LA VIDA SIGUE
Linda bajó de la cosechadora y le cedió el testigo a Cody, uno de sus trabajadores, mientras que Jacob la esperaba al lado de la camioneta para llevarla a casa. En aquella época cosechaban hasta el momento del punto del rocío y aquello a veces, sucedía bien entrada la madrugada.
—¿Un día duro? —le dijo su capataz, alargándole una botella de agua fría.
—Me duele todo, si te soy sincera.
—Ya te dije que sería complicado hacerlo con dos hombres menos —se refirió a Travis y a Colt.
—Por este año, nos tendremos que conformar con lo que hay.
—O hasta que vuelva Colt —dijo Jacob.
Linda lo miró con los ojos entrecerrados.
—En tus sueños, Jacob —respondió con rotundidad.
—Le vendría bien el trabajo.
—Seguro que encuentra a alguna ranchera con cerebro de mosquito a la que pueda engañar si quiere «trabajar».
Jacob la miró, ceñudo.
—¿Eso es lo que crees que hizo?
Linda se limitó a beber un largo trago de agua, dejando aquella pregunta en el aire. Jacob la siguió observando.
—No va a volver —le dijo, categórica.
Jacob guardó silencio y observó a su jefa y amiga, casi su hermana.
—Scarlett me ha contado el pecado que cometió.
—¡Vaya! Parece que no puede mantener la boca cerrada. Pensaba que os llevabais mal.
—Es complicado —desestimó él, molesto con el tema de Scarlett—. ¿Te has parado a pensar por qué lo hizo?
—Porque es un cabrón mentiroso, como todos los hombres.
—Gracias —dijo Jacob, con estoicidad.
—Sabes que no me refiero a ti —desestimó ella. Jacob entraba en otra categoría de hombre y él lo sabía.
—¿Por qué no hablas con él y se lo preguntas? El por qué lo hizo.
Linda emitió una carcajada, como si estuviera diciendo una chaladura.
—Es tarde, Jacob. Muy tarde para eso. Tuvo su tiempo.
Jacob la miró beber nuevamente, mientras seguía con la vista a la cosechadora manejada por Cody a lo lejos.
—Los pozos de este rancho también tuvieron su tiempo. Sin embargo, ahora han tenido otra oportunidad y ha salido bien.
Linda lo miró, molesta.
—Es la comparación más estúpida que he oído nunca, Jacob —le devolvió la botella y se encaminó hacia el otro lado de la camioneta—. Llévame a casa, necesito una buena ducha y dormir.
El capataz asintió y esbozó una suave sonrisa, sabía que le iba a contestar justo eso. Su jefa seguía arrastrando una tristeza que nunca antes le había visto, desde que Colt había abandonado aquel rancho.
***
—Cualquier día CC traerá a una chica a casa y yo sobraré —dijo Nora, sentada al lado de Colt mientras este conducía hacia los pastos más alejados del rancho, para comprobar que todo iba bien con el ganado que había allí.
—Eres su madre, no sobrarás.
—Soy realista, Colt. Además, me gustaría tener algún reto nuevo.
—¿Como cuál? —preguntó este.
—No sé, me gustaría… comprar un rancho que hubiera que reflotar. No demasiado grande. Aunque supongo que no tengo tanto dinero disponible y no pondría este de aval.
—En ese caso, siempre puedes ofrecerte como capataz en uno así. Si es solo por el reto de reflotarlo…
Nora rio.
—Las cosas han cambiado, pero no tanto. ¿Crees que alguien iba a contratar a una mujer para ese trabajo?
—Tienes buenas referencias.
—Sí, ya —desestimó ella—. Y a ti, ¿qué te gustaría hacer?
—Ya sabes qué me gustaría hacer —esbozó una sonrisa triste, desviando durante medio segundo la vista hacia su hermana.
—Lo siento —se disculpó por su lapsus—. ¿Sigue sin contestar?
—Sí.
—No decaigas. Y aunque suene cursi para ser una cowgirl y tú, un marine, háblale desde el fondo de tu corazón: consejo de hermana y de mujer —le guiñó un ojo.
Colt le tomó la mano y le besó los dedos, agradecido por el apoyo emocional que le brindaba.