Amor por casualidad (Millonarios y herederas) El Fuego antes de la Tormenta
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El Fuego antes de la Tormenta

El departamento de Richard era demasiado silencioso para mi gusto, así que me encargué de romper esa paz con el estruendo de los corchos de champaña saltando, mientras obligaba a Kim a sentarse con nosotras.

—¡Deja de pensar en tu prometido, Kim! —exclamó Liz, sirviendo una copa que burbujeaba casi tanto como nuestra adrenalina—. Esta noche es para recordar por qué nos expulsaron casi tres veces del internado, así que ¡A divertirse!

Miré a Kim ella reía, pero sus ojos seguían fijos en la puerta por la que Richard acababa de salir, entonces me acerqué a ella y le puse una mano en el hombro, en Georgia aprendí que los hombres como Richard Freeman son como los tornados: hermosos de lejos, pero devastadores si te quedas en su camino.

—Kimmy, mírame —le dije, obligándola a conectar con el presente—. Él está allá afuera con sus amigos, probablemente planeando cómo conquistar el mundo antes del amanecer, tú necesitas recordar quién eres tú sin ese anillo.

Mientras Jess revisaba la ruta de clubes, yo sentí un escalofrío extraño, no era miedo, era esa intuición que me decía que esta noche Seattle no solo nos vería pasar, sino que nos iba a marcar.

No sabía quiénes eran esos tales Marcus, Ben o Will, pero si eran amigos de Richard, eran problemas y a mí los problemas siempre me han gustado demasiado, así que busqué a Richard en Instagram, le di seguir, inmediatamente una respuesta de siguiéndote de él apareció en mi pantalla del celular.

—¡Vámonos! —grité, alzando mi copa—. ¡Que Seattle se prepare, porque las chicas del internado y compañía no aceptan prisioneros!