Amor por casualidad (Millonarios y herederas)
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Prólogo
De la Sangre al Hielo
"Limpia el baño, Salazar. Para eso cruzaron tus padres la frontera, ¿no?"
El eco de las risas refinadas rebotaba en las paredes de piedra del internado en los Alpes suizos, y Erika apretó los puños no era el frío de la nieve lo que le calaba los huesos, era el desprecio, de una persona que creía que una raza con color de piel distinta a la suya era de menor categoría, pero lo que no sabían era que ella no era una extraña en los juzgados, para ella esto...
esto era una cárcel de cristal, para ricos, comparada con los lugares que ella había conocido de pequeña.
Originaria de Geogia, pero descendiente directa de una familia inmigrante mexicana vió como su paraíso personal se hizo cenizas de un día para otro.
Apenas unos meses antes, su vida olía a leña y asado de domingo, su vida era un caos familiar constante con sus dos hermanos, jugando y corriendo por todo el lugar y la música a todo volumen, recordó con nostalgia el abrazo de su madre, Lucía antes de partir a Suiza, y después de los problemas familiares que ella no busco, pero que la perseguían por el puro hecho de pertenecer a su entorno: "Los Salazar no se rinden", decía siempre su padre, Vicente pero las palabras de su padre tenían un doble filo, porque el apellido Salazar ya estaba marcado, primero fue el rechazo de California, luego el escape a Georgia cuando el nombre de Vicente Salazar apareció en un expediente que nadie quería mencionar: narcotráfico.
—"¡Se lo llevaron, mamá! ¡Se llevaron a mi hermano!
" —el grito de Erika aún resonaba en su cabeza, su hermano pequeño Santi no había tenido tanta suerte como ella, siempre había alguien interesado en que su familia desapareciera por completo, el mismo estigma, la misma historia, y si a eso le agregaba el encarcelamiento de su hermano mayor que fue la gota que derramó el vaso, mientras su madre, con el rostro endurecido por el miedo, y el dolor de perder a un hijo más, tomó la decisión más radical de su vida: "Te vas, Erika te quiero lejos de este apellido, lejos de esta sangre, tú vas a ser una dama, aunque me cueste el alma".