CONSULTAS Y CERTEZAS
Wyatt McCoy llegó al rancho en su camioneta civil, lo que indicaba que aceptaba la invitación que le había hecho Linda en varias ocasiones.
Colt lo saludó y le indicó que ella estaría a punto de terminar de cambiarse para cenar y que podía entrar en la casa y esperar en el salón, mientras terminaba con su tarea.
—Quería hablar contigo antes de entrar.
—Si no te importa acompañarme a llevar un depósito de agua a un prado, no tengo inconveniente.
—No, de hecho, será mejor así.
—Pensaba que no venías en misión oficial.
—Y no lo hago, aparentemente —sonrió el hombre.
Subieron a la camioneta y se encaminaron hacia el lugar.
—Tú dirás —Colt bajó del vehículo al llegar, abrió la parte trasera y comenzó a colocar los tablones que harían que el depósito nuevo se deslizara hasta el suelo, con ayuda del sheriff.
—Tengo a uno de los tipos que te dieron la paliza. Lo ha cantado todo.
Colt se detuvo un instante y miró al sheriff, estudiando su gesto, que esperaba una respuesta de su parte.
—Esa es una buena noticia. Supongo que está detenido —dijo al fin.
—Aún no.
—¿No? —Colt frunció el ceño y lo miró fijamente.
—Está trabajando para mí en algo más —aclaró.
—¿Acaso fue la mafia la que me dio la paliza? —dijo el exmarine, sabiendo que no había sido así—. Ayúdame a empujar esto.
El sheriff subió a la parte trasera de la camioneta con Colt y empujaron el depósito, que se deslizó suavemente hasta el suelo.
—No, no fueron ellos.
—¿Y quién fue?
—No estoy seguro de que sea una buena idea el que lo sepas, aún.
—¿Estropearía tu caso?
—Puede.
—¿Entonces para qué demonios me cuentas esto? —dijo Colt molesto, recogiendo las maderas y subiendo a la camioneta para moverla cerca del depósito vacío que cargarían ahora.
—Deferencia profesional, supongo —respondió cuando el hombre se apeó de nuevo mientras ambos colocaban los maderos cerca del depósito vacío.
—De acuerdo —convino Colt—. ¿Y si te digo que estoy bastante convencido de que ha sido obra del exmarido de Linda?
—Que no podría decirte nada al respecto.
—Es decir, que sí. Es él —anunció Colt, entendiendo que podría haber dicho que no, para no alimentar sospechas vanas, pero no lo había hecho.
Colt empujó el depósito haciendo que deslizase por las tablas y subiera a la parte trasera de la camioneta. Wyatt le echó una mano.
—No he dicho tal cosa.
—No ha hecho falta. Ese tipo no es demasiado inteligente. Es predecible. O está muy desesperado.
—Y eso te preocupa —dijo Wyatt.
—Sí. Lo hace. Porque no sé cuál es su motivación real. Y cuando no sabes la motivación real de un hombre, no sabes hasta dónde está dispuesto a llegar. Y eso… es algo peligroso.
Una vez que subieron el depósito a la parte trasera de la camioneta, Colt lanzó la eslinga hacia el otro lado y Wyatt la tensó para sujetarla, mientras que volvían a recoger los tablones de deslizamiento.
***
—¡Wyatt! —dijo Linda, viéndolo entrar en la casa, seguido de Colt. Tendió la mano hacia él para saludarlo—. Me alegra que hayas aceptado mi invitación.
—Decías que querías que viniera de civil para no cogerme manía. Me gusta conservar las amistades —bromeó él y Linda rio.
—Tomaré una ducha rápida antes de cenar —expresó Colt, antes de comenzar a subir las escaleras de la vivienda.
—Yo, mientras, invitaré a Wyatt un aperitivo, ya que no está de servicio —dijo Linda, señalando el camino hacia el despacho. El hombre la siguió.
—Es una de esas pocas veces que puedo tomar un trago y, aunque no soy un gran bebedor, lo agradezco —dijo él, tomando asiento en uno de los sillones.
—Y por eso te voy a ofrecer algo distinto. —Le mostró la botella del bourbon texano.
—Veo que los rumores acerca de que tus pozos escupen petróleo no son falsos —bromeó.
—Aún no, pero espero que lo hagan —dijo Linda, acercándole un vaso del oscuro líquido a la vez que brindaba con él.
—Brindemos por ello —dijo, antes de subir el vaso y dar el primer sorbo, paladeando el licor—. ¡Fantástico!
Linda tomó asiento en el extremo del sofá más cercano al hombre.
—Fue un buen regalo para compartir —convino Linda—. Me preguntaba si podría consultarte algo.
—¿Como sheriff?
—No. Extraoficialmente —sonrió ella—. Recuerda que hoy no estás aquí como agente de la ley.
—Adelante.
—¿Qué podría pasarle a la persona que puso la serpiente en mi coche?
—Es una lesión agravada, acabó mordiendo a Colt. El fiscal podría considerarlo delito grave.
—¿Y eso significaría…?
—Seis meses, un año, hasta cinco en prisión. Pago de multa y gastos médicos. Antecedentes de por vida —le informó el sheriff.
—¿En serio? —Linda se mostró sorprendida con ello.
—Es la ley. Poner una cabeza de cobre deliberadamente en el vehículo de alguien no es una broma.
Aunque el juez podría considerar el detalle de que la serpiente estaba ordeñada, lo que sugeriría que la intención no era la de hacer el mayor daño posible.
Ahora dime, Linda. ¿Sabes quién lo hizo?
Porque si lo sabes, has de decírmelo —el sheriff se echó hacia delante en el sillón y apoyó los antebrazos en las rodillas, sosteniendo el vaso entre las manos.
—Era solo curiosidad.
—Ya —la miró con los ojos entrecerrados.
—Recuerda que estás aquí en calidad de amigo, no de sheriff.
—A veces es difícil separar ambas cosas. Más cuando me haces preguntas de ese calibre.
—De acuerdo —sonrió Linda—. No más preguntas legales. Disfrutemos de la velada.
***
Celeste se quedó blanca al bajar a cenar y ver al sheriff en el comedor del rancho.
—Buenas noches, Celeste —dijo el hombre, sonriendo hacia la mujer.
—Buenas noches, sheriff —Celeste tragó saliva y trató de esbozar una sonrisa.
—¿Estás bien? —preguntó, notándola algo nerviosa.
—Sí, gracias. Yo solo… necesito un momento.
Celeste salió del lugar y se dirigió a la cocina.
—Voy a ver qué le ocurre —dijo Colt esbozando una sonrisa antes de seguirla.
—Discúlpala —dijo Linda, dándose cuenta del motivo de la huida de su prima. El sheriff estaba allí y el hombre la aterraba en esos momentos.
Colt encontró a Celeste apoyada con ambas manos en la encimera de la cocina, luchando por tranquilizarse.
—¿Estás bien? —preguntó el hombre, sabiendo que no era así.
—Linda me va a entregar —sollozó, mirando al exmarine.
—No, ni mucho menos —se acercó a ella y le retiró las manos para tomarla de las mismas. Estaba helada y le temblaban, como todo su cuerpo lo hacía—. Wyatt solo ha venido a cenar con nosotros.
—Eso es lo que quiere que piense, pero se lo va a decir, ¡le va a decir lo que hice! ¡Voy a ir a la cárcel!
—Celeste, por favor, tranquilízate. No es así. Te prometo que Wyatt solo ha venido a cenar. Lo has visto, no trae su uniforme, solo es un amigo.
—¡Y también es el sheriff!
—Yo soy piloto y ahora mismo no estoy pilotando —le dijo, tratando de hacerle ver otra realidad—. Solo es alguien que ha venido a cenar.
—No puedo, no puedo —dijo Celeste, nerviosa, comenzando a hiperventilar.
—De acuerdo —la calmó Colt—. Sube arriba, diré que te encuentras mal y que no cenarás con nosotros.
—Por favor —le suplicó.
—Claro que sí —le sonrió, tranquilizador—. Nadie te va a hacer nada esta noche.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo. Coge algo de comer y sube.
—Gracias, Colt, gracias —dijo la mujer, desapareciendo de la estancia, sin pararse a coger absolutamente nada de alimento.
***
—¿Celeste está bien? —preguntó Wyatt, cuando vio regresar a Colt a la mesa.
—Un poco indispuesta. No cenará con nosotros —anunció Colt.
—Lamento oír eso. Es una mujer agradable —admitió el sheriff.
Linda lo miró con interés, captando un matiz en la respuesta, ¿a Wyatt le gustaba su prima?
—Puede que solo esté incubando algo —dijo la dueña del rancho Clayton.
—Creo que estaba muy cansada —añadió Colt.