CONFESIONES
Linda y Colt se despidieron de Wyatt tras una animada y suculenta cena de Sofía. Después, la mujer expresó su deseo de ir a tomar una ducha antes de dormir.
—Ha sido un día largo —dijo Linda en la puerta de su habitación.
—Y que lo digas —convino Colt—. Espero que Celeste haya conseguido tranquilizarse.
—Pasa —Linda abrió la puerta de la habitación, invitando a Colt a entrar. No era una buena idea hablar de lo de su prima en el pasillo—. ¿Qué demonios ha pasado con ella?
—Se ha puesto muy nerviosa al ver a Wyatt. Creía que lo habías invitado para soltar lo de la serpiente en la mesa y que la detuviera allí mismo.
—Tiene un gran concepto de mí —dijo Linda, sonando sarcástica, mientras se deshacía de las botas.
—Estaba aterrada.
—Sí, suele pasar cuando infringes la ley.
—Venga ya, Linda. Los dos sabemos que no eres tan fría.
—No, no lo soy —suspiró—. Pero estoy molesta y decepcionada. Además, me siento traicionada. Y no lo puedo evitar.
—Y a pesar de todo, no harías algo así, no la entregarías al sheriff —aseguró él, apoyando el trasero en el tocador de la habitación.
—No lo sé —dijo, y fue sincera. Era algo contra lo que luchaba: proteger a su prima o tratar de conseguir que Asher pagara por algo de lo que había hecho, ya que el asunto de Travis no iba a ser sencillo. Él se había metido en demasiados líos cuando era joven para que se tomara en serio su palabra.
—Quieres pillar a Asher —adivinó.
—Sí —suspiró—. Pero ahora no quiero hablar de ese hombre.
—De acuerdo —dijo Colt, mientras la mujer dejaba los pendientes en el tocador. Después la tomó de la mano y la acercó a él—. ¿Estás bien?
—Sí —Linda sonrió al ver los ojos verdes del hombre, preocupado por ella.
—Me iré para que tomes esa ducha y te vayas a dormir pronto —le dijo, mientras le acariciaba el rostro.
—Quédate —le pidió.
Colt esbozó una sonrisa y la miró con cariño. Siempre era un placer dormir con ella. La boca del exmarine buscó los labios de la mujer y el beso se profundizó entre ambos.
—Apesto y necesito esa ducha antes —dijo Linda, interrumpiendo aquel beso.
—No apestas —discrepó él con una sonrisa.
—Oh, sí —rio ella.
—Es una pena —dijo, dejándola ir, mientras veía cómo Linda desabrochaba los botones de la camisa.
—A menos que quieras acompañarme —lo invitó, tras terminar de desabrochar los botones de la camisa, revelando un sostén de color negro bajo ella.
Colt esbozó una lenta sonrisa.
—¿Seguro que eso es lo que quieres? —Algo cambió en la mirada de Colt.
—Estaría bien que alguien me frotase la espalda, solo para variar.
—Solo si prometes hacer lo mismo conmigo —sonrió él.
—Palabra de girl scout —dijo Linda, subiendo la mano a modo de promesa, a la vez que veía cómo Colt la miraba fijamente y comenzaba a desabrocharse los botones de la camisa.
—Soy tu hombre.
—Qué poderosas palabras —los ojos de Linda chispearon y Colt le devolvió una sonrisa y una mirada cargada de intenciones.
Linda giró sobre sus talones y de camino al baño se quitó la camisa, abandonándola sobre el respaldo de una silla que había a su paso. Colt escuchó el agua del grifo correr.
Se habían desnudado rápidamente e introducido en la cabina de la ducha, la espalda de Linda estaba contra los azulejos de la pared con el cuerpo de Colt apretándose deliciosamente contra el suyo, a la vez que los labios de ambos se conocían a fondo bajo la fina lluvia de la ducha que caía sobre ellos.
Sentía la urgencia de ambos, pero también ansiaba jugar con él y dilatar el momento. Se separaron con intención de recuperar el aliento y Linda alargó la mano para tomar su esponja y mostrársela a Colt.
El hombre sonrió mientras la miraba con una mezcla de deseo y adoración. Si Linda había pensado antes que era atractivo, bajo el agua de su ducha y con aquella mirada que era capaz de cortarle la respiración, resultaba absolutamente irresistible.
—Supongo que tengo que cumplir mi promesa —dijo Colt, tomando la esponja en su mano.
—Sí —sonrió ella, con picardía.
Alargó la otra para tomar el bote de gel y fue generoso echándolo sobre la esponja.
Después le indicó con un gesto a Linda que se diera la vuelta, porque le pensaba enjabonar la espalda y así lo hizo.
La mujer respiró hondo, relajándose bajo las manos del exmarine, sintiendo cómo la esponja se deslizaba por toda la espalda.
La pegó a su cuerpo, abrazándola desde atrás, y comenzó a enjabonarle el pecho y el estómago, mientras que Linda descansaba su cabeza en el hueco del cuello del hombre, con los ojos cerrados, disfrutando del momento.
El exmarine pasaba la esponja de una mano a otra y con la contraria le acariciaba la piel expuesta de sus senos, así como sus pezones, erectos, a pesar de la calidez del agua de la ducha y de sus cuerpos.
Decidió bajarla hasta su monte de venus y sus dedos jugaron un instante con su zona más sensible, despertando un gemido en ella.
—No hagas trampa, Colt —lo riñó.
El hombre la besó en el cuello y subió la mano hasta el abdomen de la mujer, acariciándolo.
—Me gusta hacerte sentir bien —susurró, besándola en la sien.
—Mi turno —dijo Linda, girándose hacia él a la vez que tomaba la esponja y echaba más gel sobre ella.
Le indicó que se diera la vuelta, con una sonrisa en los labios.
Subió la mano y le enjabonó la espalda al hombre, pasando por cada centímetro de la misma.
Colt era un tipo grande y fuerte, con unos músculos definidos, probablemente provenientes de una buena genética.
Amasó sus nalgas con la esponja y sintió ganas de darle un azote.
Era un perfecto ejemplar masculino que en esos momentos le pertenecía.
Giró y se puso frente a él, que colocó los brazos a ambos lados de Linda, apoyándose en la pared y bajando su boca para encontrarse con la de ella y besarla.
—No he terminado —se quejó ella cuando sus labios fueron liberados. Él sonrió y continuó mirando la delicadeza y precisión con la que ella le pasaba la esponja por el pecho en esos instantes, bajando por él hasta llegar al lugar donde el deseo se acumulaba de forma potente.
Lo miró a los ojos y tomó toda la amplitud del hombre entre los dedos de su mano derecha. Tocó el extremo y consiguió que él se estremeciera. Sonrió, sintiéndose poderosa y volvió a deslizar la mano de arriba abajo.
—No hagas trampas, Linda —le recriminó, usando la misma frase que ella había usado minutos antes, con la respiración agitada a la vez que apretaba la mandíbula. No podía ser tan dúctil como un adolescente bajo sus dedos. La mujer sonrió.
—Me gusta hacerte sentir bien —respondió, al igual que él había hecho, deslizando una vez más la mano por su amplitud. Los músculos del hombre se tensaron y se dijo que estaba demasiado cerca para continuar con aquello.
—No querrás que esto termine solo así, ¿verdad? —preguntó Colt, tragando saliva.
Linda dejó la esponja en la repisa de la pared para tal fin.
—Hay otras opciones —dijo, pasando las manos por detrás del cuello del hombre, dejando muy claras sus intenciones.
—Mierda, Linda, no me hagas esto.
Tiró de ella hasta quedar debajo de la gran regadera de lluvia de la ducha y el agua cayó sobre ellos, haciendo que el jabón se deslizara por su piel hasta caer al suelo mientras se miraban en silencio a los ojos.
—Quiero sentirte —dijo ella y entrecruzó los dedos detrás de su cuello, diciéndole que estaba preparada.
Colt luchó por hacer lo correcto, por no caer en la tentación, pero no era sencillo cuando tenía delante a la mujer que amaba, que le estaba sugiriendo una locura difícil de rechazar.
Colt la tomó por debajo del trasero y la alzó con facilidad escuchándola reír, feliz de haber logrado su propósito, llevándola hasta la pared para apoyarla e introducirse en ella.
—Gracias —gimió Linda recibiéndolo, sintiéndose plena de repente.
Colt la besó en los labios con dedicación y comenzó una danza rítmica, notando cómo el cuerpo de la mujer se iba tensando a cada embestida. Supo que ella estaba cerca del final. Y él solo necesitaba concentrarse.
El orgasmo le sobrevino como una oleada, llevándola hasta lo más alto, haciéndola temblar y gemir su nombre mientras se aferraba con fuerza al cuello de Colt, que en el último momento salió de ella.
La continuaba besando con dedicación en los labios.
Él no había terminado y le entristeció saberlo.
Abrió los ojos y se topó con una mirada intensa que no mostraba aquello que había pasado.
El hombre le tomó la cara entre las manos, la miró con ternura, le retiró algunos cabellos mojados del rostro y la besó en los labios, haciendo que el cosquilleo de su estómago apareciera de nuevo.
—¿Por qué, Colt? —preguntó—. ¿Por qué no lo has hecho?
El hombre sonrió levemente, pero su rictus no cambió, solo le acarició el rostro con el dorso de un dedo y tragó saliva.
—Porque te quiero —le confesó.
Linda se quedó sin aliento unos instantes, mientras que el cosquilleo de su estómago regresaba. La mirada del hombre era tan evidente y clara que… el corazón le latió con fuerza, pero sintió temor y vértigo a aquello que estaba sucediendo, a lo que él le acababa de expresar.
—Colt, yo… —comenzó a decir Linda.
El dedo índice del hombre se posó sobre los labios de ella casi al instante, deteniendo sus palabras.
—Shhh. No importa, Linda. Lo sé, y lo entiendo.
Colt sabía que la mujer tenía miedo al futuro, a equivocarse repitiendo errores del pasado y, probablemente, a abrir su corazón. Sin embargo, sabía que lo lograría algún día y se dijo a sí mismo que era un hombre paciente. Linda merecía la espera.
Ahora fue ella la quien de puntillas y lo besó en los labios, sin decir nada. Luego alargó la mano y tomó la esponja de nuevo de la repisa. Comprobó que tenía espuma al apretarla y le sonrió. Quería conseguir que él también se sintiera bien.