Amor en Oklahoma CORREO DE VUELTA
78%

CORREO DE VUELTA

Asher había pagado la fianza y estaba fuera de la cárcel a la espera de juicio.

Extrañamente había puesto en venta su rancho, aunque con el paso de los días comenzaron las habladurías sobre que estaba en bancarrota y que los negocios no le habían ido nada bien en los últimos tiempos.

Eso podría explicar muchas cosas, quizá el que estuviera tan desesperado por tratar de acercarse a ella o que pareciera que había perdido el juicio los últimos días que se habían visto en el pueblo y por supuesto, su comportamiento aquella última vez.

No obstante, Linda ya no tenía de qué preocuparse, ya que el sheriff había pedido una orden de alejamiento de emergencia para ellos y sabía que la cumpliría.

***

Linda miró por la ventana, vio a Colt riendo con Jacob mientras se bajaban de los caballos y sonrió.

Había necesitado de la locura de Asher para darse cuenta de sus verdaderos sentimientos por el exmarine.

Y sí, aquello que sentía en el estómago no era ni hambre ni indigestión.

Eran mariposas, y tal como había dicho Scarlett, Colt las había puesto allí.

Estaba enamorada de él. Pero en esa ocasión de verdad, no como cuando creyó estarlo de Asher.

Era diferente y muy agradable sentirse de aquella manera por primera vez en su vida.

Y no solo era en el estómago, sino que cada vez que Colt la miraba, como solo él sabía hacerlo, sentía algo más en el pecho, una especie de oleada que la privaba de aliento de una forma demasiado agradable para ser explicada.

Se mordió un labio y sonrió antes de echarle una última ojeada al hombre. Tenía que ponerse a trabajar y dejar de suspirar por un chico como una adolescente.

Se sentó al ordenador y revisó el correo electrónico, tras contestar a un par de ellos para recibir catálogos de alguna maquinaria nueva que deseaba adquirir para el rancho, los pasos del ratón la llevaron hasta el correo de Charlie Sierra y lo leyó una vez más.

De: Charlie Sierra

Asunto: Lo siento tanto, Linda

Querida Linda:

Sé que probablemente estás muy enfadada y lo comprendo si así es.

Te prometo de todo corazón que habría querido estar contigo en Oklahoma City, darte las flores que te había comprado y haber compartido una agradable cena juntos.

Pero ese día, las cosas se complicaron en el último momento y sucedió algo que me impidió llegar hasta ti o tan siquiera avisarte de mi ausencia hasta ahora.

Sabes cómo es mi vida y que, desgraciadamente por el momento, no puedo contarte el motivo de lo sucedido. Pero te prometo que, si me das una oportunidad más adelante, lo haré. Tendrás todas y cada una de las explicaciones y tendremos la cita que nos merecemos.

Tuyo, siempre.

C. S.

Ya no estaba enfadada con él. Todo lo que pasaba en la vida siempre era por algo.

Aquel plantón de Charlie, aunque resultó doloroso en su momento, pasó por algo.

Ahora sabía que ese algo para ella era Colt.

Tenía que cerrar aquel capítulo y en cierta forma agradecerle que la hubiera ayudado en una etapa complicada.

De: Linda Clayton

Asunto: Gracias por nuestro tiempo

Querido Charlie:

No voy a negar que estuve muy enfadada en su momento cuando me diste plantón en Oklahoma City. De hecho, tardé semanas en leer tu correo electrónico. Y he tardado algunas más en contestarlo. Si ahora lo hago es porque, llegados a este punto, mereces que sea justa contigo.

Me gustaría agradecerte nuestro contacto durante todos aquellos meses en los que nos escribimos con asiduidad.

Créeme que tus mensajes fueron muy importantes para mí, en un momento en el que necesitaba a alguien, apoyándome de la forma en la que tú lo hacías.

Espero que los míos significaran algo similar para ti.

Siempre será un bonito recuerdo, o al menos por mi parte así será, ya que creo que lograste que volviera a confiar en alguien y tener la ilusión de encontrar tus palabras en un correo cada pocos días.

Como desde hace algún tiempo nuestros mensajes se comenzaron a espaciar demasiado (quizá fue culpa de tu trabajo, de mi vida o de ambas cosas), creo que debo ser justa contigo y actualizarte cómo ha ido todo por el rancho en los últimos meses.

Te hablé de alguien que apareció en mi rancho hace un tiempo, un marine, como tú. Él fue piloto y perdió a alguien. Me temo que es algo demasiado común en vuestro trabajo, desgraciadamente.

No sé si hay alguna forma de decir esto de una manera suave, probablemente no, pero, siendo honesta, tengo que hacerlo de forma directa:

Él forma parte de mi vida actualmente. Me ha costado mucho llegar a reconocer lo importante que es para mí, pero lo he hecho al final y siento que, por primera vez en mucho tiempo, respiro de otra forma y comienzo a ser feliz, pero de verdad.

A veces me descubro a mí misma sonriendo sin motivo aparente.

Espero que esta noticia te agrade, o si no lo hace en principio, deseo que encuentres a alguien en tu vida, al igual que yo lo he hecho.

Deseo que esto no afecte al cariño que nos hemos tenido durante todo este tiempo.

Si alguna vez vuelves a Oklahoma, escríbeme.

Estaría encantada de ponerte cara al fin, tomar una copa y por supuesto presentarte al que ahora es mi exmarine más especial.

Estoy convencida de que os caeríais bien y podríais compartir algunas anécdotas militares, de esas que no son ultrasecretas.

Tu amiga

Linda Clayton

Linda releyó el correo electrónico y se dijo que a pesar de que cambiaría cosas en él, terminaría contando lo mismo y la primera idea siempre es la mejor en ese tipo de situaciones.

Unos nudillos tocaron a la puerta y minimizó la pantalla del ordenador; era Colt.

—Hola —la saludó él—. ¿Ocupada?

—Para ti nunca —sonrió Linda, levantándose del asiento y saliendo de detrás del escritorio para acercarse a él—. Estaba solicitando unos catálogos de maquinaria.

—Bien. Harás feliz a Jacob, se preguntaba cuánto tiempo tendría que seguir arreglando algunas cosas.

—Por primera vez en mucho tiempo, parece que podremos permitírnoslo.

Colt se acercó a Linda y le colocó las manos en la cintura para atraerla hacia él.

—Gracias a tu excelente gestión —la alabó.

—Y a que ha llovido en la última parte de la primavera —respondió, estirando los brazos para pasar las manos por detrás del cuello del hombre.

—¿No crees que es hora de que tengamos una cita?

—Tuvimos una —recordó ella, con una sonrisa en los labios.

—Y estuvo muy bien, pero me refiero a algo más formal. Tú y yo, una cena en un sitio bonito, un par de copas, algo de baile. ¿Qué te parece? —Colt se acercó a Linda y le acarició la nariz con la suya.

—Que suena muy bien —susurró Linda, mirando los labios del hombre. Él sonrió, entendió el gesto y la besó con intensidad.

Las mariposas volvieron a revolotear por el estómago de Linda. Le encantaba aquella sensación.

—Me gustaría contarte algunas cosas de mí —dijo, acariciándole el rostro a la vez que la miraba, ahora serio.

—¿Algo como que en realidad estás casado y tienes cinco hijos? —bromeó Linda.

—No —Colt negó con la cabeza, divertido—. No lo estoy y, que yo sepa, no tengo hijos.

—Scarly siempre ha dicho eso de cualquier tipo desconocido que se ha acercado a mí —sonrió Linda.

—Scarlett tiene una gran imaginación. Pero, ¿sabes? pretendo casarme una sola vez —expresó él.

—Me temo que yo llego tarde a eso.

—En tu caso, estoy seguro de que la segunda será la buena.

Colt sintió que Linda se tensaba con la mención del asunto, quizá porque recordaba a Asher y su error o puede que todavía estuviera algo reticente a mirar hacia el futuro con él.

—No creo que quede mucho por descubrir de ti —volvió al tema anterior, más seguro.

—Pues sí queda. Sobre lo otro, para tu tranquilidad, no te lo voy a pedir —esbozó una sonrisa—. Aún.

—Colt —se quejó ella y bajó las manos del cuello del hombre.

—Soy un hombre paciente. Ven aquí —la tomó del rostro y la volvió a besar ávidamente en los labios mientras que ella gemía suavemente.

—¡Chicos! —se oyó la voz de Celeste, que los miraba desde la puerta—. ¡Ups, perdón!

—Celeste —dijo Colt, viendo cómo Linda huía de él, hacia el otro lado del escritorio de nuevo, centrándose en la agenda que tenía abierta.

—No quería molestar.

—No lo haces, ¿en qué te podemos ayudar?

—Quería saber si os apetece que traiga una pizza del pueblo para cenar. Yo invito. Hoy tengo turno de tarde.

Colt miró hacia Linda, buscando su opinión, pero la mujer seguía concentrada, apuntando algo en su agenda.

—Es una gran idea. Yo invitaré —dijo el exmarine sacando la cartera de su bolsillo trasero.

—Nada de eso, lo haré yo. Tengo un sueldo y quiero gastar algo con la gente que me importa.

—De acuerdo —dijo Colt, esbozando una sonrisa.

—¡Hasta la noche! —Celeste saludó para despedirse, esperando que su prima le dijera algo, pero no hubo respuesta, como en las últimas semanas. Y se marchó.

—Tiene un trabajo, cobra un sueldo y algo me dice que no debe estar tirando demasiado de la tarjeta que le diste —dijo Colt, mirando a Linda, que ahora sí, levantó la vista hacia él y suspiró.

—No ha gastado ni un solo centavo en las últimas semanas.

—Lo está intentando. Quizá tú también debas comenzar a hacerlo con ella. Ha puesto un gesto triste al irse. Y ya la has oído, quiere gastar su sueldo con la gente que quiere.

—Sí, sobre todo a mí. Metió una serpiente en mi coche.

—Está tratando de redimirse, Linda. Y ya sabes que ella no fue la única culpable. No seas tan dura.

—Lo sé —suspiró—. Pero no puedo hacer como que no ha pasado.

—Pronto te necesitará, está el bebé.

—Eso es algo que aún no sabemos —se defendió Linda.

—Precisamente. Te necesita para abordar el asunto. No tiene a su madre, solo te tiene a ti. Va a necesitar tu apoyo.

—Lo sé, maldita sea —suspiró Linda.

Colt bordeó la mesa y se acercó a ella para besarla en el pelo.

—Eres una cabezota orgullosa, pero eres buena persona.

—No apuestes todo a ese caballo, capitán Sullivan —le advirtió ella con una sonrisa que él le devolvió.

—Creo que iré a echar un ojo a los depósitos de agua del ganado y me pasaré por los pozos, para ver cómo van los trabajos de entubación.

—Te lo agradezco.

—A su servicio, señora Clayton —dijo, llevándose dos dedos a la frente en forma de saludo.

—Señorita —le sonrió, aclarándose aquel punto.

—Porque quieres —le guiñó un ojo antes de comenzar a caminar hacia la puerta—. Piensa en lo de la cita.

—Pon tú la fecha —le dijo Linda, antes de verlo asentir.

—Haré la reserva y te diré —dijo, abandonando el despacho.