Amor en Oklahoma CABEZA DE COBRE #2
59%

CABEZA DE COBRE #2

—Lo sé —Colt tragó saliva e hizo una mueca que mostraba el dolor que comenzaba a sentir y que cada vez se hacía menos soportable. Que lo aspasen, pero prefería que lo mordiera una bala a aquello.

***

Linda paseaba de un lado a otro en la sala de espera. Había estado con Colt y sujetado su mano, pero después le habían pedido que lo dejase mientras le hacían algunos análisis.

—Linda —saludó el sheriff.

—Wyatt —dijo ella, cruzándose de brazos.

—Se está volviendo una costumbre que nos encontremos en este lugar.

—Por desgracia. Ojalá recibiera tu visita solucionando todo lo que está pasando.

—Estoy en ello. Tendré noticias muy pronto, te lo prometo. Pero parece que tenemos que comenzar con esto —dijo, sacando un bloc y un bolígrafo—. Había un saco de tela blanco debajo del asiento de tu coche. ¿Es tuyo?

—No —se extrañó Linda y frunció el ceño.

—Ya sabemos en qué llegó la cabeza de cobre.

—¿Alguien la metió?

—Eso parece. He decidido llevársela a Virginia —habló de la veterinaria local—. Ella la cuidará y veremos si obtenemos algún dato extra.

—No la voy a echar de menos, sinceramente —dijo Linda.

—La culpa no es del reptil —dijo el sheriff.

—Desde luego que no. Coge a quien sea que haya hecho esto y como le pase algo a Colt… —Linda perdió el aliento y su voz se quebró.

—Es un hombre duro, no temas —la mano del sheriff se colocó sobre el hombro de la ranchera.

—Eso espero —respiró hondo, tratando de recomponerse.

—¿Algo nuevo que pueda decir de dónde viene esta broma cruel?

—¡Nada! —exclamó, frustrada—. Sigo sin deberle dinero a nadie, estoy trabajando con los de Cimarron Oil y mi exmarido quiere ofrecerme su ayuda.

—¿En serio? Lo de Asher —aclaró.

—Sí, piensa que pueda haber petróleo en los viejos pozos y quiere negociar con la petrolera para ayudarme.

—Ya —Wyatt tomó nota en su libreta.

—No sé qué es lo que ocurre —se dejó caer en uno de los sofás—. Y a veces pienso que otras personas saben más que yo misma.

—Amplíame eso, por favor —le pidió el sheriff.

—Jacob y Colt. No me permiten estar sola en ningún lugar.

Es decir, en casa sí, pero si vamos a visitar cereales o a los pozos, siempre alguno de ellos va conmigo.

Incluso si quiero venir al pueblo, como hoy.

Acababa de discutir con Colt justo por eso.

Quería venir a hacer algunas cosas, pero yo sola.

—Siento decir que estoy con ellos, más desde lo que le hicieron a Colt —el sheriff tomó asiento en la mesa baja frente al sofá, recolocándose el cinturón, para que no lo molestara.

—¿A qué te refieres?

—Mientras le daban una paliza le decían que se fuera del pueblo y se alejase de ti.

—¡¿Qué?! —preguntó una sorprendida Linda, ya que era la primera vez que oía aquello.

—Jacob y Colt solo están velando por tu seguridad.

—Ninguno de los dos me había dicho tal cosa.

—No quieren preocuparte.

—Soy una mujer adulta, ¿sabes? —dijo, molesta.

—Con demasiados frentes abiertos —le recordó el sheriff—. Y parece que alguien quiere que estés sola.

—¡Mierda! ¡Asher! —exclamó Linda.

—¿Algo que hayas recordado?

—Estuve hablando con él la tarde antes de la paliza de Colt. Me mostró su disgusto sobre él. No le gustaba y no se fiaba. Me dijo que había sido demasiado casual su presencia en el disparo, lo de las vacas… Y ahora quiere ayudarme a negociar con la petrolera.

Wyatt McCoy se rascó la mandíbula.

—Parece que le vendría bien que estuvieras algo más sola.

—Me ha dicho que ha cambiado. Que se preocupa por mí. Que quiere ayudarme. Ya sabes, el mismo discurso de siempre.

—No obstante, apuesto doble contra sencillo a que estaba en alguna reunión fuera de Kingfisher mientras todo sucedía. Como las veces anteriores. ¿Crees que es él?

—No lo sé, pero ahora pienso que algunas cosas son demasiado casuales.

—Yo no suelo creer en las casualidades —dijo McCoy, entrecerrando los ojos antes de levantarse de la mesa.

—Acompañante de Sullivan —dijo una enfermera saliendo a la sala.

—Ve —le ordenó el sheriff señalando con la cabeza hacia la mujer, dándole a entender que habían terminado, al menos de momento.

—Gracias —respondió Linda, tocándole el antebrazo al representante de la ley, agradecida por su ayuda.

***

Linda entró en la habitación. El médico aún apuntaba algunas cosas en una hoja de papel. Colt parecía estar bien, aunque tenía un gesto que evidenciaba que le dolía.

—Señorita Clayton —el galeno se dirigió a ella—. Le he dicho al capitán Sullivan que debe quedarse al menos una noche con nosotros, especialmente para controlar la hemotoxicidad del veneno y el dolor.

—No se preocupe, lo hará —dijo, segura de ello. Aunque tuviera que atarlo a la cama con ayuda de varios hombres, Colt se iba a quedar allí lo que el médico estimase oportuno.

—Sorprendentemente no había gran cantidad de este y es algo curioso, puede que se haya tratado de una mordedura seca, a veces pasa con la cabeza de cobre.

También pudiera ser que haya mordido a alguien antes, en ese caso, espero que le diga al personal de su rancho que es necesaria la atención médica urgente.

—No ha mordido a nadie del rancho. Tuvo que haberlo hecho antes.

—En todo caso, es una gran noticia. Colt no va a sufrir complicaciones y si todo sigue como hasta ahora, en un par de días estará completamente recuperado.

Solo vamos a hacer unas analíticas seriadas, controlaremos la inflamación y la coagulación.

Así que, me temo que estaremos dando un poquito la lata por aquí de vez en cuando.

—No importa. Gracias, doctor —dijo Linda.

—Si necesitas más medicación para el dolor, no dudes en pedirla —el médico se dirigió a Colt—. No necesitas hacerte el héroe. ¿De acuerdo?

—Sí, doctor —convino Colt.

El médico abandonó la sala.

—Coincido con él. Ya te has hecho demasiado el héroe —dijo Linda.

—Discrepo con esa opinión. Lo hago muy mal, siempre termino en este hospital.

—Linda esbozó una sonrisa, la primera en mucho tiempo, desde esa mañana.

—Apuesto a que te hacen paciente del año un día de estos.

—No sería raro. ¿Cómo estás? —preguntó Colt, cambiando el tono de la conversación.

—No es a mí a quien le ha mordido una cabeza de cobre. La pregunta es cómo estás tú.

—Sobreviviré.

—Eso espero —Linda sonrió. Después dejó de hacerlo al recordar algo y se dirigió hacia la ventana de la habitación.

—¿Qué ocurre?

—He estado hablando con el sheriff. Me ha contado algo que no me habías dicho. Me has mentido —dijo, mirándolo fijamente, a distancia.

Colt tragó saliva. No podía ser que el sheriff se hubiera ido de la lengua sobre lo que le había confesado la vez anterior. Se removió, molesto por el dolor y por aquello.

Linda observó la incomodidad del exmarine, habría jurado que contenía la respiración. Aunque puede que solo fuera porque la mordedura le dolía.

—¿Por qué diantres no me habías dicho que los tipos de la paliza te dijeron que te alejases del pueblo y de mí?

—McCoy no debería haber abierto la boca —respondió Colt, molesto. No era lo que había pensado, pero tampoco le gustaba.

—No, probablemente no, porque debiste ser tú quien me lo dijera —dijo Linda, elevando el tono sin pretenderlo. Cerró los ojos y se giró hacia la ventana, tratando de calmarse.

—¿Iba a cambiar algo? —preguntó Colt, con serenidad.

—Tenía derecho a saberlo, Colt —dijo, aún de espaldas.

—Solo te habrías sentido responsable por lo que me habían hecho —desestimó él.

—No necesito que me protejan —respondió, girando para mirarlo, aún con los brazos cruzados.

—Lo sé. Pero tampoco necesitas que te hagan daño innecesariamente.

—Puede que me lo haga más el que no me cuentes este tipo de cosas. Odio que me mientan. He tenido demasiado de eso, ¿sabes?

Colt sintió un puñetazo seco en el estómago.

Si aquello la había herido, ¿qué iba a hacer cuando le contara que era Charlie Sierra?

No lo miraría igual después, no confiaría en él.

Incluso podría perderla. Y ya no era una opción fingir que aquel seudónimo nunca había existido, porque Scarlett lo sabía, Wyatt también.

—Lo siento, Linda.

—Espero que no haya nada más que no me hayas contado —lo instó a hablar—. Prométeme que nunca lo volverás a hacer.

La oportuna entrada de una enfermera para sacarle sangre detuvo la conversación, dando a Colt tiempo para no hacer una promesa que no estaba cumpliendo.