Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Suiza
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Suiza

Donde el oro no brilla para todos

Solo tenía quince años, cuando Erika cambió el sol de Georgia por el cielo gris de Ginebra, pero en el internado de élite, su piel morena era una afrenta para las "hijas de la aristocracia" que no podían soportar, sin embargo ella era resistente, ninguna persona de su raza se dejaba pisotear fácilmente cuando la humillaban, pero en ese momento, lo que ocurría a su alrededor no era contra ella, quien normalmente se defendía sin problemas contra las abusadoras del internado, observó con cautela desde lejos como varias chicas se arremolinaban contra una chica blanca, de pelo rizado, quien en ese momento se encogía en posición fetal ante los golpes que le propinaban.

—"¿Vas a llorar Kim?”, y ¿A quién crees que le va a importar? recuerda que tu padre tiene otra nueva esposa y te mando aquí precisamente para deshacerte de ti —se burló una chica rubia, empujando a la joven en un rincón del pasillo.

Erika se detuvo, porque la chica en el suelo era Kim una chica agradable, tímida, retraída, pero la heredera de una fortuna en Seattle que no sabía cómo defenderse, Erika vio en Kim su propio reflejo de vulnerabilidad, pero también vio la oportunidad de dejar de ser la víctima, y tratar de ayudar a alguien más.

—"Déjala en paz" le van a hacer daño—dijo Erika, su voz era puro fuego mexicano envuelto en hielo suizo.

—"¿O qué, muertita de hambre?" dijo Jazmín una chica alta y corpulente que adoraba ser tratada como la dueña del Internado, aunque no lo fuera en realidad

Erika dio un paso al frente, ya no estaba en Georgia, pero la fuerza de su familia corría por sus venas, y los mexicanos nunca se rinden y si hay que pelear se pele hasta ganar

—"O te enseñaré cómo nos defendemos en mi tierra. Y créeme, no querrás saberlo". Dijo alzando la voz, para su sorpresa, Jazmin se retiró después de la amenaza, entonces corrió a la esquina y ayudo a Kim a levantarse

—“Gracias” dijo Kim con voz quebrada por el dolor.

—"Hola, soy Erika Salazar” esa tarde, entre los muros de una institución que intentaba romperla, nació algo más fuerte que el odio: una alianza entre dos personas solitarias, ella no solo acababa de ganar una amiga fiel, sin saberlo acababa de abrir la puerta hacia el destino que años después la llevaría a la ciudad de Seattle, y hacia el hombre que después, le recordaría que su pasado no era una condena, sino su mayor poder.