Amor no incluido Capítulo 29
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Capítulo 29

Poppy

Iba en el avión de regreso a Hollywood con el corazón hecho pedazos.

Tuve mucha suerte de que dejaran a Magnolia —así decidí llamar a la perrita en honor al lugar donde más feliz había sido— volar junto a mí, porque por poco, no llegaba al peso límite que la hubiera hecho volar en la bodega.

Estaba dormida hecha un ovillo dentro de su transportín.

Ojalá yo pudiera hacer lo mismo.

Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

Me había pasado las últimas horas dándole vueltas a lo sucedido y la única conclusión que saqué es que Jordan había aprovechado mi visita al inodoro a vomitar, para publicar él mismo el video.

Sabía todas mis contraseñas y quiso darme el golpe de gracia.

Cuando le dije que había grabado vídeos que jamás subiría a redes, decidió buscarlos, publicarlos, escribir un texto emotivo y ponerme el móvil en modo avión —que fue como lo encontré tras la acusación de Tucker— para asegurarse de que no me daba cuenta de manera inmediata de su venganza por prescindir de sus servicios.

Intenté llamarlo o ponerme en contacto con él de algún modo para ponerle los puntos sobre las íes, sin embargo, me había bloqueado en todos lados.

¡El muy hijo de puta!

Y, aun así, lo peor no fue esa traición. Lo peor había sido que Tucker no quis o hacerme caso .

Llamé a la puerta de su cuarto para hablar con él, pero se encerró y no volvió a salir. Se negó en redondo a escucharme . Inc luso llamó a su abuelo para que me ayudara con las maletas o lo que necesitara.

Pensé en desoír sus palabras y quedarme en su casa para obligarle a mantener una conversación conmigo, sin embargo, sabía el mal momento que atravesaba y no quería incrementar su ansiedad.

Me había expulsado de su vida y no iba a dar un paso atrás.

En cierto modo, lo entendía, quizá grabar aquel vídeo no fue lo más acertado.

Era un momento muy íntimo y yo no tenía derecho a mancillarlo, aunque fuera sin mala intención, pero me hubiera gustado que confiara en mí cuando le dije que yo no lo subí a mis redes.

Así que me fui de su casa, dejando mi corazón atrás y sintiéndome muy decepcionada.

Miré por la ventanilla del avión. Las nubes pasaban lentas, indiferentes a la tormenta que había desatada dentro de mí.

Maggie —ese era el diminutivo por el que la llamaba— se movió un poco dentro del traspontín.

Metí los dedos entre las rendijas de la portezuela y la acaricié como pude.

—Tranquila, Maggie —susurré para calmarla—. Pronto llegaremos a casa.

A casa.

Sentí mis tripas encogerse.

Ya no sentía mi piso en Hollywood como mi hogar. Había dejado aquella sensación de pertenencia en Magnolia Creek, e intuía que no iba a ser algo pasajero.

De todos modos, saldría adelante. Me sentía más sola que nunca, con el corazón roto y una cachorrita a la que cuidar, pero con la certeza de que era lo bastante fuerte como para recomponerme.

***

Cuando llegamos a casa, Maggie lo olisqueó todo mientras yo acomodaba las cosas que le compré aquella fatídica mañana que mi relación con Tucker saltó por los aires.

En cuanto reconoció el piso como su nuevo hogar, marcajes con pipís incluidos, se acomodó en su camita nueva y se quedó profundamente dormida.

Yo estaba muy intranquila y necesitaba hablar con April. Uno de sus dulces abrazos seguro que me reconfortaría. Además, dando consejos era la mejor.

Eché un último vistazo a Maggie. Me daba un poco de angustia dejarla sola, pero April vivía a dos calles, por lo que regresaría pronto.

Salí del piso sin hacer ruido y con paso rápido me dirigí a mi destino. El portero del edificio de apartamentos de mi amiga me conocía perfectamente, así que me saludó y me dejó pasar.

Subí las escaleras de dos en dos y toqué el timbre.

Unos segundos después, April abrió la puerta, no obstante, la sonrisa radiante que yo esperaba ver no apareció por ningún lado, por el contrario, su expresión era de… ¿incomodidad?

—He vuelto —dije sin saber qué sucedía.

—Ya lo veo —comentó sin moverse del medio del hueco de la puerta.

—¿No me vas a dejar pasar? —pregunté, confundida.

Carraspeó y cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro.

—No es un buen momento.

—Oh, yo no…

Mis palabras murieron entre mis labios cuando la inconfundible voz de Owen, preguntando quién era, llegó hasta mí.

—¿Es Owen? —inquirí, pese a saber la respuesta.

—Lo hiciste muy mal con él, Poppy —me reprochó.

El cuerpo se me quedó helado, incluso de nuevo tuve ganas de vomitar.

—¿Me lo dices en serio? —No podía creerlo.

Ella se cruzó de brazos, a la defensiva.

—Te portaste muy mal con él. Encima que fue a verte, lo dejaste tirado y lo humillaste.

—April, él vino porque quiso y fui lo más respetuosa posible. Además, nosotros solo teníamos encuentros esporádicos, tú lo sabes bien. No le debía nada —traté de explicarme—. Además, fue él quien intentó rebajarme a mí.

La voz del aludido volvió a oírse en el interior del apartamento, llamando a la que se suponía que era mi amiga.

—Mira, Poppy, sé perfectamente cómo eres. Solo piensas en ti misma y yo no estoy dispuesta a meterme en tus dramas. Esta vez no.

Noté que los ojos me ardían.

—¿Estás con él?

April suspiró molesta.

—No hagas esto más difícil.

—No me importa si estáis juntos —me apresuré a decirle—. Eso no tiene por qué cambiar nuestra amistad.

Se removió, incómoda.

—Vete a casa —repuso sin más, antes de cerrarme la puerta en las narices.

Durante un par de minutos me quedé en el pasillo, con el eco del portazo aún resonando en mis oídos.

¿Qué había pasado?

En cuestión de horas había perdido a Tucker, la vida que me hacía feliz, e incluso ahora también a mi amiga.

Respiré hondo y, con el dorso de la mano, me limpié las lágrimas.

Regresé a casa sintiéndome muy sola. Por suerte, nada más entrar en mi piso, Maggie corrió hacia mí moviendo la cola y mirándome como si yo fuera lo mejor que le había pasado en la vida.

Me senté en el suelo para permitirle que me lamiera el rostro.

—Hola, pequeña —susurré y le acaricié la cabecita—. Está claro que Dios, el universo, el destino, lo que sea que exista, te puso en mi camino por algo.

La apreté contra mi pecho y la llené de besos.

Oí sonar mi teléfono móvil y mi corazón dio un salto. Lo saqué del bolso que tenía aún colgado y contesté a la llamada con ansiedad, sin ni siquiera mirar la pantalla.

—¿Tuck?

—Lamento no ser él —dijo la suave voz de Josie desde el otro lado de la línea—. Me acabo de enterar de que has regresado a Hollywood. ¿Estás bien?

Aquella pregunta me rompió. Un sollozo ahogado escapó del fondo de mi garganta.

—No lo estoy —reconocí con sinceridad.

Oí a Josie suspirar.

—El cabezón de mi hermano no ha querido contarme qué ha sucedido. ¿Quieres hacerlo tú?

Lo hice.

Se lo conté todo. El vídeo que grabé sin ninguna maldad, que no fui yo quien lo subí a redes, mis sospechas sobre que había sido mi antiguo representante, que Tucker no quiso escucharme… No me dejé nada en el tintero.

Cuando terminé, hubo un breve silencio entre nosotras antes de que Josie dijera:

—Te creo, Pops.

No sabía cuánto necesitaba oír eso hasta que lo escuché.

—Gracias —murmuré con la voz entrecortada.

—Te conozco y sé que no fuiste tú. Te vi con mi hermano, el modo en que lo mirabas…. No tengo dudas de que estás enamorada de él.

—Tucker no piensa lo mismo —me lamenté.

—Tuck está herido y demasiado cargado de dolor como para tener claridad en este momento. Aun así, estoy casi segura de que, cuando tenga la mente fría y recapacite, verá las cosas como yo.

Negué con la cabeza.

—No lo creo, tiene una malísima opinión de mí —comenté con tristeza—. En fin, gracias por escucharme, Josie. Eres una persona maravillosa.

—Llámame cada vez que lo necesites, Pops.

—Lo mismo digo. Y… —no sabía cómo decirle aquello.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—Sí que lo hago.

—¿Cómo dices? —su voz se oía confundida.

—Me preguntaste si me arrepentía del camino que tomé diez años atrás y te respondí que no, sin embargo, me he dado cuenta de que era mentira.

Sí me arrepiento. No debí marcharme ni abandonaros nunca.

No he sido realmente feliz en esta vida que creía necesitar hasta que no regresé a Magnolia Creek.

Mi verdadera felicidad está con las personas a las que quiero, junto a vosotros.

Escuché sollozar a Josie.

—Lo importante es darse cuenta de las cosas y poder rectificar. Tú aún estás a tiempo, Pops.

—No estoy tan segura…

—Claro que sí, créeme —me interrumpió—. Puedes tener la vida que quieras.

—Te quiero, Josie.

—Yo también a ti.

Nos despedimos y colgamos.

Miré a Maggie, que mordisqueaba uno de sus juguetes tumbada a mi lado.

Me puse en pie y fui a por el portátil.

No quería mirar lo que se decía de mí, pero debía hacerlo.

Vi un comunicado de Jordan explicando que había dejado de trabajar conmigo porque era una persona de trato difícil. Un vídeo de Morgan insinuando que mi actitud era altiva y clasista. Otro de Owen comentando que era una caprichosa que no sabía lo que quería. Incluso April hizo leña del árbol caído.

Cada palabra que decían sobre mí era un golpe, cada comentario en mis posts una puñalada y cada mentira un recordatorio de que en este mundo había muy pocos amigos verdaderos.

Me dolió, pero alcé el mentón, decidida a no dejarme derrumbar.

Comencé a reorganizar mis redes sociales. Dejé los vídeos que me representaban de verdad, como los que grabé en el rancho y los que tenía de mis inicios.

¿En qué momento me perdí y dejé de ser yo? Ni siquiera fui consciente de ello.

¿Cuándo me convertí en una persona vacía y fingida, para gustar a todos menos a mí misma?

Me dejé aconsejar por Jordan azuzada por el ansia de subir seguidores a toda costa, pero eso ya se acabó. Quien me siguiera que fuera porque le gustaba la verdadera Poppy Hart y no una farsa barata.

Inicié un vídeo en directo y en él me abrí en canal. Reconocí mis fallos y el modo en que había creado a un personaje que no me representaba.

Prometí que a partir de ese momento todo lo que vieran sería genuino y real. Porque, por fin, me había elegido a mí misma.