Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Erika
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Erika

¡A los tubos, chicas! —grité, impulsada por el alcohol y la pura adrenalina del momento.

Si Richard quería espectáculo, le daríamos un festival, insté a Jess y a Liz a subir al escenario, y para mi absoluta sorpresa, Kim no se quedó atrás, mi amiga, la chica que en el internado se escondía detrás de sus libros de romance, tomó la batuta, y se convirtió en una criatura de fuego, empezó a bailarle a Richard, un baile privado frente a todo el mundo, moviéndose con una sensualidad que ni yo sabía que tenía guardada, le sostenía la mirada, desafiándolo, devorándolo mientras él se quedaba de piedra.

—¡Eso, Kimmy! ¡Enséñale quién manda! —gritaba yo a pleno pulmón, silbando y aplaudiendo para animar al resto.

El ambiente estaba eléctrico la tensión entre ellos era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo, hasta que Richard no aguantó más, y con un movimiento posesivo y decidido, la cargó en vilo y salió del club directo a su camioneta, dejándonos a todos con la boca abierta y un silencio repentino que solo duró un segundo.

Me quedé mirando hacia la puerta, con una sonrisa de satisfacción dibujada en la cara. "Misión cumplida, Salazar", pensé, había logrado que Kim se soltara el pelo y que el perfecto Richard Freeman perdiera la compostura.

—Parece que tu amiga acaba de ganar la apuesta... y él acaba de perder los estribos —dijo una voz varonil justo a mi espalda.

Me giré lentamente, era él, el rubio espectacular que me había dejado sin aliento minutos antes, al observarlo de cerca era todavía más imponente; tenía una chispa de picardía en los ojos que me resultaba peligrosamente familiar.

—Soy Will —dijo, extendiendo una mano con una sonrisa simpática que le iluminaba todo el rostro—. Y asumo que tú eres la mente maestra detrás de este incendio le sostuve la mirada, sintiendo una corriente eléctrica que nada tenía que ver con las copas de champaña.

—Erika —respondí, estrechando su mano con firmeza—. Y no fue un incendio, Will fue solo un pequeño recordatorio de que en Georgia no nos andamos con juegos, él soltó una risa ligera y me señaló la mesa donde Marcus y Ben ya se estaban acomodando con el resto de las chicas.

—Bueno, Erika de Georgia... ya que nos quedamos sin espectáculo principal, ¿qué te parece si seguimos la fiesta? —me invitó, caballeroso, pero con ese tono de quien sabe que la noche apenas comienza.

Nos sentamos juntos, y mientras los "Calavera" se mezclaban con nosotras, me di cuenta de que Richard no era el único que iba a tener una noche difícil de olvidar, Will tenía ese aire de quien sabe manejar el caos, y yo...

bueno, yo siempre he sido el caos mismo, aquella mesa en Seattle se sentía, por primera vez, como el lugar exacto donde debía estar.