¿POR QUÉ?
De: Colt Sullivan
Asunto: Sobre Austin
Era temprano, Linda tocó el teléfono para ver la hora y se topó con aquella nueva entrada en su correo electrónico.
—Descanse en paz Austin, pero tú vas a la papelera, Colt —dijo, antes de que aquel nuevo mail corriera la misma suerte que los anteriores.
Bajó a la cocina, era el día libre de Sofía, pero se encontró a Celeste a los fogones.
—Buenos días, prima —dijo esta, mirándola con una sonrisa.
—Buenos días… ¿esto qué es?
—Hoy es el día libre de Sofía.
—Lo sé —dijo ella, pensando en qué mosca le había picado a su prima.
—He pensado en hacerte un buen desayuno. Sé que tienes mucho trabajo y necesitas que alguien se ocupe de ti.
Linda frunció el ceño. ¿Quién era aquella mujer y qué había hecho con su prima la superficial?
—¿Has usado mi tarjeta por encima del límite? —preguntó.
—No —Celeste ladeó la cabeza y puso los ojos en blanco—. No he tocado tu tarjeta.
—¿Es mi coche?
—No, todo está bien, ¿vale? Quiero ser amable contigo, ¿puedo?
—Sí, claro —dijo Linda, pensando que debía llevar cierto cuidado. La gente no cambiaba así de la noche al día, ¿no?
—¿Qué te parece si te sientas en el porche delantero? Hace un día estupendo para desayunar fuera. Yo me encargo de todo. Tú descansa.
—Vale.
Linda estiraba los músculos del cuello y la espalda mientras observaba el trasiego del rancho delante de ella.
—¡A la mesa! —dijo Celeste, dejando las viandas sobre la superficie. Tortitas, huevos revueltos, bacon y patatas asadas. Zumo de naranja y café con leche.
—Gracias —dijo Linda, aún extrañada con todo aquel despliegue.
—¿Te parece que desayunemos juntas? Si no quieres, no pasa nada.
—Sí, está bien.
Linda observó la comida. Tenía buen aspecto y olía aún mejor. No había pensado que su prima supiera cocinar nada más allá de unos huevos cocidos.
—No le he echado nada raro —dijo Celeste, sentándose frente a ella.
—No es eso, es que no sabía que cocinases tan bien.
—Sofía me está enseñando —dijo, orgullosa de ello.
Linda se sorprendió, Sofía no le había dicho nada. Pero tampoco es que pasara demasiadas horas en casa, ni que estuviera muy comunicativa con prácticamente nadie.
La triste realidad era que seguía pensando en Colt cada día y cada noche, no importaba lo que estuviera haciendo.
Se había acostumbrado a tenerlo siempre cerca, y la verdad era que lo echaba de menos.
En el trabajo, en el día a día y en su cama.
Echaba de menos dormirse entre sus brazos y despertar bajo su intensa mirada.
Los ojos la delataron, la pérdida del hombre dolía igual que el primer día.
—¿Está malo? —preguntó Celeste, viendo el gesto de su prima.
—No, está todo delicioso. Gracias —le dijo, esbozando una sonrisa triste antes de masticar un trozo de tortita con chocolate, tratando de apartar los nubarrones de su mente.
Linda permaneció sentada a la sombra tras desayunar.
Celeste había tomado lugar en los escalones del porche y cerraba los ojos, tomando los primeros rayos del sol de la mañana que llegaban a su rostro.
Ambas habían ingerido los alimentos prácticamente en silencio.
Celeste se mostraba cauta, y le daba el tiempo que le había pedido semanas atrás.
—Gracias por el desayuno —dijo Linda, tratando de sonar amable, o de comenzar por algún lado.
—De nada, te lo has comido todo, así que deduzco que te ha gustado —respondió, guiñando los ojos para mirarla. Después sonrió y volvió a disfrutar de los rayos del sol en su cara.
—¿Trabajas hoy?
—Tengo turno de tarde.
Rato después, Celeste emitió un suspiro.
—¿Qué ocurre? —se interesó por ella.
—No sé si puedo decirlo —dudó la mujer, sentándose erguida, ahora mirando hacia los graneros más allá.
—Adelante —la animó Linda.
—Echo de menos a Colt —dijo la joven y miró ahora a su prima.
—¡Vaya! —exclamó Linda, algo tensa—. Te gustaba mucho, ¿eh?
—No es eso. No como crees.
—¿No?
—Fue el único que creyó en mí en un momento difícil —se refirió a después del incidente de la serpiente—, cuando nadie más lo hacía.
A Linda se le pasó por la mente un pensamiento perverso, algo así como que entre tramposos y falsos se entendían a la perfección, pero lo desestimó. No estaba siendo justa.
—Para mí no era fácil hacerlo.
—¡Oh, no! No quería decir eso —se disculpó inmediatamente—.
Entiendo que no lo hicieras, lo tenía merecido.
Solo que… no sé, hay veces que cuando estás en el fondo del pozo y te das cuenta de todo, necesitas que alguien confíe en ti y…
poder cambiar el rumbo. Y él… bueno… Colt me escribió una carta de recomendación y conseguí el trabajo.
—Voy a estar para ti en adelante —dijo Linda, sintiéndose algo culpable por todo aquello.
Celeste sonrió hacia ella.
—Ya lo haces. Siempre lo has hecho, en verdad. Gracias, prima.