UN RESPIRO, SOLO UNO
Linda y Colt acababan de visitar unos cultivos de trigo a caballo.
La mujer estaba más callada que de costumbre, pero era lógico; más después de la detención de uno de sus cowboys hacía un par de días.
Colt sabía que esperaba la llamada del sheriff, para tratar de saber por qué Travis había hecho aquello.
—¿Qué te parece si nos paramos un rato por aquí? —propuso Colt, apeándose del caballo.
—Casi es la hora del almuerzo —dijo ella. A pesar de ello, lo imitó y bajó de su yegua.
—Precisamente —Colt sacó un par de emparedados y se los mostró con una sonrisa en el rostro, antes de volver a guardarlos. Tomó la manta enrollada que llevaba sobre la grupa del caballo ese día y la extendió en el suelo bajo un árbol. Después se quitó el sombrero y lo colgó en una pequeña rama.
—Así que, ¿un pequeño picnic?
Linda sonrió y un calor reconfortante se adueñó de su estómago, pero no era hambre. Necesitaba algo así justo en ese momento y Colt lo había hecho por ella. Se le formó un nudo en la garganta pensándolo.
—Ajá. Un día demasiado agradable para desperdiciarlo almorzando entre cuatro paredes, ¿no crees? —sonrió, observando que la temperatura era cálida; estaban al final de la primavera.
Colt extendió la mano hacia la mujer, que sonrió y la tomó. Se acercó a él, y este le quitó el sombrero.
—Gracias —dijo ella, mirándolo a los ojos.
Colt continuó sonriendo y le colocó unas hebras de cabello que el sombrero le había aplastado contra la sien a Linda. Después le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.
—Gracias a ti, siempre —murmuró él, sintiendo que tenía todo lo que deseaba en ese momento de su vida: a ella mirándolo de aquella forma, pegada a su pecho mientras una agradable brisa primaveral mecía las hojas del árbol bajo el que estaban cobijados.
Colt bajó la cabeza y los labios de ambos se unieron en un tierno y profundo beso. Luego se separaron y Linda volvió a mirarlo.
—¿Qué has traído? —preguntó, quitándole el sombrero de la mano para colgarlo cerca de donde estaba el de él, en otra rama.
—Unos emparedados de roast beef con queso cheddar curado y mostaza.
—¡Muero de hambre! —exclamó Linda, que aprobó el menú.
—Siéntate —le ordenó él para ir a sacar la comida de las alforjas del caballo—. También tengo té bien frío.
—¡Mmmmm, me encanta!
Colt colocó los sándwiches sobre la manta, cerca de donde ella se había sentado.
Luego hizo lo propio con el termo de té.
Se colocó de rodillas delante de ella y le tomó una pierna, para ayudarla a deshacerse de las botas y que pudiera estar más cómoda.
Linda apoyó las palmas de las manos a los lados de su cuerpo y se dejó hacer mientras lo observaba.
Le gustó que de repente alguien tomara las decisiones de qué hacer o cómo. Estaba cansada por todo lo que había sucedido en los últimos días y necesitaba dejar la mente en blanco.
—Gracias —dijo.
—De nada —Colt sonrió y le pasó uno de los emparedados, sentándose a su lado.
Comieron en silencio, despacio, compartiendo el té frío, disfrutando de la brisa y del sonido del campo. El trino de los pájaros amenizaba el lugar, seguido del mugido de las vacas a lo lejos.
—Necesitaba esto —dijo Linda cuando ambos terminaron de comer y Colt se echó en la manta. El hombre extendió el brazo y ella se acomodó a su lado, poniendo la mano en el pecho de él antes de respirar hondo.
—Era hora de que tuviéramos una cita.
—¿Es una cita? —preguntó, sorprendida.
—Algo informal, pero sí —dijo Colt—. Espero que podamos tener una mejor pronto.
—Hacía mucho que no tenía una cita. Bueno, al menos no exitosa —pensó en la de Charlie.
—Por eso a veces es mejor no planear las cosas demasiado —respondió, recordando que aún le dolía alguna costilla de la paliza de aquella noche.
—Desde luego.
Linda permaneció callada mientras sus dedos tocaban uno de los botones de la camisa del hombre.
—¿Sigues pensando en esa cita? —preguntó Colt.
Linda continuó en silencio un poco más.
—¿Importa? —respondió con otra pregunta. La realidad era que no estaba segura de ello. Se sentía molesta con Charlie por haberla dejado tirada en su primera cita y justo ahora estaba hablando de ello en una primera cita con otro hombre. Sintió que no era justo con Colt.
—No lo sé. Yo sí estoy seguro de esto, Linda —la apretó contra su pecho, le tomó la mano que jugaba con uno de sus botones y se la llevó a los labios para posar un beso en ella.
—Yo también lo estoy.
Linda se dijo que había dudado y que él lo había notado.
Colt no lo merecía, había hecho demasiado por ella.
Se movió y se colocó encima de él, antes de mirarlo a los ojos y ver cómo esbozaba una sonrisa.
Lo besó en los labios y él le apretó el trasero con las manos.
Después se acomodó apoyando la cabeza contra el hueco de su cuello unos instantes y aspiró el aroma del exmarine.
Amaderado, aunque con un toque herbal, quizá romero.
Le gustaba cómo olía Colt. Le gustaba Colt.
—¿Dónde crees que vas? —preguntó, cuando Linda se movió para quitársele de encima.
—Sé que peso mucho —dijo ella.
—No es verdad.
—Tengo báscula en el baño, ¿sabes?
—Seguro que está estropeada.
Linda rio con el comentario de Colt.
—Tengo un trasero del tamaño de Texas.
—Me gusta Texas —dijo el hombre y le dio un azote cariñoso en el lugar que decía tener del tamaño del segundo estado más extenso del país. Linda volvió a reír.
—No pienso acostarme contigo en la primera cita.
—Sobreviviré —dijo él.
Linda lo volvió a besar en los labios y él le acarició el rostro después, mirándola, arrobado.
—¿Tengo algo de mostaza en la cara?
—No —Colt sonrió y respiró hondo—. Es solo que...
Linda se puso nerviosa, sabía que había un pensamiento demasiado profundo en el hombre, y de una forma un tanto irracional y absurda, de repente, sintió miedo a escuchar lo que él tendría que decirle.
—Creo que estoy impidiendo que el riego te llegue al cerebro —bromeó ella, rodando hasta llegar al suelo de nuevo. Luego se incorporó, sentándose en la manta a su lado, abrazándose las rodillas con los brazos, mientras respiraba hondo el aroma del campo de Oklahoma.
Colt supo que Linda tenía miedo. Asher la había dañado demasiado en aquel matrimonio. Necesitaba tiempo para volver a confiar. Y él tenía un secreto que no sabía cómo se iba a tomar. Se incorporó y se sentó a su lado.
—No va a ser una mala cosecha —dijo él.
—Gracias a las lluvias. En el momento oportuno —suspiró Linda.
—Los de Cimarron están entubando.
—Sí —volvió a suspirar ella.
—Las cosas están mejorando.
—Lo sé —lo miró—. Y me da miedo, porque cuando me relajo, parece que algo se estropea.
—A cada tormenta se le acaba la lluvia —le dijo, dándole a entender con aquel manido dicho que todo pasa.
Comenzaron a sonar los acordes de la canción de Gary Allan con el mismo título, “Every Storm (Runs Out of Rain)”
Linda sonrió viendo cómo Colt sostenía el teléfono móvil en la mano, desde donde se emitía aquella música. La canción adecuada en el momento adecuado. Cerró los ojos y respiró hondo, escuchándola.
—Es la canción que más veces he reproducido cuando he estado allí, especialmente en el último año —habló Colt y se refirió a cuando servía en Siria.
—Tú también lo has pasado mal —verbalizó ella, sintiéndose más acompañada.
Colt parecía una roca la mayor parte del tiempo, pero no era así.
Era un hombre que había resultado herido sirviendo a su país, si no de forma física, sí de otra más profunda.
Casi había olvidado las primeras semanas en el rancho, en las que deambulaba de noche tras sueños que lo retrotraían a su tiempo allí y a la pérdida de su compañero.
—Pero ahora estoy con una preciosa mujer teniendo una cita —quitó hierro al asunto.
Linda le tendió la mano y él la tomó, entrelazando los dedos con los de ella.
—A la tormenta se le terminará la lluvia —dijo la mujer y Colt le apretó un poco más fuerte la mano, mientras ambos miraban hacia el campo, con el océano de trigo meciéndose en olas con la brisa.