Amor en pole position (Dirty Air 3) 12. Jax #2
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12. Jax #2

—No me jodas.

Ella sacude la cabeza y se ríe conmigo.

—Va, ahora en serio, tienes que empezar a prepararte. No quiero que lleguemos tarde.

—¿No podemos posponerlo para nunca?

—Lo siento, tengo la agenda llena durante lo que queda de eternidad. Este es mi único hueco libre —replica, dándose golpecitos en la muñeca sin reloj.

—Ya, claro. Qué conveniente, ¿no?

—Nada relacionado contigo es conveniente. ¿Estás listo para lo que te tengo planeado?

—Ni por casualidad.

—¡Perfecto! Pues ponte el traje que te he dejado en la habitación mientras dormías. —Se cubre la boca con la mano, pero sus ojos delatan su diversión.

La miro de reojo con escepticismo mientras entro en mi cuarto. Casi me cago de miedo al ver un disfraz de conejo de Pascua con ojos gigantes y un chaleco verde fosforito con un montón de huevos de colores neón estampados.

—¡Sorpresa! ¡Vamos a hacer una caza de huevos de Pascua! —Entrelaza las manos en un gesto exagerado.

—Tienes que estar de broma. ¿Un disfraz? ¿En serio?

—Ya lo sé, ¿a que es chulo? No tienes ni idea de lo difícil que ha sido encontrar uno con tan poca antelación. —Se apoya en mi cómoda.

—¿Por qué no me puedo vestir como una persona normal?

—Porque eres el anfitrión del evento y los niños quieren ver un conejito de Pascua real.

—Los conejos ni siquiera ponen huevos. Esto es una soberana tontería.

Ella se encoge de hombros, ignorando mi agitación.

—Una tontería muy útil. Vamos a recolectar fondos destinados a regalar juguetes y libros a las familias de Barcelona con menos recursos.

Joder. Casi cedo a su estúpida idea del disfraz de conejo por cómo se le iluminan los ojos al pensar en hacer felices a niños de barrios menos boyantes.

Casi.

—No pienso ponerme eso. Me niego. —Sacudo la cabeza.

Elena hace un puchero y junta las manos en gesto de súplica.

—¿Por favor? Piensa en los niños que van a venir. Querrán hacerse fotos con un conejo de verdad y pasárselo bien. Además, los padres van a donar un montón de dinero para que busquen huevos en la pista contigo.

—¿Y qué saco yo de esto?

—¿Aparte de recaudar dinero para una buena causa?

Cuando lo dice así, parezco un capullo integral. Pero es que el disfraz de conejo es horroroso, y con solo acercarme ya sé que huele a muerto.

—Vale, pero entonces me debes un favor.

—¿Qué tipo de favor? —Elena abre mucho los ojos.

—Nada sexual, tranquila, no hace falta que pongas esa cara de pánico. Pero cualquier otra cosa, siempre y cuando no sea ilegal.

—De acuerdo. Nada ilegal, nada sexual y nada que pueda hacerme perder mi trabajo. —Me ofrece una mano.

Se la estrecho, y aprovecho para disfrutar del contacto de su mano con la mía.

—Trato hecho.

—Madre del amor hermoso. Esto es lo mejor que he visto en..., bueno, en toda mi vida. —Liam observa los huevos de mi espantoso chaleco.

—Eso no se lo digas a Sophie —le advierte Noah, dándole un puñetazo en el hombro.

—No quiero oír ni una palabra más sobre esto, ¿vale? —Les fulmino con la mirada a pesar de que no me ven la cara tras el disfraz de conejo.

—Algún día te contrataré para que amenices el cumpleaños de mi hijo. ¿Cuánto cobras la hora? —me pica Noah, tirándome de una oreja.

—Después de esto me retiro. Si quieres contratarme, espero que te parezca bien que tus hijos aprendan todas las palabrotas del diccionario.

—Si mi hijo aprende algo de ti será que no he hecho bien mi trabajo como padre —sentencia él con una sonrisa.

—Mírate, con novia formal y hablando de hijos. Maya te tiene bien agarrado por los huevos, ¿eh?

—Calla, imbécil. —Noah me lanza una mirada asesina.

—Anda, mira, Elena se acerca con otro niño de la mano. Pobre crío, creo que se ha enamorado. —Liam pestañea teatralmente, ganándose una colleja.

Elena le dedica al niño su sonrisa más sincera.

Yo me quedo ahí como un pasmarote, disfrutando de su expresión de felicidad antes de ofrecerle al chaval una pequeña mona de Pascua de chocolate.

El pecho se me encoge al ver que ella se enjuga una lágrima de la cara, y en mi interior brota un torbellino de emociones que me deja trastocado.

La que más destaca de entre todas es el anhelo.

Entonces se acerca a nosotros, interrumpiendo mi dilema interno.

—Hola, chicos. Este es mi nuevo amigo Rafael. Algunos niños le han cogido todos sus huevos cuando se le ha caído la cesta sin querer, así que le he dicho que en lugar de seguir recogiéndolos podía conocer a los mejores pilotos de la competición.

Joder, los niños pueden ser muy crueles.

Liam se arrodilla frente al crío.

—Dime, ¿quién es tu piloto favorito? Si soy yo, te doy un huevo extra.

Rafael niega con la cabeza, y todos nos echamos a reír cuando señala a Noah.

—Claro. Todo el mundo adora al famoso Noah Slade —farfullo por lo bajo.

—No te pongas celoso. Con cómo estás corriendo esta temporada, ¿quién sabe lo que puede pasar? —comenta el mentado, que se pone de cuclillas para estar a la altura del pequeño. Se quita la gorra que lleva en la cabeza, la firma y se la pone a Rafael en su diminuta cabecita.

Elena señala la parte de arriba de mi disfraz y me dice:

—Ya puedes quitarte eso si quieres. Si te soy sincera, solo contaba con que lo llevaras puesto para las fotos.

—¿Y cuándo tenías pensado decírmelo?

Suelta una carcajada estentórea.

—En cuanto comenzara la caza de huevos. Pero, como seguías con él puesto sin quejarte, no he podido resistirme. Lo de que me había resultado casi imposible encontrar uno en el último momento no era broma.

—Dios, te la ha liado pero bien. —Liam choca los cinco con Elena.

—Es mi venganza por estas semanas —dice ella encogiéndose de hombros.

—Eres una... —empiezo.

—¡Oye! —nos interrumpe Noah.

Liam me mira de reojo mientras firma la camiseta de Rafael.

—La culpa es solo tuya por ser un tonto insufrible. —Evita un insulto mayor ante la presencia del crío.

—No pasa nada. Me voy a cobrar un favor a cambio de esto. —Le sonrío maliciosamente a Elena en cuanto me quito la cabeza de conejo.

Ella abre mucho la boca y se vuelve hacia mis amigos.

—No es nada raro, ¿eh?

Rafael me sonríe y se abraza a mi pierna. Le doy unas palmaditas en la cabeza, sin saber muy bien cómo comportarme con un niño.

Liam niega la cabeza y le dice a Elena:

—No juzgamos.

—Exacto. Y, sinceramente, lo que nos da miedo es que Jax te acabe corrompiendo. —Noah me mira a mí y luego a ella.

Elena se echa a reír. No puedo apartar la vista de su rostro. Pero, por mucho que quiera pasar tiempo a su lado, no puedo. Incluso algo como lo de hoy me ha acercado a ella más de lo que debería.

A la hora de la verdad, soy el primero en poner pies en polvorosa. Y, cuando lo hago, no miro atrás.