SOSPECHAS Y CERTEZAS #3
—Lo hará si no eres tú quien se lo cuente primero —aseguró él—. No tendrás ninguna oportunidad cuando se entere por otra persona. Porque se va a enterar.
—¿Se lo contarás? —los ojos de la mujer se posaron en los de Colt, suplicando clemencia.
—Lo haré si tú no lo haces —le aseguró—. Y si no soy yo, ten por seguro que el sheriff lo descubrirá muy pronto.
—¡No! —la mujer volvió a sollozar.
—Probablemente tu vida ha sido fácil hasta ahora, Celeste. Pero es tiempo de asumir las consecuencias de tus actos.
Celeste se soltó de Colt y fue hasta uno de los sillones del lugar, donde se acurrucó, subiendo las piernas y abrazándolas contra su pecho mientras continuaba llorando.
—¿Me darás tiempo? —le pidió, aún entre sollozos.
—Tendrás que hacerlo hoy. Y si tú no lo haces, lo haré yo y me veré en la obligación de llamar al sheriff. Es tu decisión —le dio un ultimátum.
Celeste se sorbió la nariz.
—Lo haré —musitó, sabiendo que no tenía más opciones.
Colt había dejado a Celeste en la habitación de arriba y se detuvo en la cocina. Se apoyó en la encimera y se pasó los dedos por dentro del cabello. Aquella mujer había sido una incauta. Ya no le cabía duda alguna de que Asher era el tipo con el que salía y se había estado acostando.
De buena gana iría a su rancho y lo molería a puñetazos, por lo que le había hecho a Linda y por lo que le seguía tratando de hacer.
Sabía que seguía queriendo recuperarla, solo Dios conocía el motivo. Quizá solo porque los tipos como aquel eran tan soberbios que no podían ser abandonados, sino ser ellos los que abandonaban a una mujer.
O por algo más mundano, como tomar el control del rancho de Linda, o más bien, poner las manos sobre los suculentos beneficios que darían los recuperados pozos de petróleo del rancho Clayton.
Él también era un escollo en el camino. Comenzaba a pensar que los cobardes del callejón que lo habían atacado por la espalda eran algunos de los trabajadores de Granger. Porque tendría sentido el mensaje de que se alejase del pueblo y de Linda.
—¡Maldita sea! —exclamó en voz alta, esperando tranquilizarse lo suficiente para volver a salir al porche y poner cara de que todo iba bien.
Linda lo oyó imprecar. Colt estaba apoyado en una de las encimeras de espaldas a ella.
Había tardado demasiado hablando con Celeste.
Incluso se había servido el postre y el café sin él.
El resto disfrutaba fuera de una animada charla de sobremesa y ella había entrado, extrañada por la tardanza del exmarine.
A pesar de estar de espaldas a ella, pudo ver el desasosiego en el hombre.
—Me preguntaba por qué tardabas tanto —dijo, en cambio, como si no llevara unos minutos observándolo, a pesar de que, en esa ocasión, él no se había percatado de su presencia y solía ser muy intuitivo.
—He estado hablando un rato con Celeste —le dijo, mirándola. Linda no merecía todo aquello que el malnacido de Granger se empeñaba en hacerle, tocando a casi todo su entorno para lograr un fin.
—¿Va todo bien con ella?
—Está muy disgustada.
—¿Sabes qué es lo que le ocurre?
—Me temo que sí, al menos en parte —Colt apretó la mandíbula.
—¿Qué es?
El exmarine respiró hondo y miró a Linda. Probablemente debería contárselo, pero le daría la oportunidad a Celeste de hacerlo antes.
—Ella hablará contigo y te lo contará por sí misma.
—¿Es grave? —preguntó Linda, sabiendo que por el rostro de Colt así era.
—Prefiero que te lo cuente ella, por favor —dijo Colt.
—De acuerdo —convino Linda.
Colt la observó. La amaba. Y deseaba protegerla de todo aquello, pero había cosas que no podía hacer, como evitarle el disgusto que le daría su prima en cuanto le contara lo que había hecho.
—Ven aquí —Colt se acercó a la mujer y la abrazó contra su pecho. Ella se dejó hacer y se sintió reconfortada en aquel lugar, que se había convertido en su favorito—. Tú y yo vamos a hacer un viaje.
—¿En serio? —preguntó Linda.
—Muy en serio, y yo te invitaré, porque llevo años cobrando del Tío Sam y no he gastado demasiado. ¿Qué te parece México? No sé… Cancún, por ejemplo. Tú y yo, una hamaca con sombrilla, una playa privada, un cóctel en nuestra mano y cero preocupaciones.
—Suena genial. Nunca he estado en México y Sofía habla muy bien de su país.
—Haremos también turismo, donde tú quieras, lo que tú quieras. Solo necesitamos poner una fecha.
—Cuando acabe la cosecha puede ser buen momento.
—Ya estoy contando los días —dijo Colt, sonriendo antes de tomar los labios de la mujer y besarla con pasión.
Linda miró a los ojos a Colt, a sus ojos verdes, a lo que había tras ellos, a la forma que tenía de mirarla como lo hacía en ese momento, era algo que le provocaba una sensación de bienestar absoluto.
La sonrisa del hombre y sus labios curvados hacia arriba mientras se miraban, lograron que el revoloteo de horas antes volviera a aparecer en el estómago de Linda, pero no podía ser hambre, porque acababa de terminar de comer.
¿Qué demonios era aquello? No lo sabía, o…
quizá no quería saberlo. Solo sabía que se sentía tan bien…