SOLEDAD Y TRAICIÓN
Había corrido escaleras abajo después de la conversación con Colt y se había encerrado en el despacho del rancho.
Tomó asiento en el sillón del mismo y miró por la ventana las últimas luces del atardecer.
Su mente comenzaba a cuadrar las similitudes entre Colt y Charlie y aquellas casualidades, como la cita en Oklahoma City que no se llevó a cabo, el ramo de rosas que él tenía listo para ella justo el mismo día o tantas otras cosas, como que el otro marine le escribiera días después para disculparse por no ir.
Solo que no había otro, sino que siempre había sido solo uno.
Charlie Sierra y Colt Fisher eran la misma persona.
¡Maldito fuera! Había jugado con ella todo aquel tiempo.
La había engañado durante meses. ¿Cuántas veces la había mirado sabiendo algo que ella ignoraba?
¿Cuántas conversaciones habían tenido mientras Colt conocía toda la verdad y ella ninguna?
¡Maldito mil veces! Incluso habían hablado de Charlie.
Había confiado en él y no dejaba de ser una rata de alcantarilla como el propio Asher, a pesar de que este tratara de advertirle sobre Colt.
O quizá no fuera como su exmarido. Puede que fuera peor.
Porque de Asher esperaba las mentiras, de Colt no.
***
Colt miró a la pared del dormitorio durante horas.
Linda estaba furiosa y aunque en su interior había mantenido la esperanza de que pudiera llegar a comprenderlo, la conversación no había surgido como él la había planeado.
Por una vez, haría lo que ella le había pedido, se marcharía, a pesar de no saber si volvería a tener ocasión de hablar con ella.
Le habría gustado hacerlo de otra forma y explicarle los motivos por los cuales aquella verdad permaneció oculta durante más tiempo del necesario.
Pero de momento, conociéndola, sabía que tenía que abandonar el rancho lo antes posible.
Miró a su alrededor. Durante unos meses, creyó haber encontrado un hogar.
Ahora comprendió que lo estaba perdiendo.
***
Linda contuvo la respiración al escuchar cómo se cerraba la puerta de la casa horas después.
Cerró los ojos y tragó saliva. Solo podía ser Colt, había esperado justo hasta el amanecer, la hora límite que ella le había impuesto.
Seguramente el muy malnacido había tenido una agradable noche de sueño, mientras que ella permanecía en vela encerrada en el despacho.
¿Dónde iría ahora? Le importaba una mierda.
Lo que quería era que estuviera lejos de ella y de su rancho.
***
Colt portaba al hombro el petate militar con el que había llegado a Kingfisher meses atrás.
Iba más lleno y más pesado. En cambio, su corazón iba más vacío.
Miró hacia la casa, esperando vislumbrar la figura de Linda en alguna ventana o que, en el último momento, quisiera que hablasen, pero sabía que se estaba engañando. La conocía, y no iba a suceder.
—¿Qué haces con eso? —preguntó Jacob, tras observarlo con el equipaje.
Colt dejó de observar la casa y se giró hacia el lugar desde donde provenía la voz del capataz, que se acercaba a él.
—Me voy —articuló las palabras con dolor impreso en ellas. Caminó hacia la camioneta, desbloqueó las puertas y lanzó el petate en los asientos traseros de la misma.
—Linda no me ha dicho nada sobre que os fuerais de viaje —observó Jacob.
—No —suspiró Colt y volvió a apretar la mandíbula—. El que se va soy yo.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, sabiendo por su rostro que no se trataba de un viaje de negocios, y que se estaba refiriendo a que se iba del rancho.
Colt bajó la cabeza y negó con ella, haciendo una mueca con la boca, sin encontrar las palabras adecuadas para explicar lo que había pasado. Jacob supo que el hombre que tenía frente a él estaba roto por dentro.
—Sea lo que sea, se le pasará —volvió a hablar el capataz—. Linda es cabezota y necesita algo de tiempo para reflexionar, pero lo hace.
—No, me temo que esta vez no, Jacob —lo contradijo—. La he cagado, mucho.
El hombre permaneció en silencio mirando al que se había convertido en su amigo y su mejor compañero de trabajo en aquellos últimos meses y supo que algo demasiado grave había pasado entre los dos.
—Puedes quedarte en mi casa —le ofreció.
—Te echaría a ti también, pero gracias.
—¿Dónde vas a ir?
—Supongo que… no sé… a casa de mi hermana. Tiene un rancho en Winfield, Kansas.
Jacob extendió la mano hacia Colt, sentía su pérdida. Había conocido a pocos hombres tan íntegros como él.
—Ha sido un placer, capitán Sullivan.
—El placer ha sido mío, Jacob.
El capataz posó una mano en el hombro de Colt y lo apretó con afecto.
—Cuida de ella, por favor —le pidió antes de volver a apretar la mandíbula una vez más.
Jacob asintió con la cabeza y Colt subió a su camioneta antes de arrancar y saludarlo con la mano para despedirse.
***
Linda observó la escena desde la ventana del despacho.
Había permanecido toda la noche allí, le dolía el pecho desde que había hablado con él arriba, pero hasta el momento en el que la camioneta de Colt enfiló despacio por el camino de salida del rancho no había llorado.
Fue entonces cuando las lágrimas comenzaron a resbalarle por las mejillas.
Había querido que se marchara. Se lo había exigido.
Sin embargo, verlo abandonar el rancho hizo que sintiera que algo dentro de ella se rompía.
Sí, él la había traicionado, pero acababa de perder al único hombre con el que había comenzado a imaginar un futuro.