Amor por casualidad (Millonarios y herederas) El Depredador en la Sombra
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El Depredador en la Sombra

Will

El aire en The Vault era perfecto: denso, con ese aroma a roble y tabaco que solo el dinero viejo puede comprar, estábamos en la mesa del fondo, la que tiene la iluminación justa para que nadie vea qué cartas estás jugando, pero todos sepan que eres el dueño de la baraja.

Marcus y Ben ya estaban castigando una botella de whisky que valía más que un coche de gama media, pero yo, en cambio, observaba la entrada mientras hacía girar el hielo en mi vaso.

—Ahí viene el condenado a cadena perpétua —dije, viendo a Richard cruzar el club con esa seguridad de quien acaba de firmar el contrato de su vida... o su sentencia de muerte matrimonial.

—La Pandilla Calavera está completa de nuevo—rugió Marcus, levantando su vaso—.

Richard, pensé que tu prometida te tendría encadenado a la cama del departamento, obligándote a elegir el menú de la boda, Richard se sentó con nosotros, aflojándose la corbata con una sonrisa de victoria que no le había visto en años, pero había algo en su mirada, una chispa de distracción que me hizo arquear una ceja.

—Dice que su "escuadrón de refuerzos" llegó —comentó Richard, aceptando el trago que le serví—.

Vinieron unas chicas del internado en Suiza, y se la llevaron, todas parecen tranquilas, pero una de ellas...

una tal Erika, me sostuvo la mirada como si fuera a quemar el edificio, sentí algo de nervios, porque Kim es muy tranquila, pero se me hace que esa chica no lo es, y eso me dejó preocupado, me acaba de dar seguir en Instagram, así que yo también la voy a seguir para ver que publica esta noche.

Ese nombre, Erika, se quedó flotando en mi mente, yo siempre he sido el estratega del grupo, el que ve los movimientos antes de que ocurran, por algo tuve entrenamiento militar, pero por primera vez en mucho tiempo, sentí una curiosidad genuina que no tenía nada que ver con negocios o con el "hígado de repuesto" que Richard nos pidió traer.

—¿Una chica que no te tiene miedo, Richard? —me burlé, sintiendo un extraño presentimiento en el pecho—. Eso suena a que la noche se va a poner mucho más interesante de lo que planeamos.

Bebí de un trago mi whisky porque algo me decía que, mientras nosotros dominábamos este club, afuera había una mujer dispuesta a romper todas las reglas, de mi amigo y eso era muy divertido, no podía esperar a encontrarla.