Amor en Oklahoma EL PROBLEMA QUE VIENE
70%

EL PROBLEMA QUE VIENE

Linda se sentía… bueno, realmente ni siquiera podía saber cómo se sentía. ¿Traicionada? ¿Decepcionada? ¿Preocupada?

Respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos.

Estaba en un extremo algo alejado del patio trasero del rancho, allí donde había un roble que databa de la época de los ancestros de los Clayton.

Había atardecido hacía rato y dadas las circunstancias del día, y a pesar de las quejas de Sofía, nadie cenó en el rancho.

La casa parecía tranquila, pero era solo eso, apariencia, como ella misma en esos instantes.

Nadie que pudiera verla diría que bullían tantas cosas en su interior al mismo tiempo.

Se había retirado hasta el banco que estaba bajo el viejo árbol.

Su padre solía pensar las estrategias a seguir en tiempos complicados bajo aquellas ramas.

En una ocasión, le dijo que, si aquel roble había logrado permanecer allí tantos años, era porque tenía una gran sabiduría para lograrlo y podía compartirla.

Era una tontería, porque un árbol solo necesita agua y un clima propicio.

Pero lo creyó. Esperaba que el roble también quisiera compartir algo de aquello con la última Clayton, con ella.

—¿Qué tal si tomamos un poco de bourbon? —era la voz de Colt tras ella, que al poco se hizo visible, sentándose a su lado en el banco con la botella del Balmorhea y dos vasos en las manos.

—No parece que haya mucho que celebrar.

—Que seguimos en pie un día más —dijo él, pasándole un vaso—. Cuando estás en los marines en épocas complicadas, en misiones demasiado difíciles para ser ciertas, simplemente el sobrevivir a un día más y tener la oportunidad de ver otro amanecer, es motivo de celebración suficiente.

—Lo siento —dijo Linda, sintiendo que quizá sus problemas eran mucho más mundanos de los que tenían otras muchas personas, como los marines desplegados en el exterior.

—No importa —Colt sonrió y sirvió un par de dedos de bourbon en cada vaso. Después tapó la botella, la dejó a su lado en el suelo y alzó su vaso—. Por un día más, juntos.

Linda volvió a sentir aquel revoloteo en su estómago. Ahora sí podría ser hambre, no había cenado. Miró a Colt y observó su expresión, tal como le había dicho Scarlett. Chocó el vaso con el de él y bebió un trago.

—Siento lo de hace unas horas —se disculpó Linda—. No sé qué demonios pensaba hacer yendo a casa de esa rata. Gracias por detenerme. También siento haberte hablado como lo hice.

—No tienes por qué disculparte —dijo Colt, aceptando las disculpas a la vez que le quitaba importancia al hecho—. Cuando Celeste me contó lo de la serpiente, yo también lo pensé. La única diferencia era que yo sí sabía qué iba a hacer con él. Pero me contuve.

—Me gustaría tener tu templanza.

—Entrenamiento marine —sonrió él.

—Pues gracias por salvarnos a los dos —Linda meditó otro rato en silencio—. Pensaba que por fin íbamos a tener un poco de tranquilidad, hasta que Celeste entró en el despacho.

—Ya.

—Y lo peor es que no parece que nos vayamos a librar de ese cabrón en mucho tiempo —suspiró—. Un hijo de Asher, ¡Dios!

—¿De qué hablas? —preguntó Colt, fuera de juego.

—El embarazo de Celeste —aclaró ella.

—¿Qué? —Colt frunció el ceño.

—Esa parte no te la ha contado, ¡vaya! Se han estado acostando —le informó.

—¡Mierda! —exclamó Colt—. Es tu prima y no quiero ofenderla, pero…

—Sí, yo tampoco. No sé en qué demonios estaba pensando —suspiró—. Solo me queda la esperanza de que se haga una prueba y no lo esté realmente, que sea una falsa alarma.

—Rogaré por ello. Celeste es…

—¿Caprichosa? ¿Estúpida? ¿Egoísta? —preguntó Linda, dándole varios adjetivos para usar.

—A veces, sí. Pero no creo que sea mala persona.

—No soy miembro de su club de fans justo ahora mismo. Estoy a un paso de echarla a patadas de mi casa.

—Ese tipo solo ha jugado con ella —dijo Colt.

—Sí, lo sé. Pero ella debería tener la suficiente madurez para haberlo evitado. Para decidir qué está bien y qué está mal. Meter una serpiente en el coche de alguien no está bien.

—Tienes razón —dijo Colt, zanjando el asunto.

—No me des la razón para callarme —le pidió.

—Estás enfadada, es mejor no seguir por ahí —reconoció él y ella sonrió, dándose cuenta.

—Lo siento —se lamentó ella.

—No más lo siento, ¿vale? —le pidió Colt—. Ambos sabemos que no ha sido un buen día. Pero seguimos aquí, bajo este bonito roble, en esta agradable noche de primavera, con un Balmorhea en la mano, la mejor compañía y… mañana será otro día.

Colt levantó el vaso hacia ella y Linda lo imitó, chocándolo levemente y bebiendo el líquido ambarino de su interior.

Después, Linda respiró hondo y apoyó la cabeza en el hombro de Colt. Él la rodeó con el brazo y sintió que podría enfrentar un nuevo día.