Amor en Oklahoma MENSAJES
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MENSAJES

Linda abrió la bandeja de correo electrónico de su ordenador a última hora de la tarde, consultaría si había llegado algo importante antes de ir a la ducha y cenar. No estaba preparada para el único correo nuevo sin leer que allí estaba:

De: Colt Sullivan

Asunto: Perdóname

La mujer entrecerró los ojos con furia.

—A la mierda, Colt Sullivan —dijo, antes de enviar el correo a la papelera de reciclaje y apagar la pantalla del aparato.

***

—¿Cuándo tenías pensado decirme que Colt se había ido? —era la inquisidora pregunta de su amiga Scarlett, entrando en tromba en su dormitorio, mientras que ella terminaba de vestirse para bajar a cenar.

—Hola, Scarly —trató de hablar con calma.

—¿Y bien? —la otra mujer cerró la puerta y puso los brazos en jarras.

—No me sentía preparada —dijo, apretando la mandíbula—. ¿Te quedas a cenar?

Scarlett observó a su amiga, que ahora se pasaba los dedos por dentro del cabello, peinándolo, antes de recogerlo en una coleta alta.

—Sabes que es un cabrón, ¿verdad?

—Sí —suspiró—. Pensaba que nadie podía superar a Asher, pero me equivoqué.

—¡Maldito sea! —exclamó Scarlett—. Me hizo pensar que estaba enamorado de ti y te juro que lo creí. Claro, que… ¿qué se puede esperar de un hombre? Obtienen sus cuatro polvos y un día desaparecen de tu vida sin decir adiós.

Linda miró a su amiga unos segundos.

—Yo fui la que le dijo que se fuera —confesó.

—No… lo entiendo —dijo Scarlett, ahora confusa—. ¿Qué… ha pasado?

Linda respiró hondo y se sentó en uno de los sillones de la habitación. Scarlett tomó asiento en el otro, frente a ella, esperando que su amiga hablara.

—¿Recuerdas a Charlie Sierra? —preguntó Linda al fin.

—Sí —Scarlett tragó saliva y palideció. Aun así, trató de mantener la compostura—. ¿Qué pasa con Charlie?

—Colt Sullivan es Charlie Sierra —Linda soltó la bomba.

—¡Mierda! —exclamó Scarlett y se mordió el labio.

Linda miró a su amiga, habría esperado una explosión mayor ante una noticia de tal calibre. Se dijo que quizá estaba siendo demasiado susceptible y simplemente era que no encontraba palabras a aquello.

—He sido estúpida, Scarly. ¿Cómo no me di cuenta antes? Las similitudes entre las dos historias. El ramo de rosas, el plantón en Oklahoma City. ¡Maldita sea! ¿Por qué demonios iba a aparecer alguien como Colt justo en mi rancho?

Scarlett pensó qué decir, ella ya sabía todo aquello, porque Colt se lo había confesado cuando le tendió la trampa. Y lo que no le había dicho, lo había adivinado por su cuenta.

—¡Dios, Linda! —exclamó sin saber qué más decir—. ¿Te lo ha dicho él?

—No, maldita sea. Probablemente ni siquiera pensaba hacerlo nunca. Iba a mantenerme engañada todo el tiempo, mientras me escribía mails de disculpa cuando faltaba a una cita.

—¿Y cómo te enteraste?

—Encontré la carta que le escribí a través de Soldier's Angel entre sus cosas.

—¿Lo estabas registrando? —se extrañó Scarlett.

—Fue casual. Él estaba en la ducha, íbamos a ir a cenar al pueblo. Nuestra primera cita de verdad —dijo con dolor—. Un cajón de la cómoda no cerraba, había catálogos de maquinaria que lo atascaban y un absurdo libro meteorológico de Kansas. La carta estaba dentro de él.

—Guardó tu carta.

—Supongo que tendrá más de otras mujeres.

—O no.

—Me da igual —desestimó, levantándose del sillón para ir hacia la ventana y cruzarse de brazos mientras miraba hacia la oscuridad que se cernía en el exterior—. No es justo, ni limpio. Él jugaba a dos bandas.

—¿Te dio sus motivos?

—Me importan una mierda, llevaba meses viviendo bajo este techo. Tuvo cientos de oportunidades de decirlo.

—Entonces no dejaste que se explicara —dijo Scarlett.

—¿Y qué demonios podía decirme?

—No lo sé, Linda. Pero a veces es bueno escuchar. En ocasiones no es todo como parece a simple vista.

—¿En serio estás defendiéndolo? Si lo primero que le has dicho ha sido «cabrón» —Linda subió una ceja y miró a su amiga.

—Yo solo digo que quizá había algo más y que no pasaba nada si lo escuchas durante cinco minutos.

Linda respiró hondo y entrecerró los ojos, mirando a su amiga.

—¡Linda! —la imagen de una Celeste demasiado asustada apareció ante ellas en la puerta.

—¡Joder! —exclamó Scarlett, fijándose que una gran mancha de sangre se extendía por la entrepierna de la prima de su amiga.

***

Colt miró a los caballos que estaban dentro del cercado del rancho de su hermana.

Había tomado una ducha y la cena tardaría en estar lista.

¿Qué estaría haciendo Linda en aquel momento?

Quizá sonriendo porque los pozos funcionaban.

Ella había tenido sus temores acerca del asunto, pero él había hablado largo y tendido con algunos ingenieros y, con los datos que manejaban del estudio, el lugar prometía décadas de extracción a gran presión.

Se alegraba por ella, solo que le habría gustado vivirlo a su lado.

No por el dinero, sino porque estar con ella había sido lo más valioso que había vivido en muchos años.

Respiró hondo, tratando de alejar el dolor del pecho que lo carcomía desde hacía demasiado tiempo.

—La cena estará lista en cinco minutos —dijo Nora, llegando a su lado y deslizando un brazo por el torso del hombre, para colocarse a su lado.

—Bien. Estaba echando un ojo a tus caballos, son grandiosos.

—Gracias. Es obra de CC.

—Le has enseñado más que bien.

Ambos guardaron silencio mientras miraban hacia los ejemplares.

—¿Le has escrito? —preguntó Nora.

—Ajá.

—¿Y?

—Nada.

—Continúa haciéndolo. Es una orden.

Colt sonrió y le pasó el brazo por los hombros antes de besarla en la sien. El rancho de su hermana siempre había sido una buena opción para obtener refugio. Allí, al menos, no tenía que fingir que todo iba bien.

***

Linda paseaba nerviosa por la sala de espera.

Tenían programada la maldita cita médica justo para el día siguiente y ahora…

¡Dios! Esperaba que Celeste estuviera bien.

Seguía molesta por lo que había hecho, pero también sentía compasión por su prima, en las últimas semanas era poco menos que un alma en pena vagando por el rancho.

Aquel era el sello de Asher Granger, maldito fuera.

Al menos, ahora sabía que estaba a buen recaudo y pronto sería juzgado por sus fechorías.

—Si continúas así, abrirás una zanja en el suelo —le dijo Scarlett, que seguía acompañándola, a pesar de que se había hecho demasiado tarde.

—No sé por qué tardan tanto —dijo Linda, dejándose caer en una de las sillas, echándose hacia delante para colocarse las manos en la nuca.

—Están haciendo su trabajo, y supongo que estarán realizando algunas pruebas. Querrán tener el resultado antes de decirte nada, esto suele tardar.

—Pues no me tranquiliza.

—Pensaba que estabas furiosa con ella.

—Estar furiosa no es desearle el mal, ¿sabes?

—Ya no estás tan enfadada, Linda Clayton —le dijo Scarlett y sonrió.

—Es mi familia. Solo eso —desestimó ella, haciéndole ver que ella solo cuidaba de los de su sangre.

—Tu prima estaba sufriendo porque ni siquiera la mirabas.

—Scarly, de repente estás de parte de todos mis enemigos. Primero Colt y ahora Celeste. ¿Acaso quieres formar parte de ese listado?

—Espero que no —sonrió—. Además, creo que ninguno de los dos son tus enemigos.

—Pues lo han disimulado muy bien.

—Han sido dos personas que han cometido algunos errores. He hablado con Celeste en el pueblo y no estaba bien.

—Las consecuencias de sus actos.

—Se está redimiendo, Linda. Está cambiando y se está esforzando de verdad en el supermercado. Quiere que estés orgullosa de ella.

—Parece que te estás convirtiendo en su mayor fan.

Scarlett sonrió.

—Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.

—No siempre —dijo Linda.

En realidad, ya no estaba tan molesta con Celeste como le estaba diciendo a su amiga, era solo que… a veces, como le decía Jacob, podía ser demasiado obstinada. Y le costaba reconocer algunas cosas.

—Va a estar bien —habló de nuevo Scarlett, tranquilizando a su amiga—. Y sé que tú la vas a cuidar.

***

De: Colt Sullivan

Asunto: Lo siento, Linda

—¡Por favor! —exclamó airada Linda al recibir la alerta del correo electrónico de Colt en su teléfono móvil. Entró en la bandeja. No quería cometer el error de abrirlo sin querer y lo mandó a la papelera—. Pura basura.

—Mmmm —se desperezó Celeste en la cama del hospital, escuchando el exabrupto de su prima—. ¿He hecho algo mal?

—No, cielo —le dijo, dándose cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, usaba un diminutivo cariñoso con su prima. Se acercó hasta el lecho.

La joven miró a su alrededor y fue consciente de lo que había sucedido el día anterior.

—¿El bebé? —se tocó el vientre, instintivamente.

—No hay bebé —informó Linda.

—¿Lo he perdido? —el rostro de Celeste mostró dolor.

—No, no es eso. No estabas embarazada.

—Me dolían los pechos y estaba hinchada. Especialmente los últimos días.

—Era la menstruación.

—Pero… hacía casi dos meses que no me bajaba. No puede ser.

—Te asustaste tanto con… lo que pasó —hizo una pausa—. Que, se te había retirado durante este tiempo. A veces pasa. A mí también me ha pasado.

—¿En serio? ¿Te ha pasado? —preguntó de forma inocente.

—Cuando murió mi padre. Durante seis meses. Y también fue bastante explosivo a la vuelta, como te ha ocurrido a ti.

—¡Oh, Dios! —exclamó, aliviada y luego pensó en lo que acababa de decir y cómo—. Es decir, lo siento. Lo siento por ti, por lo que te pasó. Solo que, me alegro, por mí.

—Sí —Linda esbozó una tímida sonrisa—. Yo también me alegro de que haya sido así.

—¡Creo que nunca me había alegrado tanto de tener la regla!

—Apuesto por ello —dijo Linda, sonriendo. Caminó hacia la ventana y observó el amanecer.

—No quería tener un hijo de Asher —confesó la mujer y reflexionó—. Pero tener un bebé habría estado bien. Alguien a quien cuidar y querer. Y que también te quiera a ti, eso es bonito.

Linda miró a su prima, que más que contárselo a ella, parecía estar pensando en voz alta. Sintió un pinchazo en el corazón con aquella última parte «que también te quiera a ti». Entendía el sentimiento.

Su tía Esther no era lo que se podía decir una madre amantísima, quería a Celeste, pero a su manera.

Tan a su manera, que casi nadie que las conociera bien podría decir aquello.

Y la joven, en el fondo, y especialmente desde que vivía en Kingfisher, solo había buscado aceptación y cariño.

Primero, de las redes sociales en las que pasaba horas creando contenido con no demasiado éxito, después de ella misma, de Colt incluso y más tarde de Asher.

De ello se había valido aquel cabrón para engañarla y usarla.

Y ella había estado tan ocupada con sus problemas que no había llegado a verlo, posponiendo mil veces el conversar en profundidad con la joven.

—Es una gran responsabilidad —habló Linda, después de carraspear—. Pero algún día pasará y con la persona adecuada, ya lo verás.

Celeste se limitó a sonreír y asentir. Luego, guardó silencio.

—Gracias —habló rato después—. Por estar aquí, conmigo.

—Somos primas —dijo Linda, evitando ponerse demasiado sensible—. En cuanto venga el médico seguro que nos podremos ir a casa a descansar.

—¿Y mi trabajo? ¡Tengo que avisar!

—Ya lo he hecho yo, tranquila. Te van a dar unos días libres.

Celeste sonrió agradecida hacia su prima.