CABEZA DE COBRE
Linda se sentía molesta. Jacob la sometía a una continua vigilancia y la acompañaba a todos lados en el rancho, especialmente después de la paliza de Colt hacía semanas.
O al menos trataba de hacerlo la mayor parte de las veces, excepto en las que ella se escapaba de él.
Y el capataz fruncía el ceño cuando se volvían a encontrar.
El problema era que Colt parecía ser un buen alumno del otro hombre.
—Me gustaría tener la oportunidad de ir al pueblo sola, para variar —dijo Linda.
—Puedes hacerlo, solo he dicho que me gustaría ir contigo —apreció Colt.
—No es eso, es que sé que Jacob te ha convencido para que lo hagas.
—No es cierto. Él no me ha dicho nada.
—¿En serio? —Linda entrecerró los ojos, escéptica.
Colt exhaló el aire que había estado reteniendo.
—Yo fui el que le dije a Jacob que no debíamos dejarte sola —le confesó.
—Debes estar bromeando —dijo Linda, sintiéndose más molesta aún.
—No lo hago. Han pasado cosas que…
—¡Hace semanas que no pasa nada! ¡Es absurdo! Me gustaría, solo para variar, no tener un guardaespaldas, porque no soy una estrella de cine.
Colt tensó la mandíbula.
—Me gusta pasar tiempo contigo —le dijo, tratando de llegar a ella de otro modo.
—No vayas por ahí —dijo, sintiéndose molesta.
—Es cierto —respondió el hombre, aparentando tranquilidad.
—¡No trates de hacerlo, Colt! Salí de un matrimonio con un manipulador y no necesito a un… —se detuvo, pensando qué eran Colt y ella, pero no halló un adjetivo. Él subió una ceja, esperando—, alguien, que haga exactamente lo mismo.
—Es por tu bien —dijo Colt, mostrándose arrepentido. Ella tenía razón, pero tenía que entender su punto.
—No —repitió Linda, tomando el bolso para salir de la casa y dirigirse hacia el coche.
Colt se dijo que no había sido inteligente en su forma de manejar la situación, aunque Linda no era estúpida y había tenido demasiada paciencia tanto con Jacob como con él mismo. Salió tras ella, no podía permitir que se fuera molesta con él.
***
Linda sintió un agradable aroma a pepinillos en su coche y se dijo que era extraño, ya que seguía usando el mismo ambientador floral de siempre.
Luego un suave silbido en el suelo del asiento de al lado le dijo que no estaba sola y que la compañía no era nada agradable.
Se limitó a cerrar los ojos y tragar saliva sin mover un solo músculo de su cuerpo, con las manos sujetando el volante.
Una serpiente se deslizaba y subía al asiento del copiloto y si no se equivocaba mucho, era una cabeza de cobre.
Hemotóxica con una picadura extremadamente dolorosa que no sabía cómo iba a evitar.
Necesitaba mantener la calma y pensar cómo salir de allí sana y salva ¿Qué demonios hacía un animal como aquel en su coche?
—Lo siento, Linda —Colt se acercó al vehículo de la mujer. Ella había ganado, no pondría objeciones a que fuera al pueblo sola, tenía razón. Hacía semanas que no ocurría nada en el rancho, puede que el peligro hubiera pasado. Pero no podía permitir que se fuera molesta con él.
Linda oyó la voz de Colt pidiéndole disculpas desde el otro lado de la ventanilla, a su lado.
Volvió a tragar saliva mientras que de reojo observaba los movimientos de la cabeza de cobre que silbaba, parecía que algo molesta por estar en aquel lugar.
Bueno, parece que tenían algo en común, a ninguna le gustaba la compañía de la otra.
—¿Linda? —preguntó Colt de nuevo. La mujer permanecía rígida, con las manos en el volante y mirando al frente. La imagen de la cabeza de una serpiente se asomó por el salpicadero en el lado contrario al que estaba la mujer.
¿Por qué demonios era tan testaruda? Si Colt hubiera ido con ella al pueblo, probablemente la habría visto antes de subir al vehículo y aquella escena se habría podido evitar.
Al menos estaba allí, a su lado y esperaba que se diera cuenta que si no le hablaba no era porque le estuviera haciendo el vacío o estuviera furiosa.
En ese momento tenía más problemas que una pequeña discusión que había sido a todas luces estúpida, porque él solo trataba de conseguir que estuviera a salvo.
—¡Jacob! ¡Dylan! —llamó al capataz y el cowboy que sabía que estaban cerca—. ¡Tenemos un problema!
Oyó cómo Colt pedía ayuda y agradeció que estuviera en el rancho y que no la hubiera dejado marchar enfadada.
—Hay una serpiente en el coche de Linda —les informó cuando llegaron hasta el lugar.
Para entonces, Celeste también había salido de la casa, escuchando el revuelo que se había organizado. Cody, otro de los cowboys también se acercó.
—Debe ser una serpiente de leche, son inofensivas —informó Dylan, acercándose hacia la ventanilla del conductor. La serpiente se abalanzó contra el cristal, molesta por la irrupción.
—¡Joder, no! —exclamó Jacob viéndola. Aquello no era una amable milksnake—. Es una cabeza de cobre.
—¿Una cabeza de cobre? —preguntó Celeste, casi chillando. Había oído hablar de lo que les pasaba a las personas que sufrían su mordedura.
—¿Qué demonios hace una copperhead dentro de un coche? —preguntó Cody, recién llegado.
—No creo que sea importante ahora mismo saber de dónde viene. Necesitamos sacar a Linda de ahí cuanto antes —dijo Colt, poniendo cordura al asunto, aunque supo que aquello no era un accidente ni la serpiente había entrado de forma casual en el vehículo.
—Sácala de ahí, por favor, Colt —le dijo Celeste, entre lágrimas.
—Eso es justo lo que haré —el hombre miró a Sofía, pidiéndole que se ocupara de la joven, que de repente parecía haber entrado en un estado de shock viendo a su prima en aquella situación.
—¿Cómo? —preguntó Jacob.
—Necesitamos una caja para la cabeza de cobre.
—¿Quieres cazarla? —preguntó un más que sorprendido Dylan.
—Necesitamos hacerlo, por lo que pueda pasar —dijo, casi perdiendo el aliento, no queriendo pensar en que pudiera morder a Linda.
—Voy a por una —Cody corrió hacia un cobertizo.
—Vamos a sacarla de ahí, cariño —dijo Colt, dirigiéndose a Linda, que movió imperceptiblemente la cabeza para agradecérselo.
Cody regresó con una caja de plástico transparente con tapa.
—Genial —convino Colt—. Mantenla abierta con la tapa lista para cerrarla, la meteremos dentro.
Colt se acercó a la puerta del copiloto, el lugar que ocupaba el reptil.
—¿La piensas coger con la mano? —preguntó Jacob, alarmado.
—Sí, ese es el plan.
—¡Estás loco!
—¿Se te ocurre una idea mejor?
—¿Llamar al sheriff? ¿A un experto?
—Linda está ahí dentro y ese bicho es demasiado inestable, está encerrada en un coche y enfadada —le recordó.
—Puede que te muerda.
—Trataré de que no sea así —respondió Colt tratando de esbozar una sonrisa nerviosa.
—Que Dios te ayude —dijo Jacob.
—Tengo una pinza de serpientes en mi camioneta —habló Cody.
—¿Y a qué demonios estás esperando? —preguntó Jacob, instando al hombre a ir a por ellas. Después de aquello, compraría un par de ellas para tener en el rancho.
Cody corrió a por las pinzas y regresó con ellas antes de pasárselas a Colt.
El exmarine las probó antes y luego colocó la mano en el picaporte de la puerta para abrirla, muy despacio. Respiró hondo para poder ir liberando el aire lentamente. No iba a propiciar ni un solo movimiento brusco, excepto el de atraparla, y esperaba ser preciso.
—Cuidado, Colt, por favor —oyó a Celeste, que seguía llorando más allá.
Abrió la puerta con delicadeza, la cabeza de cobre siseó, molesta.
—¿Cómo estás, cariño? —preguntó Colt en voz muy baja.
—Siento lo de antes —dijo Linda, susurrando.
—Solucionemos esto y luego lo hablamos.
—Ten cuidado.
El reptil se removió unos instantes, probablemente había captado las vibraciones de las voces de ambos.
Luego siseó una vez más y se enroscó sobre el asiento, mostrándose más tranquila al no escuchar nuevos sonidos.
Colt tragó saliva y se preparó, acercó lentamente las pinzas abiertas a su cuello.
Respiró hondo, se concentró y… cerró a su alrededor el artilugio.
—La tengo —dijo en voz alta, apretando la mandíbula—. ¡Necesito la caja!
—¡Aquí! —dijo Jacob que era quien la sostenía en ese momento. Dylan y Cody habían dado unos pasos atrás.
El reptil se mostró molesto con su captura y se enroscó con fuerza en el mango de las pinzas.
—No te resistas —le dijo.
Jacob soltó la caja y la desenroscó no sin esfuerzo, a pesar de que no era un ejemplar demasiado grande y efectivamente, en un primer momento podría haber sido confundida con una serpiente de leche.
—Estamos listos para la caja —dijo Colt sujetando la cola del animal extendida.
Jacob volvió a tomarla y Colt metió primero la cabeza de la misma. Era de plástico y profunda, resbalaría en ella el tiempo suficiente para cerrar la tapa.
—Ya casi está —dijo Jacob, viendo cómo el otro hombre se preparaba para soltarla.
Colt lo hizo rápidamente, aunque en esta ocasión, la cabeza de cobre quedó enganchada por la cola al borde de la caja.
Maldijo por lo bajo y empujó el extremo del cuerpo del reptil hacia el interior para poder cerrar la tapa.
Fue un error. La serpiente se revolvió con una rapidez sorprendente, girándose sobre sí misma para clavarle los colmillos en el antebrazo, antes de que pudiera apartarse.
—¡Maldita sea! —exclamó, sintiendo el dolor agudo en la zona—. No la soltéis. Puede que la necesitemos.
—¡Noooo! —gritó Celeste antes de seguir llorando en los brazos de Sofía que trataba de calmarla.
—¡Necesitas ir al hospital ya! —dijo Jacob, cediendo la caja a uno de los cowboys para correr hacia donde estaba su camioneta aparcada.
—¡Lo siento, Colt! —exclamó Linda, abrazándolo por la cintura.
—No importa, cariño. ¿Tú estás bien? —le preguntó, acariciándole el cabello mientras soportaba el dolor de la mordedura. Sabía que aquello no mejoraría y esperaba que Jacob fuera rápido en buscar la camioneta y llegar con él al hospital.
—Estoy bien. Tú también lo estarás.