HAY UN CULPABLE
Dos coches de la oficina del sheriff se adentraron por el camino del rancho Clayton esa mañana.
Podría ser una visita rutinaria, pero Linda supo al verlos que no era así.
Llevaban las luces encendidas, algo estaba pasando.
Se detuvo en el sitio y llamó a Jacob, que dos minutos después se encontraba a su lado.
Colt vino con él y se colocó a su flanco, esperando ver qué tenía que comunicarles el bueno de Wyatt.
—Buenos días, Linda —se dirigió hacia la dueña del Clayton.
Para entonces, Sofía y Celeste estaban en el porche de la casa, expectantes.
Los jornaleros salieron de los graneros y se mantuvieron a una distancia prudencial, esperando ver qué estaba sucediendo.
Que el sheriff trajera los rotativos encendidos y viniera acompañado de su ayudante no era una buena señal.
—Buenos días, sheriff. Algo me dice que no me va a gustar tu visita.
—Probablemente no —dijo afectado. A él tampoco le gustaba lo que tenía que hacer esa mañana. Tensó la mandíbula.
Colt escuchó un grito ahogado, era Celeste, a la que Sofía abrazó.
—Vienes a por alguien —adivinó Linda, sintiendo un nudo en la garganta.
Wyatt asintió con la cabeza.
—Sabemos quién fue el que manipuló los frenos de tu coche.
—¡Mierda! —exclamó Linda, formándosele un nudo en el estómago. Si el sheriff había llegado de aquella forma al rancho, era que el culpable se encontraba allí—. ¿Estás seguro, Wyatt?
—Bastante seguro —respondió antes de darle una orden directa a su ayudante, subiendo el tono de su voz—. Adelante, Cass.
Todos vieron cómo la mujer se dirigía hacia donde estaban los cowboys parados. Linda cerró los ojos, pensando cuál de ellos sería. No podía pensar que Dylan o Cody fueran los culpables.
—Travis Boone —dijo la ayudante Briggs—. Estás detenido por la manipulación de los frenos del coche de Linda Clayton.
—¡Travis! —exclamó Linda, sorprendida—. No puede ser, él… tuvo el accidente justo por eso.
—Sí, la coartada perfecta.
El hombre no opuso resistencia y agachó la cabeza, siendo conducido hasta el coche patrulla.
—¡Travis! —Linda se acercó a él mientras que Cass lo sostenía por las muñecas. Necesitaba una explicación.
—Lo siento, Linda —murmuró el interpelado, avergonzado.
—¿Por qué? —preguntó. Supo que había sido él, pero no entendía por qué.
—Nunca pretendí hacerte daño, lo juro.
—Una curiosa forma de demostrarlo —dijo el sheriff, llegando hasta el lado de Linda, para indicarle a su ayudante que lo metiera en el vehículo—. Cassidy.
Linda sintió una mano en el hombro, era Colt que estaba a su lado y trataba de apoyarla, de consolarla y hacer que se sintiera mejor. Pero no era fácil.
Respiró hondo. Travis Boone había manipulado los frenos de su coche y podría haber muerto por ello.
El Travis al que su padre le dio un lugar en el rancho y una oportunidad, después de meterse en un buen puñado de líos cuando era adolescente.
El que había pensado que era uno de sus hombres más fieles, el que hacía solo un par de meses le había dicho que estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta por ella.
¿Todo había sido mentira? Tragó saliva y apretó la mandíbula.
—Te mantendré informada —habló el sheriff McCoy—. Lo siento, Linda.
—Sí, yo también. Gracias, Wyatt.
El representante de la ley dio la vuelta y subió a su vehículo, emprendiendo el camino antes de su ayudante y de Travis, sentado en la parte trasera del vehículo policial.
—Linda —habló Jacob, sin saber muy bien qué decir. Apreciaba a Travis, llevaban más de veinte años trabajando juntos.
La mujer respiró hondo y miró a Jacob y a Colt por turnos.
—¿Podéis encargaros de lo de hoy, al menos durante un par de horas? Tengo algo que hacer.
Los hombres asintieron, comprendiendo que era un trago duro de asimilar para ella el que alguien de su confianza la hubiera traicionado.
—Linda —la llamó Colt, tomándola de la mano—. ¿Vas a estar bien?
—Lo voy a intentar —dijo ella, sabiendo que necesitaba un respiro a solas. Esbozó una mueca, parecida a una sonrisa, pero no podría convencer a nadie.
Colt tiró de ella y la abrazó durante unos instantes. La mujer le pasó las manos por el torso y lo apretó contra ella. Le consolaba tener a alguien como Colt a su lado.
—¡Volvamos al trabajo! —gritó Jacob al otro par de cowboys que seguían parados en un lateral. Colt hizo lo propio y siguió al capataz. Sabía que necesitaba tener un rato a solas.
***
Linda cerró la puerta del despacho tras de sí y se dirigió hacia una de las estanterías. Miró una fotografía de su padre y ella tomada años atrás. Acarició el cristal de la misma.
—Me alegra que no lo hayas visto —dijo en voz alta, hablando a la imagen de su padre en el pequeño cuadro, mientras que una lágrima le resbalaba por la mejilla. Después la limpió con los dedos, se dirigió hacia la ventana, miró a través del cristal y se abrazó a sí misma.
Sentía frío, aunque no era real; la mañana era templada. Era el frío que dejan las traiciones, el que se instala bajo la piel y tarda tiempo en abandonarte.
Recordó lo orgulloso que estaba su padre de Travis, de la oportunidad que le había brindado para lograr encauzar su vida y de cómo la había aprovechado.
Hasta el momento en el que decidió manipular los frenos de la camioneta.
Asher, Travis… ¿qué demonios les pasaba a algunos hombres?
Tragó el nudo que tenía en la garganta. No era justa en su apreciación.
Jacob seguía allí. Colt también. Respiró hondo y se dijo que lo tenía a él y que, al tenerlo a su lado, se sentía una persona afortunada.
Aunque las lágrimas siguieron bañando su rostro, porque la traición dolía.
Más aún cuando venía de alguien que había considerado parte de su familia.