: que explotes y le dejes el camino libre.

—¡Es que no sé si confiar en él, Erika! Lo que vi en ese video...

—Kimmy, mírame... bueno, escúchame —la interrumpí con firmeza—. No tomes una decisión con la sangre hirviendo deja que Richard hable primero.

Que te dé una explicación cara a cara, si el tipo es un idiota, yo misma lo ayudo a saltar por el ventanal de su departamento, pero primero dale la oportunidad de defenderse, solo te digo esto, porque ese video viene de la enemiga, recuérdalo.

Kim guardó silencio un segundo, tratando de controlar el llanto.

—Está bien... lo dejaré hablar. Pero te juro que, si me mintió, esto se acaba hoy —respondió antes de colgar.

Me quedé mirando el teléfono con la pantalla ya en negro, Jess y Liz me miraban con los ojos como platos, esperando el chisme, pero yo solo podía pensar en una cosa, si Richard Freeman había metido la pata de esa manera, no solo se iba a quedar sin esposa, sino que yo le iba a declarar la guerra.

Y lo peor de todo... si Richard caía, me preguntaba de qué lado de la trinchera se iba a quedar Will, porque si él sabía algo de esto y no me lo dijo, el beso de la noche anterior iba a ser lo último que recordaría de mí antes de que yo le borrara la sonrisa de un golpe, mi lealtad siempre sería para Kim, y si esta era una emboscada de los "Calavera", se habían metido con la morena equivocada.