NO SÉ QUÉ… ¿ME AYUDAS?
Linda se levantó antes del amanecer, como siempre. No había dormido ni mucho, ni bien. De hecho, ni siquiera había pisado su habitación. Había permanecido encerrada en el despacho desde la tarde anterior.
Cuando se había mirado al espejo esa mañana, después de tomar una ducha, se dijo que sería otro de aquellos días en los que las gafas de sol más grandes que tenía, serían sus compañeras de camino. Aunque no de momento, el sol ni siquiera había asomado por el horizonte.
Permaneció largo rato sentada en una de las mecedoras del porche delantero. Estaba llena de incertidumbres y dudas. Escribió un mensaje a su amiga Scarlett, pensó que le gustaría que se pasara después del trabajo, aunque sabía que no sería pronto, ya que ni siquiera se había despertado.
Decidió salir del lugar y pasear. Sus pasos la llevaron hasta la casa del capataz, algo que no era difícil, estaba en su misma propiedad, a pocos metros de la suya.
Primero la observó desde fuera, esperando ver alguna luz en ella.
Dio otro paseo por delante de la misma. La volvió a mirar, no parecía haber vida.
Comprobó el reloj y chasqueó la lengua. Era demasiado temprano, incluso para Jacob.
Paseó de nuevo alrededor y esta vez subió las escaleras del porche y apoyó el trasero en la barandilla mientras se cruzaba de brazos.
—¿Por qué demonios llevas una hora rondando mi casa? —Jacob abrió la puerta, descalzo y con solo los vaqueros puestos a medio abrochar y sin camisa.
—Yo no he…
—Sí. Tú sí has —la interrumpió el hombre, algo hosco.
—Lo siento —se disculpó Linda. No había querido despertarlo.
Jacob la miró. No llevaba las gafas de sol puestas, pero no podía ocultar que había llorado. Sintió haberle hablado de aquella forma.
—De acuerdo, entra y cierra la puerta. Haré café.
Linda obedeció y entró con él hasta la cocina. Se apoyó en la encimera, mientras veía al hombre moverse por la estancia, preparando la cafetera.
—¿Buscas algo conmigo? —preguntó, sintiéndose demasiado escrutado.
—¿Qué? —preguntó Linda, confundida con la pregunta.
—Sexo —dijo él, sacando las tazas de café del armario.
—¡No! —Linda puso un gesto casi de asco.
—Mejor.
—Solo… bueno, entiendo por qué Scarlett dice algunas cosas de ti.
Una taza resbaló de la mano de Jacob y cayó de lado sobre la encimera, aunque enseguida fue levantada sin sufrir daños. La altura no había sido demasiada.
—Es demasiado temprano para hablar de Scarly —zanjó el hombre.
—Vale —se extrañó Linda, él nunca había usado el diminutivo para referirse a ella. Quizá solo era eso, demasiado temprano.
—¿Y bien? —Jacob se mostró impaciente.
—Creo que… —Linda se detuvo, pensando si la decisión que había tomado era la correcta o no. Si quería arriesgarse a dar un salto al vacío como aquel.
—Espero que no me hayas despertado una hora antes para no tener nada que decirme —advirtió él, tomando la cafetera de la máquina y sirviendo la primera extracción en las tazas.
—No sé muy bien qué estoy haciendo —suspiró la mujer.
—¿Qué tal si me lo cuentas? —le pasó una de las tazas.
—Se trata de… —se mordió el labio—. Colt.
—Sentémonos.