ESTOY CON LINDA
Una vez que habían hablado de todo lo que más dolía, la cena había transcurrido con normalidad y pudieron disfrutar de la noche, la música del lugar y su gran ambientación. Salieron al exterior del local, aún algo contenidos tras el reencuentro.
—Borré muchos de tus correos sin abrirlos —confesó Linda, sintiéndose culpable.
Colt sonrió, algo le decía que lo había esperado.
—Volveré a enviártelos, si lo deseas.
—Por favor —pidió Linda, mirándolo a los ojos.
Colt subió una mano y le acarició la mejilla con los dedos.
—Te necesito para respirar, Linda.
Linda exhaló un leve suspiro, después pasó las manos por el cuello del hombre y él la apretó contra sí, abrazándose largamente.
Luego se separaron y se miraron a los ojos.
La cabeza de Colt se acercó a la de ella y los labios de ambos se unieron en un breve roce.
Se miraron a los ojos un instante y volvieron a buscarse, solo que en esta ocasión el beso se profundizó, las mariposas camparon a sus anchas en el interior de Linda y Colt no recordaba un instante tan feliz como aquel.
—Te amo, Linda Clayton —le dijo, seguro de sus sentimientos, como nunca antes en su vida.
Linda necesitó tragar saliva y mantuvo los ojos cerrados un instante más.
—Te amo, Colt Sullivan. Y también a Charlie Sierra.
El hombre sonrió y le enmarcó la cara entre las manos para volver a besarla con dedicación y pasión.
El teléfono móvil del exmarine vibró en el bolsillo de su pantalón.
—Tengo que responder o mandará a la guardia nacional. Es mi hermana —explicó a Linda nada más ver la pantalla del mismo.
—Ha anochecido hace rato. No creo que sigáis viendo camionetas —dijo una voz de mujer al otro lado de la línea telefónica—. ¿Va todo bien?
—Nora —saludó él—. Va todo muy bien.
—¿Habéis encontrado una camioneta para tu amigo?
—No. He encontrado algo mucho mejor —miró a Linda y sonrió—. He encontrado a Linda.
Hubo un segundo de silencio al otro lado de la línea.
—¡No! —exclamó su hermana.
—Sí. Estoy ahora mismo con ella —confirmó él.
A continuación, se oyeron unos gritos de júbilo que hicieron que Colt tuviera que retirar el dispositivo de su oído. Linda también la escuchó y rio. Luego Colt cortó la comunicación.
—Estará así un rato. Hablaré con ella más tarde, cuando se tranquilice. Ahora supongo que tendré que buscar a Jacob.
Linda negó con la cabeza.
—Jacob se ha ido.
—Oh, vaya. En ese caso, necesitaré conseguir otro transporte para volver a casa.
Linda volvió a negar con la cabeza.
—¿Por qué no vuelves conmigo? —Linda se detuvo unos instantes—. A Oklahoma. A casa.
Colt sonrió, le pedía que volvieran juntos al que había sentido por primera vez en su vida como su hogar: el rancho Clayton.
Colt volvió a besarla despacio. Después ambos sonrieron, se cogieron de la mano y caminaron hasta el coche de Linda.