Amor en Oklahoma CELOS
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CELOS

Hacía semanas que Scarlett no pasaba por el rancho, las mismas que llevaba pensando qué hacer con la carta o cómo enfrentar a Colt.

Sabía que no podía mostrarse delante de su amiga demasiado tiempo sin decirle que tuviera cuidado con Colt.

La última vez casi lo hace en el restaurante de Kingfisher.

Ahora, conociendo el secreto del exmarine, las circunstancias eran diferentes.

—¡Sorpresa! —exclamó Scarlett sentada en el sofá cuando Linda entró en la casa.

—¡Scarly! —Linda mostró una amplia sonrisa al ver a su mejor amiga en el rancho—. Pensaba que estabas huyendo de mí.

—Han sido unas semanas muy ocupadas, pero he vuelto y estoy deseando volver a disfrutar de la comida de Sofía y de ponernos al día.

—Claro. Le diré que seremos uno más antes de subir a tomar una ducha.

—Ve arriba y no tardes. Ya se lo he dicho yo.

—Sube conmigo, te pondré al tanto de algunas novedades —le dijo, pensando hablarle del petróleo, algo que solo sabían Jacob y Colt, por seguridad. Pero quería que su amiga sí conociera de aquello.

***

—Hay algunas mujeres que piensan que los cowboys son sucios y que huelen todo el día a vaca y a sudor —comenzó a decir Scarlett cuando observó entrar en la casa a Jacob, recién duchado y aún con el cabello húmedo.

—¿Tú no lo haces? —respondió él, sintiéndose escrutado.

—Solo en parte. Pero luego recuerdo que no hay nada más sexi que uno recién duchado con ropa limpia —pasó al lado del hombre y aspiró el olor a gel de ducha y colonia que desprendía—. Como tú.

—Yo aún no tengo una opinión formada de las agentes de seguros. Más allá de que les gusta ser unas entrometidas y jugar con los viejos cowboys.

Scarlett rio y Jacob esbozó una lenta sonrisa.

—¿Viejo? ¡No! —desestimó, observándolo de arriba a abajo.

—Scarly —la riñó Linda, escuchando solo la última parte de la conversación—. Deja al pobre Jacob.

Scarlett rio de nuevo. Jacob podía ser muchas cosas, pero pobre, no lo creía.

—¡Vaya! Hoy está la familia al completo —exclamó Celeste, viendo a Scarlett y a Jacob en el comedor.

—Buenas tardes, Celeste —la saludó la interpelada—. Hacía mucho que no me pasaba por el rancho.

—Podéis sentaros —indicó Sofía, llevando las últimas viandas a la mesa ayudada de Linda, mientras que Colt entraba en la estancia, también recién duchado.

Todos tomaron asiento y sirvieron los platos, comenzando a degustar los filetes de ternera con la salsa gravy.

—Esta salsa se irá directa a mis caderas, pero no puedo evitarlo. La de Sofía es la mejor —dijo Scarlett.

—Estás estupenda, Scarly —dijo Linda.

—Los hombres prefieren a las mujeres más delgadas.

—No todos. A otros nos gusta que haya carne en el hueso —convino Jacob y Scarlett le sonrió mientras masticaba.

—Así es —Colt apoyó la teoría y Celeste se mostró algo molesta.

—Supongo que hay gustos de todo tipo —quiso zanjar Linda, para echarle un cable a su prima. A pesar de que odiaba que fuera tan superficial en muchas de sus apreciaciones.

—Y bien —Scarlett quiso cambiar de tema—, hacía mucho que no venía por el rancho. ¿Me he perdido algo?

—No demasiado en realidad —dijo Linda.

—Los de la petrolera están rondando por el rancho —dijo Jacob.

—Espero que encuentren petróleo.

—El grano sigue engordando —dijo Colt, satisfecho de aquello.

Linda le dedicó una sonrisa y lo miró, agradecida. Le gustaba que compartiera sus anhelos en los cultivos.

—Eso es estupendo —dijo Scarlett—. Finalmente, no va a ser tan mala cosecha. ¿Algo más?

—Linda se está tirando a Colt —dijo Celeste de repente, observando la mirada que su prima le había dedicado al exmarine y este a ella.

—¡Celeste! —exclamó Sofía en tono de reproche.

Linda soltó los cubiertos en el plato y miró a la otra mujer con la que compartía apellido y sangre, además de hogar. Su prima se limitó a sonreír satisfecha, mientras se introducía un trozo de carne en la boca y lo masticaba lentamente.

—Es un comentario muy injusto hacia tu prima —observó Colt, frunciendo el ceño.

Linda agradeció las palabras de Colt, pero se dijo que Celeste era asunto suyo. ¿Cómo diantres se había enterado? Pensaba que habían sido muy discretos.

—Deberías pensar quién es la que pone un plato de comida en esta mesa cada día —le advirtió Jacob, sintiéndose molesto por el comentario.

—Da igual, chicos. Dime, Celeste. ¿El hecho te supone algún problema? —preguntó Linda a su prima, después de limpiarse los labios con la servilleta, tratando de mantener la compostura.

Celeste había esperado avergonzar a su prima en la mesa, pero no aquella reacción de su parte. No solo Linda no se sentía avergonzada, sino que le preguntaba cuál era su problema si se acostaba con Colt. Guardó silencio, sin saber qué responder.

El mutismo en la mesa se hizo demasiado pesado.

—A mí me parece fantástico. Hacéis muy buena pareja —dijo Scarlett, tratando de cortar la tensión.

Sospechaba que Celeste estaba celosa de Linda. Llevaba semanas orbitando alrededor del exmarine. Pero Colt nunca la había mirado de la forma en la que miraba a la dueña del Clayton.

Jacob introdujo otro tema. Hablaron de los terneros nuevos que había en el rancho y de los precios que se estaban moviendo en las lonjas en las últimas semanas, tratando de desviar la atención del muy desafortunado comentario de Celeste Clayton.

La conversación fluyó con Linda, Colt y Scarlett aportando su visión acerca del tema y en cómo pensaban que comenzaría el verano para los rancheros económicamente.

—¿Quién va a querer tarta de queso? La hice ayer a última hora —anunció Sofía.

—Yo paso, son calorías vacías. Tengo planes —dijo Celeste, levantándose de la mesa después de terminar su plato.

—Los niños se han ido al fin —dijo Scarlett en voz baja, y Jacob sonrió disimuladamente.

—Sé que no es asunto mío, pero deberías poner a esa mujer en su sitio —dijo Sofía, recogiendo los platos—. No le deberías consentir este tipo de salidas de tono.

—Es una mujer adulta de veinticinco años —argumentó Linda.

—Que vive en tu casa y de tu dinero —añadió Sofía—. Pero no diré nada más, porque no es algo que no sepas, ni me debe incumbir el cómo llevas tus asuntos familiares. Yo solo trabajo aquí.

Sofía se dirigió a la cocina mascullando algo más como que aquella niña se merecía un buen escarmiento o que la vida se encargaría de ponerla en su lugar, tarde o temprano, porque el karma existía.

—Voy a… echarle una mano a Sofía con el postre —dijo Linda, siguiendo a la mujer. La realidad era que le daría un abrazo y le diría que sí tomaba en consideración su opinión, porque no era solo una empleada, sino que también era su familia.

***

Linda se apoyó en el quicio de la puerta del porche trasero de la casa. Colt estaba allí sentado en una de las mecedoras, en silencio. Parecía preocupado. ¿Pudiera ser que el comentario de Celeste lo hubiera ofendido?

—Hola —le dijo, para hacerse notar.

—Hola —respondió Colt, girándose para verla y sonreírle.

—¿Estás bien? —preguntó Linda, caminando hacia él.

—Sí —sonrió levemente, pero la sonrisa no llegó a los ojos.

—Siento lo de mi prima de antes —se disculpó.

—Creo que quien debería sentirlo es ella, ¿no te parece?

—Ya.

—Ven aquí —alargó la mano hacia ella—. Siéntate conmigo.

—¿Dónde? —sonrió Linda.

—Aquí —Colt palmeó su regazo.

Linda esperó que la mecedora fuera lo suficientemente robusta para soportar el peso de los dos en ella. Le hizo caso y se sentó en el regazo del hombre, que la abrazó contra su pecho y la besó en la sien. Ella se dejó hacer acomodándose en el amplio pecho del exmarine.

—Supongo que ni siquiera tenemos que disimular ya —trató de bromear Linda.

—No, eso parece. Siento que es culpa mía y debería habértelo dicho.

—¿A qué te refieres?

—Me encontré a tu prima en el pasillo hace un par de mañanas cuando salía de tu habitación.

—¿A esas horas? Suele dormir como un lirón toda la noche.

—Llegaba de algún lado. No me dijo de dónde, me respondió que no tenía derecho a preguntarle —Colt edulcoró la respuesta real, que habría disgustado a Linda.

—Está muy fuera de lugar últimamente. Más que nunca.

—Si fuera adolescente lo entendería, pero…

—Lo sé. Mi tío fue muy laxo con ella mientras vivía y mi tía… bueno, ellas dos son como el agua y el aceite. Aunque no la culpo, mi relación con mi madre no es mucho mejor.

—No creo que sea comparable, tú manejas tu vida y gestionas este rancho. Celeste está dependiendo de ti.

—Sí. Y se toma licencias como la de esta noche. Siento que haya dado a entender que eres un hombre objeto.

Colt sonrió.

—He pasado demasiados años en los marines para que las percepciones que alguien como Celeste tenga sobre mí me afecten, créeme. Sin embargo, no me ha gustado cómo te ha hablado. No mereces ese trato.

Linda suspiró.

—Supongo que debería haber hablado seriamente con ella hace tiempo. Creo que… pensé que sería una etapa que pasaría, el cambio de vivir en Miami a vivir en un pueblo perdido de Oklahoma.

—¿Quieres que lo haga yo?

—No, pero gracias. Me temo que es mi responsabilidad.

—Si necesitas algo…

—Lo sé —sonrió Linda, sintiendo que el tener a alguien como Colt a su lado apoyándola era más que suficiente.