Amor en Oklahoma EPÍLOGO
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EPÍLOGO

A la siguiente primavera…

Linda sonrió viendo el trigo casi a punto de cosechar. La primavera había sido generosa. El trigo prometía una cosecha excelente, los prados seguían cubiertos de verde, el ganado prosperaba y hasta los pozos parecían recompensar la inversión en su reintubación.

Por primera vez en todo aquel tiempo, todo parecía funcionar al dedillo y se alegró.

Incluso tenía un nuevo vecino, la persona que había comprado el antiguo rancho de Asher.

Alguien tan discreto que hacía su vida sin molestar, todo lo contrario que su exmarido, que ahora cumplía una condena de diez años en una cárcel estatal.

Montó a caballo de nuevo y volvió hasta la casa. Colt sostenía una taza de café en la mano cuando llegó y se apeó del equino, antes de atarlo al poste. El exmarine colocó la taza sobre el extremo superior del madero y tomó por la cintura a Linda.

—Comenzaba a extrañarte —le dijo, besándola en los labios.

—¡Buscaos un hotel! —gritó Jacob, divertido.

—Ya tengo un rancho, Jacob —respondió la mujer, riéndose.

—¡Entonces, casaos de una buena vez!

—Es una opción —dijo Colt, observándola—. Gracias por la sugerencia.

—Voy a ver si Celeste… —comenzó a decir Linda.

—Ha salido, tenía un turno extra —le informó Colt.

—¡Vaya! No necesita trabajar tanto. El rancho va bien.

—Quiere tener su propio dinero y ser autosuficiente.

—Ya lo es, desde hace mucho.

—Tiene planes, ya sabes.

—Lo sé, pero yo puedo ayudarla. Bien, creo que me ocuparé de Misty antes de tomar una ducha y hacer un poco de trabajo de oficina —dijo Linda.

—Yo atenderé a Misty —dijo Colt, ofreciéndose.

—Gracias —Linda se puso de puntillas y le dio un suave beso en los labios al otrora marine.

Linda bajó al despacho sintiéndose fresca, después de una reconfortante ducha. Un bonito ramo de rosas de Oklahoma la sorprendió en la mesa del escritorio. Sonrió y tomó la tarjeta entre sus dedos.

Te he enviado un mail

Te quiero

Colt

¿Un mail? Linda sonrió. La había sorprendido el otoño pasado con algo así. Le regaló un viaje a Hawái.

Volvió a guardar la tarjeta dentro del sobre y se sentó al ordenador. Abrió su cuenta de correo electrónico.

De: Colt Sullivan

Asunto: Propuesta

Mi amada Linda:

Hace algo más de un año desde que nuestros destinos se cruzaron a través de Soldier's Angel primero y más tarde en Kingfisher. Un año que no ha hecho más que mejorar con el paso de las semanas.

Ha habido cosas que he tenido muy claras desde el principio.

Una de ellas es que tú eres mi hogar, Linda.

Creo que lo sentí desde la primera vez que te miré a los ojos y vi lo bonito que había dentro de ti y que anhelaba tener a mi lado.

Durante años sentí que me faltaba algo, no sabía el qué hasta que te conocí.

Ahora solo anhelo una cosa más y espero que sientas que es el momento de ello, tanto como yo lo hago.

Linda Clayton:

¿Me harías el honor de convertirte en mi esposa?

Espero una respuesta tuya y deseo que sea afirmativa.

Tuyo siempre

Colt Sullivan

Linda se sintió emocionada tras la lectura del correo electrónico. ¿En serio le estaba pidiendo matrimonio? Un momento… ¿lo había hecho por mail? ¡No podía ser!

Linda salió de detrás del escritorio, dispuesta a buscarlo para decirle cómo de impersonal resultaba que se lo pidiera de aquella manera. Cruzó el umbral de la puerta y se encontró con Colt esperándola al otro lado, con una sonrisa.

—¿Lo has leído? —preguntó él, frente a ella.

—Lo he leído —confirmó ella.

—Bien —dijo, satisfecho.

—No creo que esa sea la forma de… —no pudo terminar la frase porque el siguiente movimiento del hombre la enmudeció.

Colt posó una rodilla en el suelo y abrió una caja que apareció en su mano. Contenía un anillo sencillo con una piedra rectangular que sobresalía sobre las otras por las que estaba circundada.

—Linda Clayton —comenzó a decir Colt—. ¿Querrías hacerme el hombre más dichoso del mundo y casarte conmigo?

Linda lo miró y tragó saliva. Había comenzado a pensar en aquel momento y no sabía si estaba preparada para él. Lo que sí sabía era que Colt siempre tenía la capacidad de sorprenderla, para bien.

—Sí, quiero —respondió y la sonrisa del exmarine se amplió aún más.

Linda alargó la mano hacia él, que, con algo de nerviosismo, colocaba el anillo en el dedo de la mujer. Después se levantó y se acercó a ella para mirarla intensamente.

—Gracias por dejarme volver a casa. Te amo, Linda.

—Gracias a ti por ser mi hogar. Te amo, Colt —respondió ella antes de fundirse en un tierno e intenso beso que encerraba todo el amor que sentían el uno por el otro.

Instantes después, se oyeron algunos aplausos tras ellos. Jacob, Scarlett y Celeste sonreían mientras aplaudían y los miraban desde el centro del salón de la casa. Sofía estaba con ellos, pero se limpiaba los ojos emocionada, con un pañuelo de papel.

Colt la estrechó entre sus brazos, diciéndole sin palabras cuánto la amaba. Ella a él también.