Amor en Oklahoma UNA CITA DE VERDAD
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UNA CITA DE VERDAD

Linda y Scarlett tomaron asiento en una mesa algo apartada del comedor de The Jones Assembly en Oklahoma City. Era el lugar de la cita fallida, donde Charlie Sierra iba a quedar con Linda. Ahora sabía que él pensaba decirle la verdad esa noche.

En su cabeza entendió el plan de Colt, aparecer con las rosas y la carta que ella le había escrito a su otro nombre. Explicarle por qué lo había hecho. Pero aquello no sucedió, porque los esbirros de Asher le dieron una paliza justo por estar cerca de ella.

—¿Por qué estamos aquí, Linda? —quiso saber Scarlett, extrañada por haber terminado justo en aquel lugar, donde sabía que Colt la había plantado.

—Hay cosas que necesitan continuar donde se detuvieron.

Scarlett fue a replicar, pero una llamada entró en el teléfono de Linda y esta contestó. La conversación fue breve y sus respuestas se limitaron a tres «síes» y después colgó.

—Colt te quiere —dijo Scarlett ahora, sin más.

—Lo sé —Linda sonrió y se sintió en paz al decirlo, por primera vez en mucho tiempo.

Después, la vista de la mujer se fijó en la entrada del gran comedor del restaurante. Respiró hondo y esperó un poco más hasta levantarse de la silla.

***

Solo habían visto una camioneta en la ciudad de Perry. Pero Jacob no se mostraba complacido, a pesar de que a Colt le había parecido una buena oportunidad y el motor estaba en un estado excelente.

Quería ver otra en Morrison, pero el capataz del rancho Clayton consultó el teléfono y le dijo que su dueño había tenido que ir a Oklahoma City y que allí se verían.

Jacob no lo dudó un segundo, eran menos de setenta millas hasta la ciudad y él solo estaba acompañando a un amigo a encontrar su nuevo vehículo.

Cuando aparcó en las inmediaciones de The Jones Assembly , sintió un pellizco en el corazón. Aquel era el lugar donde había quedado con Linda y le fue imposible acudir, ya que terminó en el hospital esa noche.

Jacob le preguntó si le ocurría algo, pero él sonrió y se tragó el recuerdo y el dolor de lo que había perdido, como si no sucediera nada.

Lo siguió y entraron al lugar. Era espacioso y agradable y lamentó que las cosas no salieran bien hacía meses.

Aquella noche, podría haber marcado la diferencia en su relación con la mujer que amaba.

***

La impresionante figura de Colt entrando en el comedor le quitó el aliento. Linda necesitó levantarse, puede que, para recibirlo, o solo para tratar de obtener más oxígeno en sus pulmones. Estaba guapo, incluso más que antes y sonreía levemente hacia Jacob, que estaba a su lado.

***

Cuando los ojos de Colt vislumbraron la presencia de Linda en el lugar, no pudo evitar detenerse durante un instante, sin perderla de vista. ¿Era una alucinación? ¿Un deseo que se le aparecía? ¿O era real y era ella? Un nudo se le formó en la garganta.

—Adelante, ve con ella —escuchó la voz de Jacob a su lado, segundos después. Le confirmaba que la mujer existía de verdad y que no se estaba volviendo loco. Linda estaba allí.

***

—¡Oh, Dios! —exclamó Scarlett al ver a los dos hombres que entraron en el comedor, tras seguir la mirada de su amiga. Eran Colt y Jacob. Y ahora entendió exactamente qué hacían allí y por qué habían ido a Oklahoma City esa tarde.

El corazón de Linda le palpitó con fuerza en el pecho.

Él se había detenido y la miraba, escrutándola.

Pudo vislumbrar el dolor en sus ojos, a pesar de la distancia y cómo se le nublaban.

Temió que fuera demasiado tarde, que ya no deseara hablar o que estuviera dolido por su indiferencia de las últimas semanas para con él y sus correos electrónicos.

Sintió miedo a que la despedida de Colt fuera en serio y ahora, el que no quisiera saber nada de ella, fuera él.

El hombre centró ahora la vista en su capataz.

***

—No estabas buscando una camioneta —se giró hacia su amigo, que aún permanecía a su lado. No era una pregunta.

—No —Jacob sonrió—. Ha sido cosa de ella, yo solo seguía sus órdenes.

Colt sonrió, feliz. Volvió a centrar la vista en Linda, ella estaba esperándolo. Caminó hacia ella y, ahora sí, cubrió el resto de la distancia que los separaba.

***

—Creo que ya no me necesitas. Me voy —dijo Scarlett en voz baja, desapareciendo por un lateral tras un breve asentimiento de cabeza de Linda, que no despegaba los ojos del exmarine.

—Hola —dijo Linda, siendo la primera en romper el hielo, tras unos segundos en los que ambos solo se miraban. El aroma de la colonia amaderada que usaba Colt la envolvió y se sintió en casa de nuevo.

—Hola —respondió él y respiró hondo.

—Sí —Linda fue consciente del nerviosismo que reinaba entre ellos.

—No me esperaba esto —dijo Colt.

—Pensé que estaría bien que hablásemos —dijo ella.

—Claro. Me alegra —Colt sonrió.

—¿Qué tal si os sentáis? —Scarlett pasó por el lado de ellos y ambos sonrieron, avergonzados. Después observaron a Jacob tomarla de la mano para sacarla del comedor casi a rastras.

—Es Scarly, ya sabes —dijo Linda, tratando de destensar el ambiente, antes de que ambos tomaran asiento. Mientras lo hacía, sintió la esperanza en su corazón que le decía que aún estaba a tiempo con Colt.

El silencio se hizo fuerte entre ambos durante al menos un minuto.

—Nunca pensé que terminaríamos aquí —dijo él.

—Yo tampoco —suspiró Linda.

—Y mucho menos tú invitándome.

Linda sonrió.

—Técnicamente ha sido Jacob el que te ha traído hasta aquí —bromeó suavemente.

Colt sonrió y la miró intensamente. Allí estaba su cabezota Linda Clayton y le gustaba, más que nunca.

—No sé si es lo que quieres oír, pero te he echado de menos —confesó Colt y Linda sonrió, sintiendo un revoloteo en su estómago. Las mariposas que él había puesto allí seguían vivas.

—No ha sido fácil —admitió Linda.

—No —admitió Colt—. No lo ha sido.

—Leí tu último correo —confesó.

—Pensé que no lo harías.

—¿Por qué no me dijiste quién eras? —preguntó Linda en un tono suave, acariciando el mantel de la mesa con la otra mano.

Un camarero los interrumpió y tomó nota de lo que iban a tomar.

—¿Están listos para ordenar o desean que les deje unos minutos más? —preguntó.

—No, está bien, ordenaremos —dijo Linda, agradeciendo el respiro que les brindaba la entrada en escena del hombre.

Hicieron el pedido y volvieron a quedar a solas.

—Bien, ¿por dónde íbamos? —quiso retomar Linda. Necesitaba algunas respuestas, aunque sentía que ella ya había organizado aquel puzle con las piezas que había encontrado a su alrededor.

—Pensé hacerlo, demasiadas veces. Siempre pasaba algo. Luego… luego creo que simplemente fui cobarde. Y no sabes cuánto lo siento.

Linda miró al hombre, vio sinceridad en él y en sus palabras. Lo creía o ¿solo quería creerlo?

—Me hiciste sentir como una ridícula. Te hablé de Charlie y eras tú —Linda no pudo evitar decir aquello. Le había dolido la parte de ser la persona que menos sabía de los dos en una relación.

Colt apretó la mandíbula y encajó el golpe.

—Me sentía como un bastardo cuando eso pasaba.

La mujer tragó saliva, esa parte le dolía. Saber que él tampoco lo disfrutaba, la calmaba en cierta forma.

—No te escribí en aquellos meses por ese motivo —confesó Colt.

—Lo hiciste —le dijo, ella lo recordaba.

—Solo en dos ocasiones. Cuando quedamos aquí, te lo iba a confesar esa noche. La siguiente, al conseguir un teléfono nuevo para disculparme por no haber aparecido.

Linda respiró hondo. Ya lo intuía, pero necesitaba escucharlo de los labios de Colt.

La irrupción del camarero para traerles la bebida les dio otro respiro, en el que ambos se miraron en silencio a los ojos.

—Wyatt lo sabía —dijo Linda. Necesitaba oír su parte de la historia.

—Se lo tuve que decir, para explicar mi misteriosa cita, las flores y todo aquello.

—Te pidió que no me lo dijeras —añadió Linda.

—Sí —Colt bebió agua de su vaso—. Alguien quería que no me acercase a ti. Fue por seguridad, sabía que te pondrías furiosa de saberlo.

—¿Y Scarly? —indagó ella.

—Scarly me pilló con la guardia baja. Pensé que ya lo sabía y me delaté solo.

La comida llegó y el camarero colocó el primer plato delante de ambos. Seguían observándose en silencio.

—La mejor parte de mi vida ha sido la que he pasado a tu lado —le dijo él.

—Recibiste un disparo —dijo ella.

—Lo sé y no importa.

—Te dieron una paliza.

—Solo lamento que fue la noche en la que habíamos quedado aquí.

—Te mordió una cabeza de cobre —continuó enumerando Linda.

—Nada de eso me importa, sabiendo que todo ocurrió para que a ti no te sucediera nada. No cambiaría cada segundo que he pasado a tu lado por nada del mundo.

Lo creía. Lo estaba creyendo y se le había formado un nudo en la garganta. Necesitó beber agua, tratando de ahuyentar las lágrimas de sus ojos.

Linda lamentó que la mentira de Charlie Sierra hubiera eclipsado todo lo demás que había vivido al lado del hombre en los últimos meses de su vida. No había ni un solo momento en el que él no hubiera sido intachable con ella.

—Te quiero —habló Colt, viendo la lucha interna que mantenía la mujer consigo misma. Había aprendido a conocerla e interpretarla.

Los ojos de Linda volvieron a observar al exmarine y una mano se posó lentamente sobre la de ella. Su tacto era frío, estaba nerviosa, al igual que él lo estaba.

Linda cerró los ojos un instante. Durante semanas había pensado que le daba miedo escuchar aquellas dos palabras, ahora sabía que lo que realmente se lo daba, era no volver a hacerlo nunca más.

—Lo sé —respondió en un susurro, sintiendo que nunca había necesitado a nadie, como ahora lo necesitaba a él—. Yo también te quiero.