Amor en Oklahoma AMIGA Y ENEMIGO
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AMIGA Y ENEMIGO

Colt había torcido el gesto cuando Linda le dijo que iría al pueblo y que esta vez quería ir sola, porque había quedado a almorzar con Scarlett.

El hombre apretó la mandíbula unos instantes, la miró con preocupación y sopesó los riesgos.

Supo que no le hacía gracia, pero se tragó lo que fuera que tuviera que tragarse y le deseó que se lo pasara bien, aunque por precaución le pidió que tuviera el teléfono del sheriff en marcación rápida.

Ella había puesto los ojos en blanco, pero entendió su preocupación, más después de los últimos acontecimientos.

—¡Scarly! —la saludó cuando la otra mujer entró en The Shed y se colocó al lado de la mesa.

—Linda —sonrió esta y la besó en la mejilla—. Estás resplandeciente. ¿Una buena noche de sexo?

—¡Scarlett! —se quejó Linda—. ¿Acaso yo te hago ese tipo de preguntas?

—Porque no quieres. Yo estaría encantada de contártelo.

—No me cabe duda alguna.

—Como no lo has negado, deduzco que sí —rio su amiga, tomando la carta entre sus manos para ver qué le apetecía comer ese día.

Linda la imitó, hizo su elección y la camarera se acercó para tomarles nota del pedido.

—¿Sales con alguien? —preguntó Linda, notando algo distinto en su amiga.

—No sé si se podría definir salir —dudó.

—De acuerdo, te estás acostando con alguien —dijo Linda, acertando en ello.

—¿Desde cuándo me haces tú este tipo de preguntas? —se mostró pensativa, entrecerró los ojos y se colocó un dedo en la barbilla dándose toquecitos con él.

—Tú me preguntas, yo te pregunto. Creo que es ser ecuánime.

—No —dijo segura de ello—. Lo haces desde que no quieres que te pregunte si ya te has dado cuenta de que Colt besa el suelo por donde pisas. Y no exclames de nuevo eso de «Scarly» con cara de fastidio.

La camarera volvió diligentemente a la mesa y dejó el pedido delante de ellas.

Linda miró por encima de la comida a su amiga y guardó silencio, mientras cortaba un trozo de su filete empanado y se lo introducía en la boca.

—Me ha dicho que me quiere —admitió Linda después de masticar y tragar el trozo de carne.

—¡No! —el de Scarlett quedó suspendido en el aire a medio camino de la boca, mientras ella permanecía con una amplia sonrisa en los labios—. ¡Está enamorado! ¡Hasta el último centímetro de ese cuerpo bien esculpido que tiene!

—Técnicamente solo es un «te quiero», no es un «te amo» —Linda trató de quitarle importancia al asunto.

Por un lado, había deseado contárselo a su amiga, pero por el otro, sentía vértigo de nuevo al ver cómo Scarlett le daba todo aquel crédito a las dos palabras del hombre—.

Es algo así como «te aprecio» y esas cosas.

—Cada uno se engaña como quiere —dijo Scarlett, masticando un trozo de su filete.

—Celeste también me dijo ayer que me quería. Y nunca antes lo había hecho.

—Bueno, esto también resulta sorprendente y probablemente me gustará que hablemos de ello después, pero no vamos a obviar que Colt te ha dicho esas dos poderosas palabras y no es en el mismo contexto que lo ha hecho tu prima.

—Es algo un poco ambiguo, ¿no crees? —meditó Linda.

—¿Ambiguo? —Scarlett frunció el ceño.

—Bueno, es decir… Colt me ha dicho con anterioridad que ha sido muy importante para él el encontrar un sitio en el rancho después de los marines y de la pérdida de su compañero.

—Sí, claro, Linda —sonó sarcástica.

Ambas mujeres continuaron comiendo en silencio durante unos minutos. Linda se dijo que no tenía por qué engañar a su amiga y, de paso, engañarse a sí misma.

—No sé si estoy preparada para algo así, Scarly —habló, abriendo su corazón.

—Lo sé, aunque tú trates de engañarte, conmigo no lo haces. Colt está moviendo todos tus cimientos.

—¿Tú crees? —preguntó, quizá buscando una confirmación que ella no se atrevía a hacerse a sí misma.

Linda dejó los cubiertos y se mostró pensativa. Se llevó la mano inconscientemente al abdomen.

—¿Mariposas en el estómago, Linda? —Scarlett la estaba observando con una sonrisa maliciosa.

Ella retiró la mano del lugar.

—¿Te han dicho alguna vez que eres terrible? —sonrió Linda.

—Solo unas pocas —rio la mujer y continuaron comiendo. Después, compartieron un trozo de tarta de nueces pecanas con sendos cafés.

—He leído el correo de Charlie Sierra —dijo, un par de minutos después.

—¿Te ha vuelto a escribir? —Scarlett se puso nerviosa.

Linda negó con la cabeza.

—El que me escribió después de dejarme plantada en la que iba a ser nuestra primera cita —aclaró—. Tú lo leíste.

—¿Y? ¿Qué opinas? —preguntó Scarlett cogiendo un poco de espuma del café con la cuchara.

—No sé —se encogió de hombros y miró el contenido de su taza—. Es curioso cómo un pequeño hecho lo cambia todo.

—¿Sigues recordando a Charlie?

—No —suspiró—. Bueno, de vez en cuando sí. Pero… creo que ya no es importante.

—No es importante, pero decidiste leer su último correo.

—Sí.

—¿Por qué?

Linda tardó unos segundos en contestar.

—No lo sé —Linda quedó pensativa un momento, mientras su amiga esperaba algo más—. Supongo que quería ver si necesitaba su explicación.

—¿La necesitabas?

—No.

Scarlett la miró durante unos instantes en silencio.

—Cariño, no estabas leyendo ese correo por Charlie. Lo leías por Colt.

Linda arrugó el entrecejo.

—¿Leer el mail de Charlie por él? —sonrió, incrédula—. Otras personas dirían que sigo pensando en él.

—Otras personas ven extraterrestres el Cuatro de Julio, cielo. Tú estás tratando de entender qué sientes por Colt.

—¿En serio?

—Me lo preguntas, pero lo sabes. Solo que ahora él te ha dicho esas dos poderosas palabras y tú no sabes qué hacer con ellas.

—Es… posible —admitió, tras unos segundos.

—Colt es el bueno, Linda. Tú ya lo sabes —le sonrió con cariño—. Date la oportunidad de ser feliz.

La mujer tragó saliva y se tocó inconscientemente de nuevo el abdomen. Puede que no fuera una indigestión por el filete empanado que habían almorzado; puede que fuera algo más.

—Colt Sullivan las puso ahí —zanjó Scarlett al ver el gesto de su amiga.

Linda se sintió más ligera después de almorzar con Scarlett.

Puede que fuera cierto y estuviera comenzando a sentir algo por el exmarine que había aparecido en el pueblo hacía un par de meses.

Decidió aprovechar la visita en libertad al pueblo y compró productos de perfumería.

También decidió que era el momento de renovar sus prendas de lencería.

Además, ahora había alguien en su vida que las iba a ver.

Sonrió con aquella idea y, de nuevo, se volvió a sentir bien mientras entraba en la tienda de ropa local.

—Te sienta bien convertirte en una productora de petróleo de Oklahoma —escuchó la voz de su exmarido mientras caminaba por la calle principal de Kingfisher.

Linda se detuvo y giró hacia él, sorprendida.

—Asher —lo saludó, esbozando una mueca que trataba de imitar a una sonrisa.

—¡Vaya! Parece que no te alegras demasiado de verme —observó el ranchero.

—Puede que tenga algunos motivos —Linda subió una de sus cejas.

—Si es por lo de Travis —Asher chasqueó la lengua—. Ese muchacho nunca cambió, igual de mentiroso que siempre.

—Ese hombre llevaba más de veinte años cumpliendo con su trabajo sin una sola queja —rebatió ella.

—Hasta que apareció el exmarine por tu rancho. Y se dio cuenta de que no te iba a conseguir para él —Asher esbozó la sonrisa de quien sabe cosas que la otra persona no.

—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó Linda, mientras a Asher le brillaban los ojos con la satisfacción de quien cree saber algo que el otro ignora.

—Linda, Linda… —dejó caer, mostrando condescendencia—. ¿Nunca te diste cuenta de que a Travis le gustabas?

—¿Qué diantres…? —preguntó Linda, confusa con las palabras de Asher.

—Sí, cariño. A Travis Boone se la ponías dura.

—Eres un… —dijo, molesta por la insinuación que había hecho sobre uno de sus trabajadores más antiguos del rancho.

—¡Cuidado! Eres una señorita —la interrumpió—. No querrás que nadie te oiga imprecar en la calle principal del pueblo.

—Me tiene sin cuidado el que me oigan, Asher. Eso que has dicho es realmente asqueroso.

—Califícalo como mejor te plazca, pero no deja de ser cierto. Ya sabes lo que dicen: el último en enterarse es siempre el protagonista de la historia.

—Excepto tú. Tú siempre te enteras antes de todo.

—La información es poder —sonrió—. Siempre es bueno hacer negocios sabiendo las cartas que tienen tus oponentes antes de sentarse a la mesa.

—Sí, eso parece que se te da muy bien.

—Exacto. Volviendo al asunto de los pozos de petróleo —recondujo la conversación—, quiero que sepas que, a pesar de lo que hayas negociado, siempre podemos pedir más por ellos.

—¿Podemos? —Linda subió una ceja, sorprendida por su atrevimiento.

—Yo te ayudaría a conseguir el máximo. Sé cómo hacerlo, créeme.

—No lo dudo. Yo también sé cómo hacerlo —sonrió, satisfecha—. De hecho, ya lo hice. Tengo un contrato del veinticinco por ciento con Cimarron Oil.

—¡Buena chica! —exclamó con una sonrisa que Linda supo era impostada. Apostó a que él pretendía llevarse algún porcentaje por su ayuda.

—Yo también sé hacer algunas cosas por mí misma, ¿sabes?

—Nunca he dudado de tu valía. Sé que eres muy especial —dijo, tratando de sonar encantador, mientras a ella se le ponían los pelos de punta.

—Si me disculpas, creo que me esperan en el rancho —trató de deshacerse de forma educada de Asher, aunque le encantaría decirle que sabía que estaba detrás de lo de Travis, de lo de la serpiente y de la paliza de Colt.

Tendría que morderse la lengua por el momento si no quería estropear la investigación del sheriff.

La recompensa podría ser muy satisfactoria si ella se tragaba todo aquello.

—¿Ese tío? ¿Colt? —preguntó con un tono de desagrado que no le pasó desapercibido e hizo que se girase hacia él de nuevo.

—Sí —sonrió—. Colt.

—¿Te acuestas con él?

«¿Y tú con mi prima?» quiso preguntarle para dejarlo asombrado, pero se contuvo. Tampoco quería que pensara que estaba celosa, porque no era cierto.

—No te incumbe.

—Lo haces —aseguró—. Apuesto a que ese tío no se acostó contigo hasta el día en el que le dijiste que los pozos tenían petróleo. Porque eso es lo que busca de ti. Dinero.

—Sí, bueno. Eso ya me lo has dicho otro día —desestimó ella.

—Porque conozco muy bien a los tipos como él —dijo, mostrándose convencido de ello.

—Ve a la oficina del sheriff y se lo cuentas.

—No dejes el efectivo a su alcance, ni tu chequera —le recomendó Asher.

—Mira, Asher —se encaró hacia él—. Me pienso acostar con quien me dé la gana, porque soy una mujer libre. Y me dan igual tus opiniones sobre con quién me acuesto. Quizá debieras preocuparte de con quién lo haces tú.

Asher se mostró sorprendido durante un instante; ella parecía demasiado segura de lo que estaba diciendo. ¿Sabría lo suyo con Celeste? No, no era posible. De haberlo sabido se lo habría escupido a la cara. El hombre sonrió durante una fracción de segundo y después dio un paso hacia ella.

—¿Te lo pasas mejor con él que conmigo? —La agarró de la cintura en un gesto violento y la acercó contra su cuerpo. Algunas de las bolsas que llevaba en las manos se cayeron al suelo.

—Vete a la mierda, Asher —le dijo, con una mirada que podría desintegrarlo.

—¿Lo haces? —La apretó un poco más contra él, buscando una respuesta.

Linda soltó el resto de bolsas que tenía en la mano, se revolvió y se liberó del hombre, propinándole una sonora bofetada.

Asher sonrió maliciosamente.

—Siempre me ha excitado tu carácter —le dijo.

Linda pensaba contestarle con algo poco amable, pero un carraspeo los interrumpió y ambos miraron hacia el recién llegado; el sheriff McCoy.

—¿Va todo bien? —preguntó.

—No ha pasado nada —se apresuró a contestar Asher.

—¿Linda? —preguntó el sheriff dirigiéndose hacia la mujer.

—Sí, sheriff. Va todo bien. Gracias.

El sheriff se agachó para recoger las bolsas de la compra de Linda y ofrecérselas. Linda le sonrió, agradecida.

—Señorita Clayton, si no le importa acompañarme. Tengo un par de preguntas acerca del incidente de la serpiente —dijo, observando la reacción de Asher, que permaneció impertérrito.

—Claro, sheriff —dijo, colocándose a su lado.

—Granger —se despidió el hombre.

—Sheriff —contestó el otro—. Linda.

La mujer hizo caso omiso al saludo y comenzó a caminar al lado del sheriff en dirección al vehículo del representante de la ley.