3. Jax #2
—Llamé a Elena en cuanto me enteré de que había trabajado con Liam y contigo el año pasado. Me pareció que sería mejor contratar a alguien con quien ya tengas cierta confianza.
«Más que confianza, tengo ganas de tirármela, pero gracias por ser tan considerado».
—Cuánto tiempo. ¿Ya te han echado del infierno?
—Lucifer me ha pedido que te diga que vayas a verle pronto. Dice que ya te tiene preparado un lugar especial solo para ti. —Su voz tiene una cadencia melodiosa que me cautiva casi tanto como su leve acento.
—Solo si puedo arrastrarte conmigo. Al fin y al cabo, el infierno es más divertido si tienes a alguien que pueda hacerte de guía turístico.
Connor nos sonríe.
—Bueno, me alegra ver que os lleváis bien, porque Elena va a ser tu mejor fan esta temporada.
Mis ojos pasan de él a ella.
—Espero de veras que eso no signifique lo que estás insinuando.
Elena se ríe y los ojos le brillan. Connor le da un pase VIP oficial de la Fórmula 1.
—Elena va a ayudarte a arreglar tu imagen. Va a estar contigo toda la temporada para meterte en vereda.
Tenso tanto la mandíbula que casi me cruje.
—¿Y qué cojones significa eso?
—Ha firmado un contrato según el cual vivirá contigo con el fin de garantizar que no pierdas de vista los intereses de McCoy.
Cubriremos todos sus gastos porque queremos que se centre en ayudarte.
Ah, y te acompañará en el parón de verano adonde sea que decidas irte.
Dado que la semana pasada no fue del todo bien, creo que lo mejor es asegurarse de que alguien esté pendiente de ti toda la temporada, vacaciones incluidas.
¿No solo me obligan a pasar tiempo con esta víbora, sino que además tengo que vivir con ella? Joder. Si algo me queda claro con esto es que el karma me la tiene jurada.
—Será una broma. No creo que me merezca que se me trate como a un criminal. —Las palabras me salen en una especie de gruñido.
—Y yo no creo que me merezca tener que lidiar con un piloto al que le faltan más tornillos que a una estantería de IKEA usada —replica Connor, lanzándome una mirada de exasperación.
—¿Qué pretendes acaso que hagamos? ¿Trenzarnos el pelo el uno al otro mientras vemos pelis juntos?
Él se vuelve hacia Elena y le dedica una sonrisa encantadora.
—Ignora su rabieta. Se acostumbrará a tu presencia.
«Y una mierda».
—Creo que ya está todo claro, pero escríbeme si te surge alguna duda —le dice. Luego se gira hacia mí y articula un «compórtate» silencioso antes de abandonar la estancia.
—Bueno, has reaccionado justo como me esperaba —comenta ella cruzándose de piernas y atrayendo mi atención sobre ellas. Los vaqueros se le pegan a la piel; resaltan todo lo que debería no mirar.
—Parece que te han ascendido de agente de relaciones públicas a niñera con pretensiones. Siempre he querido recrear esa fantasía. ¿Te va el role play ?
Ella se da golpecitos en la rodilla con una mano.
—Solo si me prometes irte a la cama antes de las diez.
—Después de un buen polvo se puede hablar.
Un leve sonrojo asoma a sus mejillas mientras me pasea la mirada por el torso.
Me siento más erguido, disfrutando del subidón de sentirme observado, y la sangre se me baja de la cabeza a otra parte, una zona con muchas más ganas de marcha, a la que no le importaría ver a Elena ruborizada en otras circunstancias.
Entrecierra los ojos.
—¿No puedes dormirte viendo una serie de Netflix como el resto de los mortales?
—¿Qué hay de divertido en eso?
—Hablando de diversión, tengo algunas reglas, dado que vamos a vivir juntos. —Se aparta el pelo y me rehúye la mirada.
—No me esperaba menos de ti.
Se saca un iPad del bolso sin ser consciente de la atracción que me provoca, que hace que sienta los vaqueros demasiado apretados y se me acelere la respiración.
—Has aguantado tres meses sin mi ayuda. He echado un vistazo a tu presencia en redes sociales y me parece que nos va a tocar sudar la gota gorda. Lo bueno es que, como tu imagen está por los suelos, solo puede mejorar.
—¿Y qué implica eso exactamente? ¿Vas a fingir ser mi novia? Me encantan ese tipo de historias.
Pone los ojos en blanco.
—Ni una novia podría salvarte de tu mala fama. He estado ideando unas cuantas estrategias para limpiar tanto tu imagen pública que la gente se preguntará si te han hecho un trasplante de personalidad.
Alzo una ceja.
—Y yo que pensaba que la gente me querría tal y como soy.
Elena se ríe. Odio ese sonido: dulce, despreocupado, libre de cualquier tormento. Mientras yo brego con una desidia y un pesimismo ocultos, ella irradia esperanza y calidez. Siento la tentación de comprobar cuánto tiempo me llevaría pinchar su burbuja de actitud positiva.
—En fin, antes de empezar, necesito que me cuentes qué ocurrió durante tu idilio con el urinario de la discoteca.
Se me escapa una sonora carcajada. El sonido me resulta extraño, sobre todo después de mi semana en el infierno.
—Bueno, cuando un hombre y una mujer se quieren mucho...
Me tira un boli, que me da en el pecho y vuelve rodando hacia ella. Me froto el lugar donde ha impactado y digo:
—La violencia nunca es la respuesta.
—Dice el que rompió la cámara de dos mil euros de un paparazzi.
—Vale, la violencia no siempre es la respuesta, pero es que sus comentarios tenían un tufillo racista que me puso de los nervios. Y, a ver, desde la perspectiva de la imagen pública, al menos le di dinero para que se comprara una nueva.
—Lanzarle mil euros a la cara no cuenta.
—Pues el tío se arrodilló más rápido que mi último ligue.
Elena me mira de nuevo con los ojos entrecerrados.
—¿Y lo de la discoteca?
Con la caña que me está dando hoy, no me quiero ni imaginar cómo va a ser el resto de la temporada.
—Durante el parón, se me ocurrió la brillante idea de beber cuando me había tomado un ansiolítico esa misma noche. Lo demás es historia. Sobra decir que no acabó como yo esperaba.
Su mirada se suaviza, despojándose de la severidad de hace unos segundos.
—No sabía que necesitabas medicación para controlar la ansiedad.
Me encojo de hombros.
—No lo sabe mucha gente.
—¿Has probado a ir al psicólogo para que te ayude a lidiar con los síntomas? ¿O te has planteado cambiar la medicación que tomas ahora?
—No, porque eso implicaría hablar, y por nada del mundo querría yo hablar de mis sentimientos. Paso olímpicamente, así que ni te esfuerces. Tengo un médico estadounidense a sueldo que me cumple la papeleta. —Tamborileo con los dedos sobre la mesa.
Me observa fijamente. Resulta inquietante cuánto me distraen las motas doradas que distingo en sus ojos marrones. Estoy bien jodido.
—Necesito que seas sincero conmigo. ¿Hay algo más de lo que deba estar pendiente aparte de los episodios de ansiedad?
Sus palabras ponen en marcha la fatídica cuenta atrás en mi cabeza. Intento ignorar la creciente ansiedad que se me acumula en el pecho; no me apetece perder los papeles delante de ella.
— Nop . Solo los habituales escarceos con la botella de whisky. Estamos en una relación de exclusividad, así que no te hagas ideas raras.
Elena pone los ojos en blanco y sacude la cabeza, devolviendo la atención al iPad.
—Hablando de alcohol... Puede que no sea una niñera con todas las de la ley, pero sigo teniendo algunas reglas.
—Lo mejor de las reglas es encontrar una forma de romperlas.
—Jax...