EVOLUCIÓN
Linda permanecía sentada en el sofá del despacho mientras observaba el ramo de rosas que estaba en la mesa baja, frente a ella. Sofía sabía de sobra dónde pasaba más tiempo en la casa y quería que las tuviera muy presentes.
Había aceptado la invitación de Jacob para tomar una copa y le había advertido que no deseaba hablar.
Pero el que sí habló, fue él. Le contó que un día había encontrado a Colt demasiado abatido y molesto.
Le preguntó sobre el asunto y Colt le confesó que había un secreto que lo estaba consumiendo.
Su capataz interpretaba ahora que se refería justo a su doble identidad, aunque en su momento no le había dado importancia.
—Mierda, Colt —dijo en voz alta, expulsando el aire que había sido retenido mientras rememoraba la conversación del día anterior con Jacob.
Unos nudillos tocaron a la puerta, sacándola de sus pensamientos.
—Adelante —respondió después de respirar hondo.
—Me ha dicho Sofía que no habías querido desayunar —dijo Celeste, entrando por la puerta con una bandeja que contenía una taza de café y un plato con unas galletas de chocolate—. Pero puede que lo que desees sea estar a solas.
Linda esbozó una leve sonrisa, los genes Clayton estaban allí, aunque habían tardado en aflorar.
—Gracias.
—Si quieres algo más… Bueno, si no me lo pides ahora, tendrás que pedírselo a Sofía. Tengo que suplir unas horas extra ahora.
—Me arreglaré, gracias.
Celeste miró las rosas y acarició uno de los pétalos. Después suspiró.
—Ojalá algún día alguien me mire como él lo hacía contigo —dijo, sin pensarlo demasiado. Luego miró a su prima y su serio rostro y se dio cuenta del error—. ¡Perdón! No quise… solo estaba… pensando estúpidamente en voz alta.
Linda tragó saliva.
—No importa —dijo, a regañadientes—. Solo trata de no pensar de nuevo en voz alta.
—Sí, sí, lo siento —dijo, atropellada.
—Olvídalo.
—Me… voy ya —dijo, caminando hacia la puerta antes de detenerse y mirarla desde la entrada—. Te quiero, prima.
Antes de que Linda pudiera abrir la boca para contestar a aquello, la puerta se cerró. Sonrió. La pobre Celeste aún no se había vuelto a relajar del todo en su presencia y puede que tardara aún algún tiempo en aquello. Pero se alegraba de la relación que estaban comenzando a construir.
Había pensado que hacer trabajo de oficina le mantendría la mente ocupada.
Comenzó a leer y contestar correos electrónicos, guardar facturas, hacer otras y navegar para ver cómo estaban evolucionando los precios del trigo en los últimos días en los estados vecinos.
Y luego, sus dedos la llevaron a buscar algo demasiado concreto.
—¡Un nuevo fin de semana en el rancho! —exclamó Scarlett, entrando por la puerta del despacho sin avisar.
Linda se sobresaltó y cerró la pestaña que mantenía abierta, algo que no le pasó desapercibido a su amiga.
—Podrías llamar, ¿no? —se quejó.
Scarlett entrecerró los ojos y sonrió maliciosamente.
—Acaso Linda Clayton, ¿estabas viendo porno?
—¿¡Qué!? ¿En serio, Scarlett? —se mostró ofendida.
—No sé, ya no tienes sexo —explicó, divertida.
—¡Por favor! —Linda se mostró exasperada—. No quiero mantener esta conversación.
Scarlett rio sonoramente y dirigió la mirada hacia la mesa pequeña, frente al juego de sofás.
—¡Oh! ¡Qué bonitas! —exclamó al ver el ramo de rosas rojas, que se le parecieron a otras de hacía algún tiempo.
—Sí —convino Linda.
—Son de… ya sabemos quién, ¿no?
Linda se mostró cansada de repente.
—Colt, Colt, Colt por todas partes —suspiró con un deje de hartazgo—. Sí, son suyas.
Scarlett la miró con curiosidad.
—Esos son muchos Colt juntos, ¿no?
—No te haces una idea —exhaló.
—Todo te recuerda a él —Scarlett se cruzó de brazos, apoyando el trasero en uno de los sofás, mientras miraba a su amiga.
—Solo estuvo un par de meses por aquí y de repente, todas las conversaciones llevan hacia él.
Viene el sheriff; acabamos hablando de Colt.
Jacob me trae a casa tras cosechar; acabamos hablando de Colt.
Celeste me trae un café; más Colt. Seguro que tú también quieres que hablemos de Colt.
Ah, ¡no! Espera; ya estamos hablando de Colt —dijo sarcástica.
Scarlett sonrió.
—De acuerdo, no hablemos de Colt —dijo Scarlett—. ¡Ups! ¡Perdón! He dicho Colt. ¡Maldita sea! Otra vez lo dije.
—¡Idiota! —rio Linda. Tenía que reconocer que su amiga era algo payasa en ocasiones, y en esa ocasión, tenía gracia.
—Así me gusta —volvió a hablar Scarlett, satisfecha por haber conseguido que se riera por primera vez en demasiado tiempo.
—Gracias —suspiró, más relajada.
—Bien, dime. ¿En qué estás trabajando hoy? ¿Has vendido ya el cereal? —Se asomó a la pantalla y echó un vistazo—. Oh, eso no es trigo.
—No, no lo es —dijo Linda—. Ni tampoco es porno.
La pantalla del ordenador de Linda mostraba una búsqueda concreta “Colt Sullivan” y en ella se mostraban dos correos electrónicos sin abrir.
—Pero lo tratas como si lo fuera —convino Scarlett.
—Sí —dijo Linda, dejando el ratón para coger un lápiz entre los dedos y jugar con él.
—Te ha escrito.
—Sí —suspiró—. Casi a diario.
—Solo son dos —objetó Scarlett.
—Borré el resto —explicó ella.
—¡Vaya! —guardó silencio unos instantes—. Sácalos de la papelera de reciclaje.
Linda negó con la cabeza, indicando que había vaciado aquella papelera y que los correos no existían.
—Demasiado impulsiva —le dijo Scarlett.
—No pensaba leerlos.
—¿Y ahora? ¿Leerás esos dos?
—No lo sé —suspiró Linda.
—¿Qué puede pasar si lo haces? Él no sabe si se leen o no.
—Me engañó, Scarly —dijo con dolor, aunque en esta ocasión, Scarlett pudo vislumbrar una sombra de duda en ella. Si no la hubiera, no tendría aquella búsqueda concreta en la pantalla de su ordenador.
—Es algo que no podemos cambiar.
—¡Mierda, lo sé! Me siento… —suspiró—. Siento que hice el ridículo en tantas ocasiones con él. Le hablé de Charlie y él sabía perfectamente quién era Charlie. Y no me lo dijo, nunca lo hizo.
—¿Te has preguntado por qué no lo hizo? ¿Sus motivaciones? —Scarlett actuó de voz de la conciencia.
—Solía pensar que… no sé. Era deliberado, para ejercer algún tipo de control sobre mí. Para tener una cierta ventaja en la relación.
—Pero ya no lo piensas, ¿eso es?
—Creo que… ahora… tengo algunas dudas.
Scarlett sonrió.
—Bien.
—Y puede que… puede que debiera haberlo dejado explicármelo. No haber sido tan obtusa. Pero no había esperado algo así de él y me dolió más de lo que imaginas.
—¿Por qué no lo llamas?
—No —dijo enseguida Linda.
—Te arrepientes de no permitirle explicártelo.
Linda dudó unos segundos.
—Sí —dijo al fin.
—De acuerdo —suspiró Scarlett, tratando de pensar qué podía decirle a su amiga sobre el asunto—. ¿Qué te parece si comienzas por leer ese par de correos electrónicos que tienes ahí? Él no lo va a saber y yo no se lo voy a decir a nadie. Puede que halles algunas respuestas.
—¿Y si no las hay?
—Si no las hay… al menos sabrás que hiciste lo que estaba en tu mano por encontrarlas.
—Gracias, Scarly —dijo Linda. Quería a su amiga, no solo era una mujer algo alocada, sino que ejercía siempre de espejo y le ayudaba a poner las cosas en perspectiva.
—Para eso estamos —sonrió la otra mujer. Ahora te dejaré a solas y buscaré un café en la cocina.
Linda le sonrió agradecida antes de que esta abandonara la estancia y cerrase la puerta tras ella.