PLANES
Colt permanecía sentado en los escalones del porche trasero de la casa de Linda.
Era tarde, pero no tenía prisa por ir a la cama, ya que esa noche lo haría solo.
Scarlett se quedaría a dormir en el rancho y las dos mujeres solían alargar durante horas la charla tras la cena.
Linda necesitaba aquel contacto con el exterior y la visita de su mejor amiga le hacía bien.
Respiró hondo y miró hacia la luna, imponente en medio del cielo.
Cerró los ojos, pensando en lo que cargaba en su interior y que cada día le pesaba más.
¿Cuándo podría hablarle a Linda sobre su doble identidad?
Ansiaba el momento en el que los problemas del rancho se solucionaran, que los pozos escupieran petróleo, el grano estuviera recogido y pagado a buen precio y que, al menos durante un tiempo, la vida fuera aburrida y monótona: sin sobresaltos, serpientes, sabotajes, palizas en callejones o robos.
Solo ellos dos y el trabajo diario. Entonces, podría preparar el terreno y confesarle que bajo Colt Sullivan también estaba Charlie Sierra, porque mucho se temía que Linda había sentido algo por el marine desconocido, que casualmente era él mismo.
Quería tener la libertad de contarle lo que sintió cuando leyó su carta, cómo pasó de sentirse solo a estar acompañado y la ilusión casi infantil que sentía antes de mirar la bandeja de entrada de su correo electrónico para encontrar una nueva comunicación con ella.
¿Era posible que se hubiera enamorado antes de conocerla en persona?
Respiró hondo y tragó el nudo que tenía en la garganta.
¡Maldita sea! Necesitaba ser él mismo al completo con ella, sin dobleces, sin secretos.
—¿Sigues aquí? —preguntó Linda, sorprendiéndolo.
—¿Es tan tarde?
—Scarly se estaba quedando dormida mientras hablábamos y la he mandado a la cama —explicó ella—. Supongo que desayunaremos juntas por la mañana y seguiremos poniéndonos al día.
—¿Estás muy cansada esta noche?
—¿Física o emocionalmente? —preguntó ella, con ironía.
—Solo para sentarte un poco conmigo —Colt se movió hacia atrás y palmeó el suelo delante de él.
Linda esbozó una sonrisa y caminó hacia el lugar para tomar asiento justo delante del exmarine, que la abrazó contra su pecho y le besó la sien, aspirando el olor de la mujer.
—Creo que para esto nunca estaré cansada —dijo ella, acomodándose entre los brazos del hombre.
—Yo tampoco. Ni aunque pasen cincuenta años —le habló suavemente.
Linda permaneció quieta pensando en aquello que Colt acababa de decirle.
—¿Cincuenta años? —preguntó, sintiendo algo de vértigo de repente. ¿Colt hablaba en serio?
—Lo siento —se disculpó él, pensando si había ido demasiado lejos. Ella no estaba preparada.
—No, no te disculpes —dijo a continuación Linda. No estaba bien que lo coartase de aquella forma. Solo que ella…—. Están pasando tantas cosas que… me cuesta pensar a tan largo plazo ahora mismo. Perdóname.
—No tengo nada que perdonarte —la volvió a besar en la sien. Lo entiendo.
Guardaron silencio durante unos minutos en los que solo disfrutaron de la compañía del otro mientras el sonido de los grillos en el jardín trasero amenizaba la noche.
—Ya puedes beber bourbon, quizá deba ir a por la botella nueva que… —dijo Linda.
—Da igual, otro día —respondió Colt—. No quiero que te vayas.
Si antes le había dado vértigo escuchar que hacía planes a cincuenta años vista, aquel «no quiero que te vayas» le había llenado el alma, extrañamente. Porque ella tampoco quería que él se fuera de su lado.
***
—Buenos días —saludó Linda a su amiga con una sonrisa, nada más verla entrar en el despacho.
—Buenos días —dijo, derrumbándose en uno de los sofás.
—No tenías que levantarte si no querías —le dijo, cariñosamente. Se la veía cansada.
—Es que quiero estar contigo antes de que subas a caballo y salgas de mi vista otra semana más.
—Podemos almorzar juntas.
—Pero probablemente no estaremos a solas.
—Voy a traerte algo de desayunar —dijo, levantándose del escritorio.
—No, lo haré yo. Sigue trabajando.
—Vale.
Linda trató de ser más eficiente con las facturas que tenía pendientes. Sabía que se tomaría otro café mientras veía desayunar a su amiga y seguirían comentando las novedades de ambas, ya que la noche anterior se habían visto interrumpidas por el cansancio de Scarlett.
—¡Ya estoy de vuelta! Y te he traído un café.
Y a mí, Sofía me había guardado unas tortitas y un poco de bacon.
Cuando sea rica y tenga mucho dinero te robaré a esa mujer —le dijo, poniendo la taza sobre la mesa pequeña, mientras que se sentaba con las piernas cruzadas sobre el sofá y la bandeja sobre ellas.
—Lo de Sofía no es cuestión de dinero; se llama lealtad —dijo, orgullosa, con una sonrisa mientras salía de detrás del escritorio y se sentaba en el sillón que se encontraba al lado del sofá donde estaba Scarlett.
Un pensamiento menos agradable relacionado con aquello de la lealtad le cruzó la mente y su rictus cambió.
—¿Qué pasa? —preguntó Scarlett, notando el cambio en su amiga.
Linda suspiró y miró el fondo de su taza.
—Quizá solo sea una cuestión de dinero, dependiendo de la cantidad, si es la adecuada —comenzó a decir—. Nunca pensé que Travis haría nada así y…
—¿Fue por dinero? —preguntó Scarlett, interesada.
—Deudas de juego —aclaró Linda.
—Entonces… a ver si lo entiendo… ¿Necesitaba dinero y alguien le pagó para que manipulase tu coche?
—No puedo decir nada, me lo ha prohibido el sheriff.
—¡Joder! ¡Eso es horrible! ¿Y quién querría que hiciera eso? —Scarlett meditó unos instantes—. ¿La petrolera?
—Me temo que te he contado demasiado ya. Pero no fueron ellos.
—Entonces si no fueron ellos, ¿quién?
—Da igual, Scarly. No quiero seguir hablando del tema. Y por favor, no le digas nada de esto, a nadie. Y cuando digo nadie, es nadie.
—Es decir, que no se lo has contado a Colt.
—Wyatt me pidió que no lo hiciera, porque sigue investigando y quiere pillar a quien sea.
—Mis labios están sellados —Scarlett hizo el gesto de cerrar la cremallera y tirar la llave, antes de comer un trozo de tortita con sirope de chocolate—. Vayamos entonces a lo interesante, ¿qué tal van las cosas con tu guapo marine, para el que tienes secretos?
—No tengo secretos. Es solo que el sheriff no quiere que Colt intervenga.
—¿Y por qué habría de hacerlo? —Scarlett frunció el ceño, pensando en ello.
Linda carraspeó.
—Con Colt van las cosas bien —trató de distraerla de sus elucubraciones.
—¿Habéis llegado a la segunda base?
—¿En serio es solo eso lo que te interesa? El que sea atento, amable y…
—Sí, bueno, y que haya atrapado una serpiente con las manos desnudas para salvarte de ella, también es muy romántico. Pero a los hombres hay que probarlos en otro lugar.
—No la cogió con la mano, utilizó unas pinzas —corrigió ella.
—Detalles —desestimó Scarlett—. Y no me entiendas mal, porque es algo que no haría cualquier hombre, la verdad.
—Sí, hemos pasado a segunda base —confirmó Linda.
—¡Touchdown! —exclamó antes de bailar con la bandeja encima de ella y el vaso del zumo se tambaleó algo.
—Scarly, mi alfombra —le advirtió Linda.
—¡Perdón! ¿Y qué tal es?
Linda sonrió a su amiga, recordando cómo había sido aquella primera vez con Colt.
—Fantástico —dijo, con un suspiro.
—¡Ohhhh! ¡Ese hombre no defrauda! ¡Lo supe! Lo supe desde que lo vi bajar de aquel autobús y entrar en el bar. Es una pena que solo te buscase a ti.
—No me buscaba a mí —desestimó Linda, extrañada con el comentario—. De hecho, tú tuviste una oportunidad, hablaste con él antes que yo.
—Solo tuvo ojos para ti desde el primer momento. Le di pasta para que te invitara a una copa y me dijo que él pagaba.
—¿Le ofreciste dinero? —Linda se mostró molesta con su amiga y la forma en la que trataba de conseguirle citas.
—Da igual. Ahora quiero saber más… una vez, dos veces y lo más importante, ¿llegaste al final?
—¿Qué clase de preguntas son esas? —se quejó Linda.
—¡No seas mojigata, Linda Clayton!
—Pues sí. Soy mojigata, ¿qué pasa?
—¡Argh! —exclamó y puso los ojos en blanco—. Eres imposible. Probablemente prefieras que te pregunte si dormisteis juntos y abrazados después.
—Pues sí. Y fue muy tierno.
—Los hombres tan valientes y aparentemente duros son como cachorritos. Y Colt es muy mono.
Linda rio con el comentario de su amiga. Cierto era que Colt era un hombre que, sin grandes gestos conseguía llegar a lo importante para ella; siempre estaba ahí dispuesto a echar una mano, sin ser dominante y dándole su espacio, al igual que la abrazaba cuando sabía que lo necesitaba.
—¿Estás enamorada de él? —preguntó a bocajarro Scarlett, hablando de nuevo y obteniendo la atención de su amiga, que parecía haberse quedado recordando algo que la hacía sonreír de una forma soñadora.
—¿No es muy pronto?
—¿Pronto? Con tu ex, el que no vamos a nombrar para no estropear el momento, fue aún más rápido.
—¡No estaba enamorada! —desestimó ella, sin pensar el motivo, solo sabía que no había estado enamorada.
—¿En serio? Si no me estoy volviendo loca y si el azúcar de este desayuno me está llegando bien al cerebro, creo recordar perfectamente que me aseguraste que te habías enamorado de él.
Linda entrecerró los ojos, tratando de recordar aquello. Sí, seguramente lo habría dicho, pero estaba convencida de que no había estado enamorada. Lo sabía.
—Eso no fue amor, Scarly. Ese cabrón me manipuló, como manipula a todas las personas que decide —Linda se levantó del sillón y decidió acercarse a una de las estanterías. Pensó en Travis y en cómo lo habría manipulado. Acarició los lomos de varios libros.
—Sabes que Colt sí está enamorado de ti, ¿no? —le dijo, en un tono de voz sosegado y suave. Linda se giró hacia ella y le mantuvo la mirada durante unos segundos.
—¡Venga ya, Scarly! —desestimó Linda.
—No lo ves, ¿verdad? —preguntó Scarlett—. O quizá no quieres verlo, porque te da miedo.
—¿Miedo a qué? —Linda lanzó una carcajada.
—A que te pase lo mismo que la otra vez.
Linda respiró hondo.
—Colt solo es un buen hombre, que… acaba de salir de los marines, está herido porque perdió a alguien importante y… busca su sitio en el mundo. Ya sabes cómo es eso. Mientras tanto… él… solo me está echando una mano.
—Sí, desde luego. En la cama.
—Llevo unos años sola —continuó diciendo mientras pasaba un dedo por el borde del sillón que había frente a Scarlett, comprobando una suciedad inexistente—. Supongo que él también.
—Celeste se colocó en esa línea de fuego, Linda. Y ni siquiera la miró.
—Celeste es muy joven para alguien como él.
—¡Ja! —Scarlett lanzó una carcajada—. ¿Desde cuándo eso le ha importado a un hombre?
—¿Puedes dejar de imaginar historias románticas? —le pidió.
—Y tú, ¿podrías observarlo cuando te mira? ¡No me creo que no te hayas dado cuenta! A menos que te dé miedo darte cuenta.
Linda tragó saliva. Estaba aterrada con la idea. Guardó silencio y su amiga lo respetó.
—Creo que iré a… los pozos —dijo, de repente.
—¿En serio no te ha dicho nunca nada?
—No les debe faltar mucho para terminar de entubarlos de nuevo —habló, tratando de no pensar en las veces en las que Colt había bordeado aquella verdad, incluida la noche anterior, cuando le había dicho que no se cansaría de sentarse con ella en el porche ni dentro de cincuenta años.
—Puedes ignorarme, pero no puedes huir de la verdad.
—Tienes razón en algo: puedo ignorarte —dijo, tratando de esbozar una sonrisa hacia su amiga antes de salir del despacho.
Scarlett se dijo que volvería a la cama y con suerte podría dormir durante al menos una hora más.