UNA SERPIENTE MANIPULADA
Linda salió al porche delantero de la casa, en dirección a uno de los graneros. Tenían que comenzar a poner a punto la maquinaria para las tareas de cosecha que en no demasiado tiempo comenzarían en el rancho.
La camioneta de Virginia Williams, la veterinaria de Kingfisher avanzaba por el camino y esperó su llegada. Era extraño, siempre avisaba antes de ir.
—Buenos días, Virginia. No recuerdo que tuviéramos alguna cita pendiente —dijo Linda, adelantándose hacia la mujer, que en ese momento se bajaba del vehículo.
—Buenos días. No la teníamos, pero pensé que estaría bien pasarme y charlar sobre un tema.
—Claro, ¿quieres tomar algo?
—No, gracias. ¿Qué tal si paseamos un rato?
Linda asintió y ambas mujeres caminaron hacia los graneros.
—Tú dirás.
—¿Cómo está Colt? —preguntó.
—Bien. Por suerte fue una mordida seca, y la cantidad de veneno fue realmente insignificante. Está arriba, descansando, en contra de su voluntad.
—No fue una mordida seca, Linda —dijo la veterinaria.
—Eso ha dicho el médico —habló Linda, extrañada de la seguridad con la que decía aquello la veterinaria.
—Sabía que había mordido a Colt y quise extraer el resto del veneno —comenzó a explicar—, solo por si lo necesitábamos. Me encontré con la sorpresa de que la serpiente estaba ordeñada.
—¿Ordeñada? —se extrañó.
—Sí, a veces se les extrae el veneno.
—Sé lo que es que una serpiente esté ordeñada, pero no entiendo por qué alguien ordeñó a esa.
—Alguien quería daros un susto, asegurándose de que fuese solo eso.
Linda sacudió la cabeza, incrédula. ¿Quién demonios podía haber hecho tal cosa?
—¿Por qué? —salió de su boca tras el shock inicial, sabiendo que era solo una pregunta retórica. Estaba claro que Virginia no tenía aquella respuesta.
—Por precaución, no quería que la inoculación del veneno fuera mortal —dijo la veterinaria.
—Te juro que no sé quién demonios puede hacer este tipo de cosas o qué pretende.
—No puedo ayudarte, espero que el sheriff McCoy sí.
Linda cerró los ojos y asintió, esperaba que así fuera.
***
—Hola —Celeste tocó con los nudillos a la puerta de la biblioteca del rancho. Colt trataba de buscar una lectura, ya que Linda le había dicho que se tomara las cosas con calma, al menos por ese día. Acababan de regresar del hospital.
—Hola —dijo Colt, mirando a la joven.
—¿Cómo estás? —preguntó, cruzándose de brazos.
Colt se dijo que Celeste parecía algo abatida. Sofía le había dicho que se había disgustado mucho con la situación vivida hacía un par de días.
—Bien. No ha sido gran cosa.
—¿Te duele?
—Solo un ligero hormigueo en ocasiones.
—¿Estás fuera de peligro? —volvió a preguntar.
—Parece que voy a sobrevivir. Al menos hasta que me ataque algo más o me peguen otro tiro —bromeó él y notó cómo la joven tragó saliva. Le resultó extraño.
—Bueno, sí… —Celeste miró a sus pies—, necesitas que haga algo por ti, no tienes más que decírmelo, ¿ok?
—Claro. Gracias.
—Voy a… —señaló el piso de arriba— conectarme a internet.
Colt asintió con la cabeza y siguió la figura de la mujer hasta que abandonó la estancia. ¿Qué le había pasado a Celeste? Puede que hubiera roto con el tipo con el que salía las últimas semanas, porque era evidente que había alguien.