SOSPECHAS Y CERTEZAS
Linda cabalgó hasta los pozos en compañía de Colt.
Scarlett había metido la idea en su mente y ella había estado observando al hombre durante toda la mañana, el cómo la miraba, cómo le sonreía y cómo le hablaba; había sido de lo más profesional.
Claro que, Jacob también los había acompañado.
Quizá no era el mejor momento para observar aquello.
—¿Se puede saber por qué me has estado mirando durante toda la mañana?
—preguntó Colt llegando a ella en las caballerizas para tomarla de la cintura por detrás, colocando los brazos alrededor de la mujer.
Jacob se había ido y estaban a solas—. Casi logras ponerme nervioso, a pesar de que soy un aguerrido exmarine.
—Es una tontería —dijo Linda, sintiéndose bien entre los brazos del hombre y contra su pecho.
—Quiero que me la cuentes —dijo, soltándola de su agarre, para comenzar a quitar las sillas de montar a los caballos.
—Es por algo que me ha dicho Scarlett sobre ti.
Colt sintió cómo el oxígeno se retiraba de sus pulmones. Palideció y se puso nervioso.
—¿Qué te ha dicho? —quiso saber. La pregunta sonó demasiado seca y áspera para provenir de él. Colt se temió que Scarlett hubiera roto su promesa y Linda ya supiera quién era realmente.
Linda lo observó. El exmarine parecía haber palidecido de repente.
Un segundo más tarde, Colt se centró en quitarle los aperos al caballo, mientras cerraba los ojos fuera de la vista de Linda, sin saber qué esperar.
—Me ha dicho que… tú…
—Dilo —la urgió, mientras apretaba los dientes.
—Me ha dicho que te mirase.
—¿Qué me mirases? ¿Por qué? —dejó la silla del caballo a un lado y la observó, esperando algo, no sabía el qué exactamente.
—Ella dice que… me miras de una forma distinta.
—¿Distinta?
—¡Ya sabes cómo es Scarlett! —suspiró, rindiéndose, aunque suavizó la apreciación de su amiga—. Ella piensa que te gusto.
Colt entrecerró los ojos, tratando de asimilar la información. Scarlett no había revelado su identidad, solo le había dicho que él la miraba de una forma distinta porque le gustaba.
Linda esperó una reacción de él.
Colt emitió una carcajada.
—Si se da cuenta ahora de eso, creo que Scarlett debería visitar a un oculista urgentemente —dijo él.
—Ya te dije que era una tontería.
—¿Entonces llevas toda la mañana mirándome por eso?
—Sí, supongo que sí —sonrió Linda, sintiéndose algo estúpida. Porque «gustar» no era la palabra que había usado Scarlett. Y la otra era demasiado seria, o le daba demasiado miedo.
—Puede que mi mente no sea demasiado clara a mi edad de jubilado de los marines, pero ¿de verdad no te he dicho nunca que me gustas, Linda? —Colt se acercó hasta la mujer y la tomó de la cintura para acercarla hasta él.
—Los hombres decís ciertas cosas para llevaros a una chica a la cama —respondió ella, tratando de salir de aquel embrollo y recordando cuándo él le colocó la mano en el corazón para mostrarle cómo latía por ella.
—Ah, ¿con que es eso? Muy bien, Linda Clayton. Prepárate para escuchar algo sin que pienses que te voy a llevar a la cama en este momento: me gustas.
Colt bajó la cabeza y unió los labios con los de Linda, que lo acogieron, cálidos y dulces, como siempre.
Después, ella apoyó la mano en el pecho de Colt y ambos se miraron a los ojos. Recordó que él sí que le había dicho que le gustaba, en el pasillo de los baños de uno de los bares de Kingfisher, justo la noche después de que él la besara bajo la lluvia.
La mano de Colt le acarició la mandíbula y la mejilla sin dejar de mirarla. Había calidez y luz en los ojos del hombre y aquello hacía que algo en su estómago se removiera. Era hora de almorzar. Puede que aquel revoloteo solo fuera hambre.
—Creo que es hora de que vayamos a la casa —dijo Linda, pensando en la sensación que Colt despertaba en ella—. Nos deben estar esperando.
—Pasa el tiempo volando —dijo él.
***
Scarlett había insistido a Sofía en preparar el almuerzo en el porche delantero de la casa y allí estaban sentados tanto ella como Celeste y Jacob. Sofía llegó con una jarra de té helado.
—Id a lavaros las manos, tenemos el almuerzo listo —dijo Scarlett al verlos subir los escalones del porche.
—Sí, señora —respondió Linda.
—Habéis tardado —añadió Jacob.
Unos minutos más tarde, todos estaban a la mesa y apareció ante ellos de la mano de Sofía una fuente de costillas de cerdo asadas, un bol de ensalada de col y mazorcas de maíz con mantequilla a la parrilla.
—Está delicioso, Sofía —alabó Colt la comida rato después.
—Estábamos tardando de disfrutar del sábado fuera de la casa —dijo Scarlett—. Y de nuevo creo que comiendo así no voy a poder adelgazar antes de verano.
—Estás estupenda, Scarly —dijo Linda.
—Sí, además, parece que a Jacob le gustan las mujeres rotundas —bromeó Scarlett.
Jacob tosió después de tomar un sorbo de té y Scarlett rio. Colt sonrió, pensando que el hombre le había dicho que ella trataba de molestarlo, pero que no sabía con quién se enfrentaba. Sin embargo, acababa de ahogarse con el té. A veces sí que lo lograba.
—Scarly, ten compasión del pobre Jacob —la riñó Linda, aunque también estaba sonriendo al decirlo.
—El pobre Jacob —Scarlett paladeó la expresión mientras lo miraba—. No creo que sea tan pobre. Se puede defender solito. ¿Qué tienes, cuarenta y cinco?
—Cuarenta y ocho —dijo el interpelado—. Y podría ser tu padre.
—¿En serio hacías ese tipo de cosas con trece años? —preguntó Scarlett, lenguaraz.
Ahora el que casi se atraganta con el té es Colt, mientras que Jacob la fulminaba con la mirada.
Linda se aguantó la risa y observó a su prima Celeste, que removía la comida y no participaba de la diversión.
Llevaba un tiempo demasiado extraña; primero había comenzado a salir demasiado y ahora estaba enclaustrada en el rancho.
Se mostraba taciturna la mayor parte del tiempo y parecía que no era capaz de sostenerle la mirada, como si pudiera echarse a llorar en cualquier momento.
Ni siquiera estaba subiendo contenido nuevo a sus redes sociales.
Estaba segura de que algo le sucedía, pero no sabía el qué.
¿Un desengaño amoroso? Puede que tuviera que tratar de hablar con ella.
Después de todo y a pesar de los encontronazos que habían tenido, solo era una joven que había pasado a mujer demasiado perdida y sin un referente claro en su vida.
—¿No tienes hambre, Celeste? —le preguntó.
—Creo que he desayunado demasiado —se excusó.
Linda oyó un leve gruñido. Era Sofía que la miraba y subía una ceja.
—¿Hay alguna pista sobre los que te hicieron aquello en el callejón, Colt? —preguntó Scarlett.
—No de momento —respondió el interpelado.
—El sheriff cree tener una buena pista, será solo cuestión de tiempo que lo resuelva —añadió Linda.
—¿Y sobre la serpiente? —preguntó ahora— ¿Creéis que también fue Travis?
—Lo dudo. Travis se mostró tan sorprendido como el resto cuando sucedió.
—De todas formas —continuó Linda—, creo que Wyatt dará con la persona que la puso en mi coche. Es el mejor sheriff que hemos tenido en Kingfisher.
—Por lo menos parece ser el único que no se ha rendido a los encantos de ya sabemos quién —dijo Jacob y todos interpretaron que se refería a Asher Granger.
—Tengo ganas de saber quién fue ese malnacido —añadió Colt.
Celeste dejó los cubiertos sobre el plato y la silla se deslizó hacia atrás.
—Si me disculpáis —dijo la mujer, entrando en el interior de la vivienda.
—Celeste no está bien —dijo Linda en voz alta una vez hubo entrado la joven.
—Se angustió mucho con lo de la serpiente —explicó Sofía—. Pasó varios días muy asustada llorando. ¡Pobre chica! Creo que sigue en shock. No es cierto lo que ha dicho, hoy no ha probado bocado.
—Yo pensaba que entre reptiles se conocían bien —dijo Scarlett.
—No seas injusta, Scarlett —le pidió Linda.
—Lo siento, tienes razón. Hoy no ha sido impertinente. Está algo rara —dijo esta.
—Está muy rara —convino Jacob—. Hace días que no se pone a grabar por el rancho sus cosas de las redes.
—Voy a ver cómo está —dijo Linda, haciendo ademán de levantarse de la silla.
—Puedo ir yo —dijo Colt, deteniendo con un gesto de la mano a Linda, para decirle que él se ocupaba.
—¿Tú? —se extrañó Linda.
—Sí, yo he terminado de comer —añadió él.
—De acuerdo —aceptó Linda.
Colt esbozó una sonrisa antes de introducirse en la casa y poner un gesto serio, porque no le gustaba el escenario que estaba pasando por su cabeza.
Llevaba días observando a Celeste. Se había comenzado a poner especialmente nerviosa desde que comenzaron a hablar del sheriff, pero lo había podido controlar.
Cuando el tema giró y salió el incidente de la serpiente, el temblor de su mano había aparecido de nuevo y la joven se había tensado demasiado, hasta salir huyendo de la mesa.
—¡Celeste! —la llamó Colt, alcanzándola en el pasillo de la planta superior de la vivienda.
—¿Sí? —respondió la joven deteniéndose.
—¿Estás bien? —quiso saber.
Celeste cerró los ojos y tragó el nudo que tenía en la garganta.
—Muy bien, gracias.
Colt dio unos pasos y se colocó delante de ella. No, Celeste no estaba bien, porque las lágrimas estaban bañando su rostro en silencio.
—¿Estás segura de ello? —volvió a preguntarle, en tono sosegado.
La mujer se cruzó de brazos y trató de tranquilizarse, infructuosamente. Su respiración se hizo errática.
—Sí —pudo articular.
—¿Qué te parece si… entramos y hablamos? —señaló la habitación que usaba Linda para relajarse. Tenía una gran televisión y una mesa para realizar distintas manualidades y hobbies.
Celeste asintió con la cabeza y se sintió perdida. El exmarine abrió la puerta y la joven entró en el lugar. Colt se sentó en un sillón y esperó a que la mujer se colocara en la habitación.