VISITA
Jacob Vann: Estoy en Kansas. ¿Qué tal si nos vemos?
Colt miró el mensaje del teléfono móvil. Y aunque le extrañó, no dudó en responderle, enviándole la ubicación del rancho.
Se había despedido de Linda para siempre en el correo electrónico que le había enviado el día anterior y no era el mejor momento, pero no iba a despreciar la oportunidad de saber cómo estaba.
No era lo más sano, pero ella le seguía preocupando.
La seguía queriendo y, se temía, que era algo que sucedería durante mucho tiempo.
Jacob no había dicho a qué hora se pasaría y el «estar en Kansas» era demasiado amplio.
Si estaba en Wichita tardaría algo menos de una hora.
Si lo hacía en Kansas City casi cuatro y sería de vuelta a Kingfisher.
Se dijo que Jacob aparecería cuando tuviera que hacerlo y tenía que seguir adelante con su día.
Cuando la camioneta blanca de Jacob enfiló el camino de entrada del rancho casi era la hora del almuerzo y aquello le daría la oportunidad de invitarlo a comer.
Se colocó al lado del camino, esperando su llegada, casi de forma ansiosa.
En esos momentos el capataz del Clayton era el único nexo que existía ahora con Linda. Olvidarla iba a ser harto difícil.
—¡Bonito rancho! —la impresionante figura de su amigo se apeó del vehículo, dirigiéndose a él.
—Obra de mi hermana y ahora de mi sobrino. Es de ellos.
Los hombres se dieron la mano y un medio abrazo, palmeándose las espaldas.
—¿Cómo estás? —preguntó Jacob, observando a su amigo. Reconocía algunos signos bastante similares a los de Linda en su rostro y lucía más delgado.
—Estoy —dijo y se encogió de hombros, dándole a entender que todo lo bien que se podía estar conviviendo con el corazón roto desde hacía semanas.
—Ya veo —convino Jacob.
—¿Cómo está Linda? ¿Está bien? —preguntó Colt y Jacob pareció pensar la respuesta más tiempo del necesario, poniéndolo nervioso.
—Saliendo adelante —respondió, lo que significaba que trataba de luchar día a día, al igual que él mismo lo hacía.
—Ya —Colt se mostró abatido, sintiéndose culpable por aquella circunstancia. La mano de Jacob se posó en su hombro, apretándolo para ofrecerle apoyo. El hombre cogió aire—. ¿Cómo te va todo?
—Bien, con mucho trabajo. Te echamos de menos por el Clayton.
Colt sonrió. Aquel «te echamos de menos» sabía que solo se refería a él.
—Yo también —dijo, sintiendo tristeza y melancolía. Trató de recomponerse—. ¿Qué haces por esta parte de Kansas?
—Viendo camionetas. Estaba pensando en cambiar a mi vieja amiga.
Colt echó un ojo a la camioneta de Jacob. No dudaba que fuera su amiga, pero vieja, no era tan vieja.
—Si lo llegas a decir antes, te la habría comprado.
—He visto algunas cosas y me he animado hace poco. Me gustaría que vinieras conmigo a ver un par de ellas que me gustan bastante, estaría bien tener tu opinión. ¿Qué te parece?
—Estaré encantado de dártela.
—¿Qué tal si te invito a almorzar y luego pasamos el día fuera viendo cosas?
—El almuerzo corre de mi cuenta —le dijo Colt—. Te presentaré a mi hermana y a mi sobrino y almorzarás con nosotros. Luego tomaré una ducha y nos iremos a ver tantas camionetas como desees.
Jacob sonrió y ambos hombres caminaron hacia la casa.