COMIENZOS
Sterling Hayes apareció de buena mañana el día en el que todo estaba listo para la primera extracción del petróleo de los dos pozos del rancho.
Nunca hubiera imaginado que alguien como él se tomase la molestia.
Linda estaba convencida de que otros negocios lo retenían en la zona.
La escena era lo más parecido a una inauguración que pudiera haber imaginado y a pesar de la confianza en los ingenieros, supo que todos estaban tensos cuando llegó el momento del acontecimiento.
—¿El señor Sullivan no nos acompañará hoy? —preguntó el CEO de Cimarron Oil, colocándose a su lado.
—Colt está de viaje —dijo Jacob, colocado al otro lado de Linda, evitándole responder a la mujer. A él no podía engañarla, estaba mal, tan mal como el exmarine cuando había abandonado el rancho. No se había separado de las gafas de sol desde hacía días.
—Pensé que no se perdería este momento —añadió Sterling.
—Es… un asunto familiar —volvió a hablar Jacob, actuando de portavoz de Linda.
—¡Una pena! —se lamentó Sterling—. Si me disculpan, llegó la hora.
Linda y Jacob asintieron con la cabeza, mientras el CEO se acercaba a los ingenieros.
—Gracias —murmuró Linda hacia el capataz, cuando el otro hombre se marchó.
—No sé qué ha pasado, pero… trata de no ser cabezota —supo que se refería a lo que había pasado con Colt.
—No es eso —respondió Linda.
—Está bien —convino el hombre.
Sterling les dirigió una sonrisa y puso el pulgar hacia arriba.
Linda le devolvió el gesto, él asintió con la cabeza hacia un ingeniero y aquel hizo algo en un ordenador.
Oyeron algo retumbando bajo los pies, después el sonido se detuvo y los ingenieros miraron atentamente hacia la pantalla del ordenador.
Un siseo y un olor a gas fue lo siguiente que sintieron.
Linda arrugó la nariz. ¿Aquello era una buena señal?
Se fijó en Sterling y vio que este sonreía.
Era bueno, sin duda. Oyó hablar sobre la presión.
¿Sería la adecuada? Se había rendido a aquel negocio del petróleo, y a riesgo de parecer codiciosa, esperaba que fuera la correcta.
La sonrisa de Sterling se ampliaba conforme pasaban los minutos.
El hombre se acercó al manómetro de la cabeza del pozo y comprobó la presión de forma analógica antes de dirigirse hacia ellos de nuevo.
—Estabas sentada sobre una buena balsa de crudo. Habrá que esperar un tiempo para ver si los datos continúan así, pero todo hace indicar que hay petróleo para que te jubiles más que cómodamente. Felicidades.
—Es una buena noticia —dijo. La mejor noticia que recibía desde hacía demasiado tiempo.
Sterling le tendió la mano y ella se la estrechó.
Después volvió con el resto de personal del pozo.
Una vez estuvieran en marcha los dos pozos y asegurasen que todo iba como la seda, solo quedaría el personal de mantenimiento que pasaría de tanto en cuanto por el lugar o si surgía algún problema puntual.
—Felicidades, Linda. Eres una mujer rica —dijo Jacob a su lado y le pasó un brazo por los suyos, apretándola contra sí.
Apreciaba su compañía, pero había pensado que en aquel momento sería Colt quien estuviera a su lado, celebrando el primer día de extracción de petróleo.
Un negocio que había sido obra de ambos en el fondo, ya que él la había acompañado a las negociaciones.
Allí donde habían conocido el bourbon Balmorhea.
También la había acompañado durante el estudio de la tierra y se había encargado de controlar la reintubación de los pozos.
La emoción se cerró en su garganta y una lágrima le resbaló por la mejilla.
No era por el petróleo, era porque él no estaba allí.
Los labios de Jacob se posaron en su sien, consolándola.
Ella se giró y escondió la cabeza en el pecho del hombre, abrazándose a él, que le pasó la mano por la espalda, tranquilizador.
A continuación, Linda se separó sin mediar palabra y comenzó a caminar hacia la camioneta.
Jacob la miró, hablaría con ella más tarde.
Después miró hacia el resto y observó cómo el CEO de Cimarron Oil observaba a su jefa.
Se despidió de él con dos dedos en el sombrero para abandonar el lugar.
***
Colt miraba al horizonte cuando este ya era solo una leve línea naranja.
Un día más terminaba en el rancho Sullivan.
Había trabajado hasta la extenuación, luego tomó una ducha y cenó.
Después, había expresado su deseo de retirarse para irse a dormir temprano.
O al menos tratar de hacerlo. Pero no fue sencillo; no lo consiguió y decidió salir al porche a respirar el frescor de la noche.
—Sé que lo que vivís allí es duro —habló Nora desde atrás. Caminó hasta el lugar donde estaba sentado y se colocó a su lado en las escaleras.
—Así es.
—Siento lo de Austin.
—¿Lo sabías?
—Su esposa me llamó hace meses —confesó ella—. Supongo que los dos teníais los contactos de emergencia de ambos. Estaba preocupada por ti.
Colt sonrió sin humor. Le pareció irónico que, a pesar de su dolor, hubiera tenido la delicadeza de preocuparse por él.
—Es una buena persona —dijo Colt.
—Lo es. La invité al rancho y ha venido un par de veces con los niños a pasar unos días.
—No lo sabía —se sorprendió el hombre—. Pero gracias, seguro que les vino bien.
—No tienes nada que agradecer —Nora entrecruzó un brazo con el de su hermano y apoyó la cabeza en su hombro—. ¿Dónde has estado este tiempo que llevas fuera de los marines?
—¿También sabes eso?
—Soy rubia, pero no estúpida, querido hermano —sonrió, frotando su nariz con la camisa del hombre—. ¿Qué has hecho este tiempo?
—En Oklahoma. Trabajando sin el Tío Sam.
—Aquí teníamos trabajo de sobra para ti, ¿sabes?
—Es tu rancho, Nora.
—Bueno —suspiró—. Creo que ya es más de CC que mío, pero me has entendido perfectamente.
—Conocí a alguien —confesó.
Nora sonrió.
—Sabía que había alguien. Demasiada melancolía la tuya, hermano. ¿Cómo es ella? ¿O… él? No te juzgaré —prometió.
—Es ella —Colt sonrió—. Me siguen gustando las chicas, ¿sabes?
Nora rio y Colt se animó.
—¿Cómo la conociste? —ahora pasó las dos manos por el brazo de su hermano y esperó con ansia conocer la historia.
—¿Has oído hablar del programa Soldier's Angel?
—¿En serio? No pensé que eras tan romántico, hermanito.
—No es lo que piensas —sonrió nuevamente y se puso serio a continuación—. Austin había muerto hacía unas semanas y alguien me dio un paquete del programa. Supongo que para animarme.
—Lo siento —se arrepintió Nora.
—No, no importa —la besó en el pelo—. Había una carta y una caja de galletas de jengibre caseras. Era Navidad y, aunque parezca una locura, fue significativo para mí. Una desconocida dándole ánimos a alguien al otro lado del mundo y horneando galletas para él.
—Me cae bien —dijo Nora.
—Sí —sonrió Colt—. Había una dirección de correo electrónico y le escribí para agradecérselo y decirle lo importante que había sido justo en ese momento.
—Y ella respondió una vez más —supuso Nora.
—Ajá. Y yo lo volví a hacer y durante meses mantuvimos el contacto.
—¿A ver si lo adivino? Es de Oklahoma.
—Así es. Cuando salí decidí que debía ir en persona a decirle que gracias a sus cartas seguía cuerdo y vivo.
—¡No me digas que estabas comenzando a enamorarte! —exclamó Nora Sullivan emocionada.
—¿No crees que estás corriendo demasiado? Ninguno de los dos había visto siquiera cómo era el otro físicamente.
—El amor es ciego —canturreó—. ¿Y qué pasó? ¿Un flechazo? Quedasteis en la parada del autobús, ella corrió hacia ti y la estrechaste entre tus brazos, besándola con pasión.
—¿De dónde demonios sacas esas cosas? —se extrañó él, frunciendo el ceño.
—Tengo cuarenta y dos, pero estoy viva, ¿sabes? Sigue contando, no te escaquees.
—No le dije que iba a ir.
—¿En serio? —el tono fue de reproche.
—Ya sé lo que me vas a decir.
—Muy mal, Colt. Apuesto a que querías verla tú antes, para saber si era tu tipo.
—Apostarías y perderías. Solo que no estaba seguro de que fuera una buena idea porque… nunca he creído en esas cosas de escribirte con alguien que no conoces.
—Da igual, ¿la encontraste?
—La encontré casualmente, sí.
—¿Y?
—Me pegaron un tiro.
—¿¡Qué!? —Nora se separó de su hermano y lo miró con el ceño fruncido.
—Fue un rasguño. Lo prometo.
—Me gustaría saber cuándo alguien te hace un rasguño, Colt. Sigo siendo tu familia, aunque no te hayas acordado de mí en los últimos cinco años.
—Cuatro —la corrigió.
—Lo que sea —dijo, ceñuda.
—¿Quieres saber cómo sigue? —trató de distraerla de lo anterior.
Ella lo miró con los ojos entrecerrados durante unos instantes.
—De acuerdo. ¿Qué pasó? —dijo de mala gana.
—El tiro era para ella.
—¡No! ¿Quién querría hacerle tal cosa?
—No lo sé.
—¿Y qué pasó?
—Después de un breve paso por el hospital —dijo para tranquilizar a su hermana—, me llevó a su casa.
—¿Y ahí surgió toda la magia?
—Con el tiempo, sí —sonrió con melancolía.
—¡Ohhh! —volvió a coger a su hermano del brazo para hablarle de forma suave—. ¿Y qué ha pasado?
—Que cometí un error —suspiró—. La engañé. No le dije que yo era el marine de Soldier's Angel.
—¡Mierda, Colt! —se lamentó su hermana, apoyando la cabeza de nuevo contra él.
—Sí, mierda —miró al suelo.
Nora meditó sobre aquello, su hermano tenía el corazón roto. Lo había visto abatido desde su llegada, a pesar de que trataba de disimular, pero ahora sabía que no era solo por la pérdida de su compañero, sino que también era por la pérdida de una mujer.
—¿Cómo se llama? —preguntó en voz baja.
—Linda. Linda Clayton —respondió.
—Estoy segura de que a Linda se le pasará.
—Yo no apostaría por ello —negó él.
—¿Estás haciendo algo para que te perdone?
—No. Solo hice lo que me pidió: irme. Y aquí estoy.
—¿La has llamado?
—Me colgaría, si es que llega a cogerme.
Nora pensó un poco más.
—¿Por qué no le escribes? Algo así como comenzó todo.
—Borrará mis correos electrónicos sin leerlos siquiera.
—Eso no puedes asegurarlo. ¿Sabes si ella… te quería?
Colt recordó el último mail que le había enviado a Charlie Sierra, en el que por primera vez confesaba sus sentimientos. Ella lo había querido, lo leyó en sus ojos días atrás. El problema era que no sabía si aún seguía existiendo algo de aquello, o él lo había destruido con su mentira.