Amor en Oklahoma ESCUCHAMOS, PERO NO JUZGAMOS
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ESCUCHAMOS, PERO NO JUZGAMOS

Linda conducía camino de Oklahoma City con Scarlett a su lado. Necesitaba a su amiga, quizá ese día más que cualquier otro.

En la radio comenzó a sonar Every Storm de Gary Allan, la canción que Colt le había puesto en aquella primera cita improvisada en medio del campo. Sonrió recordándola.

—Esa sonrisa te queda muy bien con la ropa. Estás muy guapa hoy. Admitir ciertas cosas es bueno, es liberador —dijo Scarlett.

—Sí, así es.

—¿Cuándo lo vas a llamar?

Linda guardó silencio durante unos instantes.

—Colt me puso esta canción el día de nuestra primera cita —respondió ella, en cambio.

—¿ Every storm ? ¿Primera cita?

—Estábamos en el campo, habíamos ido a ver unos cultivos. Sacó unos sándwiches y nos tendimos en el suelo a comerlos. Él dijo que era nuestra primera cita y fue bonita.

Scarlett sonrió.

—Creo que a la tormenta se le está terminando la lluvia —dijo Scarlett, sonriendo y recordando el mensaje principal de la canción.

—No lo sé —suspiró Linda, sintiendo miedo por aquello. Colt se había despedido de ella en el último correo. No estaba convencida de que hubiera una vuelta atrás.

Scarlett observó a su amiga, era demasiado testaruda, cabezota y obstinada. Tenía que hacer algo.

—¡Escuchamos, pero no juzgamos! —exclamó la mujer desde el asiento del copiloto. Su amiga quería que jugasen a un tonto juego adolescente.

—¿En serio, Scarly? —objetó Linda.

—Lo necesitas.

—¿Yo? —frunció el ceño.

—Está bien… soy yo la que lo necesita.

—Adelante —suspiró Linda.

—Prométeme que no te vas a enfadar ni me vas a juzgar —le pidió.

—De acuerdo —se rindió—. Pero empiezas tú.

—Jacob me ha besado.

—¿¡Qué!? —Linda abrió mucho los ojos.

—¡Escuchamos, pero no juzgamos! —advirtió Scarlett.

Linda negó con la cabeza, incrédula.

—De acuerdo —suspiró—. Anoche me quedé dormida en el sofá… llorando, mientras miraba las rosas.

—Eso sí que me lo esperaba —dijo Scarlett con suavidad.

—No juzgues.

—No juzgo. De acuerdo —Scarlett respiró hondo—. Ahora va el de verdad.

—¿El de verdad? —preguntó Linda. No quería saber qué era si el primero era solo uno light.

—Sí —respiró hondo—. Yo sabía que Colt era Charlie Sierra.

—¿¡Qué cojo…!? —Linda puso el intermitente para salir hacia el arcén. Frenó y detuvo el vehículo.

—Escuchamos, pero no juzgamos —dijo Scarlett, tratando de aplacar a su amiga—. Lo prometiste.

—¡Mierda, Scarlett! —dijo Linda, antes de golpear el volante y salir del vehículo para respirar un poco. Scarlett la vio pasear por el espejo retrovisor durante varias decenas de yardas. Luego volvió y se subió de nuevo.

—Escuchamos, pero no juzgamos —repitió Scarlett, tratando de relajarla.

—Escuchamos, pero no juzgamos —convino Linda, tratando de serenarse—. Estoy a punto de abandonar en esta autopista a la que creía que era mi mejor amiga. Y si un coyote decide tomarte como cena, no intervendré.

—Escuchamos, pero no juzgamos —habló Scarlett—. Ese hombre sufría cada día por no poder decírtelo, a pesar de que sabía que podías tener la reacción que has tenido.

—A ti te lo dijo —Linda se sintió engañada de nuevo.

—No queriendo. Lo descubrí de casualidad —confesó Scarlett.

—Siguió sin decírmelo, maldito sea.

—Tenía miedo. Prefería que lo odiaras antes de ponerte en peligro.

—Tú tampoco me dijiste nada.

—Yo también te prefiero viva, aunque no me hables nunca más —reflejó la preocupación tanto de Colt como de ella.

—¡Mierda, Scarly! —Linda comprendió aquello, a pesar de que su parte obtusa la impulsaba a realmente abandonar a su amiga allí.

Linda arrancó el motor del coche y se incorporó a la circulación de nuevo, permaneciendo en silencio.

—¿Piensas volver a hablarme? —preguntó Scarlett al rato.

Linda respiró hondo.

—No lo he decidido aún. ¿Cuándo te enteraste?

Scarlett le relató el hallazgo de la carta en la chaqueta de Colt y cómo se habían dado las cosas en aquellos días.

Linda supo que había juzgado mal a Colt una vez más. La sombra de su primer matrimonio era alargada y le había hecho desconfiar demasiado del hombre. La realidad era que él había tratado de cuidarla, incluso de sí misma.

—Escuchamos, pero no juzgamos —dijo Linda, después de asimilar todo lo que le había dicho su amiga.

—Escuchamos, pero no juzgamos —repitió Scarlett, esperando ver qué le tenía que decir.

—No vamos de compras a Oklahoma City —confesó Linda con una sonrisa.

—¿No? ¿Entonces a qué vamos?

—Voy a ver a Colt.