Amor en Oklahoma POSIBILIDADES
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Linda miró una vez más a Colt mientras se servía una taza de café y el hombre le devolvió la mirada y añadió una sonrisa al conjunto. Era guapo a rabiar, probablemente el hombre más atractivo que había conocido nunca.

¿Cómo le quedaría el uniforme de piloto? Estaba segura de que lo llevaba entre las pocas pertenencias con las que apareció en Kingfisher hacía ya un par de meses. ¿Hacía tanto tiempo que estaba allí? ¡El tiempo había pasado volando!

—¿Mirándome de nuevo? —bromeó Colt, bajando la vista hacia la taza para añadir un terrón de azúcar.

—Solo me preguntaba por qué tomas azúcar. Pensaba que los marines bebéis el café amargo.

—Creo que ya no soy marine, siento que estoy mutando a cowboy.

—Muchos cowboys también lo beben amargo.

Colt sonrió y ladeó la cabeza para mirar a Linda.

—Puede que sea porque me gustan las cosas dulces —la miró intensamente con un brillo en los ojos que la hizo estremecer. Sabía que no estaba hablando del café.

Dejó la taza sobre la encimera y se acercó hasta la mujer para tomarla de la cintura con una mano y acercarla hasta él. Con la otra le acarició el rostro para terminar con los dedos enredados en el cabello de ella, mientras le sujetaba la cabeza y se miraban a los ojos.

—Eres muy hábil, Colt Sullivan —le dijo Linda, subiendo la mano hacia la mandíbula para tocar la sombra de barba del hombre.

—Puede —la miró a los ojos, verde contra marrón y se acercó a la boca de la mujer lentamente—. Y solo por si te lo sigues preguntando cada vez que me miras: me gustas… y mucho, además.

Después se apoderó de los labios de la mujer y la besó intensamente, arrancándole un gemido que salió desde el fondo de su garganta solo con aquel gesto.

Colt le supo a café dulce, a día de trabajo, a rancho, a hogar.

Luego él se separó de ella lentamente y sonrió, antes de volver a tomar la taza de café.

Linda carraspeó, aquel hombre tenía la capacidad de aflojarle las piernas o era solo que sabía qué teclas tocar para excitarla.

—Creo que… iré a tomar una ducha —dijo Linda.

—Sí, yo también, además parece que me has indicado sutilmente que es hora de afeitarme.

—No es tan importante si no te apetece.

—No, tienes razón, empiezo a pecar de falta de disciplina.

—También está bien, ¿sabes?

—¿Tener barba o falta de disciplina?

—Un poco de ambas cosas.

Colt volvió a dejar la taza y se acercó a ella de nuevo para besarla en los labios.

—Así que, ¿también te gusta así?

Un carraspeo los interrumpió y se separaron el uno del otro como si fueran dos adolescentes que son pillados haciendo algo malo.

Linda miró hacia quien había emitido el sonido y entrecerró los ojos, fulminándola con la mirada.

—Celeste —dijo Colt.

Linda se giró hacia otro lado, de momento, seguía enfadada con su prima y no había cosa que le apeteciera menos que hablarle.

—Me preguntaba si te importaría mucho escribirme una carta de recomendación. No sé a quién pedírsela y… me gustaría comenzar a buscar trabajo en el pueblo.

—No me importaría escribírtela, exceptuando que nunca te he contratado y puede que no sirva de nada.

—No importa, la mayor parte de las veces piden que haya alguien que avale a esa persona en cierta forma, ya que sería mi primer trabajo. Te prometo que no haré que quedes mal.

—De acuerdo. La tendrás mañana.

—Gracias, Colt —la joven esbozó una sonrisa tímida—. Puede que no merezca que seas tan amable conmigo.

—De nada —dijo el hombre.

Celeste salió de la cocina.

—¿Trabajar? —preguntó Linda cuando supo que Celeste había subido a la planta de arriba y no podía escucharla.

—Eso parece.

—No lo ha hecho nunca.

—Seguro que es buen momento para que comience. Puede que tú también debas escribirle una carta de recomendación.

—No pienso hacer tal cosa —dijo Linda.

—Está tratando de hacer lo que piensa que tú querrías que hiciera, como buscar un empleo para que la perdones.

—O trata de conseguir que no le diga al sheriff que la que puso la serpiente en mi coche fue ella.

—Estás enfadada y lo entiendo —Colt se apoyó contra la encimera y cruzó los pies—. Solo dale el beneficio de la duda, ¿vale?

—Lo estoy haciendo, aunque no lo creas. Si no lo hiciera, te aseguro que la habría sacado de mi casa a patadas.

Colt se acercó a ella.

—Eres una buena persona, Linda Clayton —le dijo, sonriendo cerca de su rostro y mirándola a los ojos.

—Lo único que tiene a su favor es que llevamos la misma sangre. No puedo soportar que me mientan o manipulen.

Colt tragó saliva y algo se turbó en él. Era el recordatorio de que él también le estaba mintiendo desde que la había conocido en persona. Y seguía sin saber cómo iba a salir de aquel embrollo cuando le tuviera que contar quién era en realidad.

—Creo que iré a ducharme —dijo, antes de besarla en la mejilla y abandonar la cocina.