Amor en Oklahoma ENAMORADOS
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ENAMORADOS

Linda no pensaba contar que se había cruzado con Asher en el pueblo. Estaba segura de que sus dos guardaespaldas, Colt y Jacob, pondrían el grito en el cielo al enterarse y se lamentarían de no haber estado con ella.

Ella se bastaba sola para poder con el imbécil de su exmarido.

Solo había algo que le preocupaba de ese último encuentro: las cosas se habían puesto demasiado tensas con Asher y a la vista estaba que le molestaba especialmente su relación con Colt.

¡Incluso le había preguntado si se lo pasaba mejor en la cama que con él!

¡Cabrón engreído! ¡Por supuesto que lo hacía!

Pero eso era algo que solo le concernía a ella.

No obstante, no le había gustado aquella muestra de posesión que había tenido justo antes de llegar el sheriff.

Asher podía ser muchas cosas, probablemente pocas de ellas eran buenas, pero jamás la había tratado así, ni siquiera cuando le planteó el divorcio o lo hicieron efectivo.

Al contrario, siempre había sido amable, aunque fuera afilado y malicioso.

Ahora se mostraba más manipulador que nunca y trataba de sembrar la duda sobre la gente que le importaba.

Y también había resultado algo… violento.

¿Podría ser que estuviera desesperado? ¿Qué sintiera que estaba acorralado por algún motivo?

A pesar de que había mostrado una frialdad manifiesta cuando el sheriff mencionó el asunto de la serpiente.

Linda no podía evitar preguntarse qué había cambiado.

—¿Puedo preguntarte algo? —habló Linda a su capataz mientras descabalgaban, habían estado cercando el próximo lugar donde rotarían al ganado. Y Colt se había quedado rezagado comprobando algunas cosas.

Jacob frunció el ceño.

—Siempre me preguntas cosas sin preguntarme si puedes hacerlo. ¿Qué es lo que ocurre?

—No quiero una charla —le advirtió.

—Significa que crees que podría darla.

—Sí, pero me sé todo lo que vas a decir al respecto.

—Dispara.

—Asher me ha dicho que Travis…

—¿Dónde has visto a ese capullo? —preguntó Jacob, sin dejarla terminar.

—Lo has prometido —Linda subió un dedo en clara advertencia.

—No he prometido una mierda y no me gusta que te veas con el capullo de Asher —dijo, molesto mientras Linda ponía los ojos en blanco.

—Lo encontré en el pueblo después de almorzar con Scarly.

—Da igual, no me gusta.

—Sí, vale —dijo, cansada—. El asunto es que me dijo algo absurdo, pero no puedo dejar de pensar en ello, porque he estado recordando lo que me dijo Travis en el hospital y… me siento confusa.

—Sácame de dudas —le pidió.

—Asher afirma que Travis tenía sentimientos hacia mí —le dijo.

Jacob guardó silencio y apretó la mandíbula. Le bajó las riendas a su montura y caminó hacia las caballerizas con el caballo de la mano.

—¿Y eso se supone que importa por qué? —preguntó Jacob al llegar al interior del edificio.

—Motivación para lo que hizo —dijo Linda.

—Más bien, motivación para no hacerlo —aseguró Jacob, dándole a entender que era verdad.

—¡Mierda, Jacob! —exclamó Linda en voz baja.

—Hacía años que le gustabas —afirmó el hombre, mientras aflojaba la cincha de la silla de montar.

—Él nunca me dijo nada.

—Puedes llegar a intimidar —sonrió su capataz.

—Me siento un poco… mal por Travis —dijo Linda.

—No lo hagas. Te ha traicionado, Linda. Manipuló los frenos de tu coche, por dinero —Jacob no lo perdonaría tan fácil.

—Lo sé —admitió ella—. Aunque no llegó a cobrarlo.

—O eso es lo que dice él.

—Asher no nombró ningún dinero. Me vino a decir que Travis lo hizo por la presencia de Colt en el rancho, viendo que no tenía ninguna oportunidad conmigo.

Jacob volvió a torcer el gesto. Linda lo miró, esperando que le ofreciera una nueva explicación.

—O puede que lo hiciera pensando que Colt iba a coger tu coche —añadió el capataz.

—¿Se llevaban mal?

—Travis no soportaba a Colt. Ahora sabes el motivo, así que no me pareció que debía darle mayor importancia.

—Colt nunca ha dicho nada.

—Colt no se quejaría, menos contigo. Es demasiado discreto.

El susodicho entró en las caballerizas con Ranger de las riendas y cara de pocos amigos antes de dirigirse a ella.

—¿Por qué me tengo que enterar por otra persona que has tenido una discusión bastante fea con Asher en la calle principal de Kingfisher? —Colt trataba de mantener un tono neutro y calmado, pero no le estaba saliendo demasiado bien. Por primera vez desde que lo conocía, parecía realmente molesto.

—¿Quizá porque quería evitar justo esto? —preguntó Linda y miró a Jacob buscando un apoyo que no halló.

—¿Una discusión? —preguntó el capataz cruzándose de brazos, mientras la miraba con el ceño fruncido.

—No vas a volver a salir del rancho sola —aseguró Colt.

—¿Perdona? —ahora la que subió el tono fue ella.

—Ya lo has oído —dijo Colt.

Linda entrecerró los ojos y su mirada destiló fuego.

—Soy una mujer libre que sale sola de su casa cuando le place.

—No mientras ese malnacido siga libre o cerca. ¿Si no aparece Wyatt, qué habría pasado, Linda?

—¡Así que ha sido el sheriff quien te ha venido con el cuento! No esperaba que McCoy fuera tan cotilla.

—Está preocupado por ti y yo también, maldita sea. Te tenía retenida —rebatió él.

—No es cierto. ¿Y no te ha contado Wyatt que me sé defender perfectamente? Estás utilizando un argumento retrógrado.

—Físicamente él es muy superior a ti, y eso no es machista, es un hecho objetivo. Por no hablar de que podría ir armado o tiene siempre a esos… guardaespaldas cerca. No es seguro.

—Chicos —intervino Jacob tratando de poner cordura—. Linda, sabes que Colt tiene razón.

—¡Y yo sé cómo tratar al imbécil de Asher! —se defendió ella.

—Esto se está volviendo peligroso. Ya no son solo bravuconerías y no puedes manejarlo —opinó Jacob.

—¡No lo entiende! —se lamentó Colt hacia él.

—¡No hables de mí como si no estuviera presente!

—Pues no seas tan tozuda, Linda Clayton —le pidió.

—Es mi casa y mi vida, Colt.

—Sí, es tu vida, una vida que trato de salvar.

—No te he pedido que hagas tal cosa.

—No, claro. Eres demasiado orgullosa para ello.

—Llevo años cuidando de mí misma.

—Pues no se te dio demasiado bien cuando te casaste con ese capullo de Granger.

Linda lo miró, furibunda. Aquello dolía.

—No eres quien para opinar sobre las decisiones que he tomado en mi vida.

—¿En serio no soy nadie? —Colt apretó la mandíbula.

Linda supo que se había equivocado y por una fracción de segundo quiso no haberlo dicho, pero estaba molesta y quería darle de su propia medicina.

—Un par de meses por aquí no te dan derecho a…

—¡Chicos! —intervino Jacob, apaciguando las aguas.

Lejos de llegar a un entendimiento, las cosas se estaban poniendo tensas entre Linda y Colt.

Entendía que al igual que él, el otro hombre estaba preocupado por la seguridad de Linda, pero eso ella, en ese momento, no podía verlo. Sentía su independencia atacada.

—Creo que iré… a… —comenzó a decir Colt sin saber a dónde exactamente necesitaba ir, pero lo que sabía era que no podía continuar discutiendo con Linda.

—Sí, es buena idea que vayas y respires un poco —lo animó Jacob—. Yo me ocuparé de Ranger .

—Gracias —Colt esbozó una mueca parecida a una sonrisa de agradecimiento hacia el capataz mientras que Linda seguía fulminándolo con la mirada hasta que salió de las caballerizas.

—Mejor así —dijo Linda, ocupándose de aflojarle la cincha a su yegua antes de quitarle la silla de montar.

Jacob apretó los labios y se dijo que le daría un poco de espacio a su jefa mientras dejaban a los caballos preparados antes de cenar. Si es que conseguía que las aguas se calmaran de cara a la cena.

—Colt está preocupado —dijo Jacob, rato después.

—No tiene por qué —desestimó ella.

—Te han disparado, envenenado vacas, robado alfalfa, tus frenos fueron manipulados, pusieron una serpiente en tu coche… Creo que razones no le faltan para estarlo. Yo también lo estoy.

—Tú no has sido tan… machista como él.

—Yo opino exactamente igual que él. Y perdóname si el tratar de que no te ocurra nada más te suena a machismo o a control.

Linda respiró hondo y cerró los ojos, apoyándose en un lateral de las caballerizas.

—¿Qué es lo que pasa, Linda? —volvió a hablar Jacob.

—Asher tenía razón en lo de Travis. Y… si te soy sincera, ya no sé de quién fiarme.

—¿Estás desconfiando de Colt? —se alarmó el capataz.

—No. No es eso, es… —Linda sacudió aquella idea de su mente. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Le iba a dar crédito a Asher en aquello? No, no podía ser.

—Bien, porque te recuerdo que ese tío se llevó un tiro por ti y sacó una serpiente de tu coche, por no hablar de que también recibió una paliza en la que le decían que se alejara de este rancho y de ti —Jacob sonó duro.

—Lo sé, ¡mierda! —Linda se deshizo de los guantes de un tirón y los sacudió con violencia contra la pared, antes de introducirlos en el bolsillo trasero de sus vaqueros.

***

Linda se encerró en el dormitorio, tenía mucho en lo que pensar.

Lo primero de todo era en cómo, aun a sabiendas de la naturaleza de Asher, había dado crédito a las sospechas sobre Colt.

Sobre lo de Travis había acertado, pero no tenía nada que ver.

El problema era ella; tenía miedo a sentir por el exmarine.

Suspiró y caminó por la estancia hasta la ventana.

Cuando Colt le había dicho que no volvería a salir sola de casa sintió control, no protección. Y ahora, pensándolo más fríamente, sabía que el hombre no trataba de controlarla, solo de protegerla. Y ella se lo pagaba de aquella forma.

Necesitaba respirar y supuso que todos estarían dormidos a aquellas alturas de la noche. Salió al porche trasero de la casa y se sentó en los escalones, cogiendo todo el aire que pudo en sus pulmones para exhalarlo lentamente. Al día siguiente tendría que disculparse.

Linda escuchó a alguien toser y se levantó. El eco de aquel sonido la llevó hasta el anciano roble del patio trasero. Colt estaba sentado en el banco, observándolo.

—¿Quieres que me vaya? —preguntó él girándose hacia ella, para mirarla. Había detectado su presencia, como muchas otras veces.

Linda sintió un vuelco instantáneo en el estómago. ¿Quería que se fuera? ¿Para siempre? Dos segundos después, tragó saliva y supo que realmente se refería a irse del banco y dejarla a solas. Después de todo, era su banco, su roble, su patio y su rancho.

—No —respondió, escueta.

Colt se volvió a girar hacia el árbol y lo siguió observando. Linda se sentó a su lado y permanecieron en silencio largo rato.

—Siento haber insinuado aquello de tu matrimonio con Asher —dijo Colt, rompiendo el silencio.

—Ya —dijo Linda como toda respuesta.

El silencio se hizo espeso de nuevo entre ambos.

—Puede que sea difícil de entender —comenzó de nuevo Colt—. Pero, perdí a mi compañero en Siria y si hay algo que tengo claro es que no quiero perder a nadie más, mucho menos a ti. Porque, no sé si podría soportarlo.

La mujer oyó lo que creyó un suspiro salir de los labios de Colt, a la vez que dolor real en sus palabras. Lo creía y se maldijo por haber permitido que Asher la manipulara en contra de él. El exmarine cargaba con algo pesado en su interior.

—Siento… todo lo que dije —susurró ella.

—Creo que eres una mujer muy valiente, Linda.

—Con un gusto pésimo para los maridos —sonrió, tratando de quitarle hierro al asunto.

—Solo con el primero —respondió él.

Guardaron silencio de nuevo.

—Sí que eres alguien importante en este rancho, Colt. Siento haber insinuado lo contrario.

—No quiero ser alguien importante en el rancho —desestimó él.

—¿No? —Linda frunció el ceño, pensando si quizá su ofensa había causado más daños en el exmarine.

Colt tragó saliva, se levantó del asiento para acercarse al roble y tocar su tronco. La miró de nuevo, mientras ella, expectante, contenía la respiración, temiendo haber perdido su confianza.

—Quiero ser alguien importante para ti, Linda —confesó.

El cosquilleo volvió a aparecer en el estómago de la mujer y escuchó la voz de Scarlett en su mente diciéndole «él las puso ahí». No sabía qué responder. Colt no le sostuvo más la mirada, se lo veía turbado y volvió a colocar la mano sobre la corteza del roble, fijando su atención en él.

—Ya lo eres —respondió Linda después de guardar silencio unos instantes, levantándose del banco para acercarse y colocarse frente a él. Levantó la mano y la colocó sobre el pecho del hombre, allí donde sabía que estaba su corazón.

Colt dejó al roble de lado y la miró, colocando a su vez la mano sobre la de ella. La mujer se acercó a él, que la acogió en su pecho y aspiró el aroma de la fragancia amaderada que solía usar y que se había convertido, casi sin darse cuenta, en el olor del hogar.