El Incendio en la Red
Erika
El Velvet Touch era un caos de luces de neón, música que te golpeaba el pecho y cuerpos en movimiento, y Kim estaba radiante; la champaña y la libertad le habían devuelto ese brillo que el internado y su madrastra le habían robado, por primera vez en mucho tiempo la vi reír mientras un bailarín con músculos de acero se acercaba a nuestra mesa, y en ese momento, la malicia de México se encendió en mi sangre.
Solo saqué mi teléfono, busqué el ángulo que desde donde me encontraba era perfecto, ahí estaba Kim, hermosa y despreocupada, con el caos de la despedida de soltera de fondo, sonriendo embobada cuando le bailaba un stripper, así que decidí hacer Clic
—¿Qué haces, Erika? —preguntó Jess, gritando sobre la música.
—Le estoy enviando un recordatorio al futuro esposo, de lo bella que es Kim —respondí con una sonrisa felina.
Entré a Instagram, sabía que Richard Freeman era el tipo de hombre que revisaba todo, que necesitaba el control, pues bien, yo iba a darle algo que no podría controlar.
, etiqueté su cuenta oficial y la personal quería que el teléfono le vibrara en el bolsillo en medio de su reunión de "machos alfa".
"Lo siento, Freeman... lo que se descuida, se disfruta en otra parte. #DespedidaMercer #TeamKim"
Le di a "Publicar" con una satisfacción casi eléctrica no era solo por diversión; era una táctica porque quería ver cuánto tardaba el gran Richard en perder la compostura además quería que supiera que Kim no era una transacción que se queda guardada en una caja fuerte mientras él sale a beber con su "Pandilla Calavera" guardé el teléfono en mi bolso y alcé mi copa hacia Kim.
—¡Por la libertad, amiga! —le grité.
Mientras ella bailaba, impulsivamente con el bailarín, yo no podía dejar de pensar en los amigos que estaban con Richard, según Kim, ese tal Will era el que siempre terminaba cuidándola en nombre de Richard por lo que suponía que si él, era la mano derecha del prometido, seguramente ya estaría viendo la notificación, sonreí con malicia, que se preparen, porque si ellos son calaveras, yo soy el fuego que las va a calcinar, la guerra por Seattle acababa de empezar, y yo acababa de lanzar la primera granada.
La granada que lancé en Instagram explotó más rápido de lo que esperaba, porque apenas habíamos terminado de reírnos de la cara del bailarín cuando la puerta del club se abrió de par en par, no entró gente; entró una fuerza de choque donde un grupo de hombres sumamente atractivos se abalanzaron hasta nuestra mesa, obviamente Richard venía a la cabeza, con una furia gélida que congeló hasta el humo de neón, lo vi apartar a la seguridad y reclamar a Kim como si fuera una propiedad privada en disputa ante un simple bailarín de stripper.
—¡Duelo de machos! —grité junto a Jess, alzando mi copa de champaña mientras me moría de risa por la escena, Kim estaba demasiado ebria para notar el peligro, pero yo estaba disfrutando el espectáculo... hasta que mis ojos se desviaron hacia el grupo que venía detrás de Richard.
Y ahí lo vi.
Sentí un impacto físico, como si el aire me faltara de golpe, era él un hombre rubio, que no era el típico niño rico de Seattle con cara de porcelana, era fornido, con unos hombros que gritaban fuerza y un rostro que parecía esculpido por alguien que sabía exactamente qué hacía, tenía una mirada que no pedía permiso, una mezcla de picardía y mando que me dejó descolocada.
"Maldita sea, Erika, contrólate", me dije, pero mis pies ya se movían solos, mi desinhibición de Georgia tomó el control porque en lugar de retroceder ante su presencia imponente, me acerqué bailando, dejando que mis curvas hicieran el trabajo sucio, quería ver si ese rubio de infarto era capaz de sostenerle el ritmo a una morena que no creía en las jerarquías.