Amor en Oklahoma EL REGRESO DE CHARLIE SIERRA
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EL REGRESO DE CHARLIE SIERRA

Linda se desperezó en la cama cuando sonó el despertador y un brazo la atrajo hacia sí; era Colt, que la besó en el cuello y le acarició el abdomen, a pesar de que supo que aún dormía.

Estaban desnudos y enredados entre las sábanas y le pareció sexi y placentero, tanto como la noche anterior y el cómo habían terminado allí.

El exmarine era un amante dedicado, pasional y muy generoso. ¡Qué afortunada era!

Se giró en la cama y lo observó mientras descansaba ¿Aquel hombre era de verdad o cerraría los ojos y se desvanecería?

Los cerró con fuerza, los volvió a abrir y allí seguía.

Su cuerpo estaba cincelado por los dioses, a pesar de un par de mordidas de bala, la más reciente la que sufrió en Kingfisher.

Le tocó el pecho, allí donde estaba el corazón; era guapo, estaba muy bueno, pero lo mejor de él estaba allí dentro: lo sabía.

***

—Buenos días —saludó Celeste, subiendo una ceja mientras pillaba a un Colt soñoliento con la ropa del día anterior puesta saliendo de la habitación de su prima.

—Buenos días —respondió él y supo que aquello podría acarrear algunas consecuencias.

—Ahora entiendo algunas cosas —dijo la mujer en tono amargo.

—Pensaba que solías levantarte al mediodía —observó Colt, sabiendo que no eran ni las seis de la mañana y la joven estaba en pie.

—Salí anoche —informó, haciéndole saber que realmente estaba llegando.

—¿Dónde…?

—¿Crees que follarte a mi prima te da derecho a preguntarme dónde he estado?

—Celeste —advirtió Colt, algo molesto.

—Me voy a dormir —dijo, pasando por su lado camino del dormitorio.

***

Colt se dijo que se había convertido en un marine débil mientras daba de comer a los terneros con Cody y Dylan, dos de los cowboys del rancho.

Había vuelto a dormir con Linda después de hablar con ella la noche anterior, pero la angustia que sentía en el pecho continuaba acompañándolo. No estaba haciendo las cosas bien, porque no estaba actuando con total sinceridad. Y él siempre había sido un hombre de honor.

Pero, ¿y si Linda le daba una patada? ¿Y si nunca podría perdonarle el que la hubiera engañado con algo así? O peor aún: ¿Y si pensaba que solo había jugado con ella?

También había otra solución a su problema. La había pensado algunas semanas atrás y ahora volvía a estar sobre la mesa: olvidar que Charlie Sierra existió alguna vez. Y no debía ser difícil, ya que nadie más, aparte del sheriff, sabía de aquel alias. O esperaba que así fuera.

Respiró hondo y se sujetó con fuerza al madero del cercado, mientras comprobaba que una vaca amamantaba a su ternero recién nacido.

Era una solución cobarde, pero no podía perder a Linda, porque no estaba seguro de poder soportarlo. La quería y la necesitaba en su vida, como el aire que respiraba.

***

Scarlett había sopesado muchos escenarios en aquellas semanas. Realizó todo tipo de cábalas y conspiraciones en su mente y se dijo que ya era suficiente. No podía dejar pasar aquel asunto mucho más, ya que él ni siquiera le había preguntado por la carta.

Necesitaba enfrentar a Colt, porque temía que Linda estuviera comenzando a sentir algo por él.

Creyó haber hallado la opción que más información le daría acerca de la relación entre Colt y Charlie. Sin embargo, sabía que necesitaba ser precavida, ya que dudaba que el exmarine fuera un incauto.

Una cosa era que te pillaran por la espalda desprevenido y te dieran una paliza entre varios y, otra muy distinta medirse con una entrometida contable y agente de seguros de Kingfisher. La contable, que era ella, estaba en clara desventaja en ese escenario.

Debía llevar cuidado, o Colt descubriría que realmente no sabía nada. Perdería la mano y no hallaría la verdad para ayudar a Linda. Necesitaba hacerlo bien, o más que bien, tenía que hacerlo como si fuera una espía del más alto nivel.

Llegó al rancho, aparcó su coche y se dijo que los astros parecían sonreírle aquella mañana: Colt estaba apoyado en el cercado, observando a una vaca y su cría recién nacida.

Para su seguridad, estaban cerca de la casa, pero no lo suficiente, evitando ser escuchados. Era el escenario ideal para hacer lo que tenía que hacer.

Caminó con el corazón en la garganta hacia el lugar. La carta estaba dentro del bolso que llevaba al hombro, esperando el momento de ser mostrada si era necesario y el hombre enfrentado.

—Charlie Sierra —dijo Scarlett con la voz más firme que pudo lograr, aunque estaba temblando por dentro. Apretó la mandíbula, porque podía comenzar a temblarle la boca.

Colt tragó saliva al escuchar el nombre en los labios de alguien que ni siquiera reconoció, hasta que se dio la vuelta y la observó frente a él. Era Scarlett, mirándolo firmemente y demasiado seria para lo que era costumbre en ella.

—¿Perdón? —preguntó él, de forma automática.

¿Qué demonios sabía ella de Charlie Sierra? ¿Por qué lo había nombrado?

—Charlie Sierra —repitió Scarlett de nuevo, sabiendo que aquello no iba bien.

—No sé a qué…

—Lo sé todo —dijo la mujer de repente, interrumpiéndolo, tirándose un gran farol, porque evidentemente no sabía nada. Solo que debía existir una relación entre los dos hombres, pero no cuál. Y justo eso era lo que necesitaba conocer.

Colt entrecerró los ojos, tratando de vislumbrar qué demonios creía saber la mujer. Parecía segura, pero no lo estaba, por más que trataba de apretar la mandíbula. Había visto cómo su labio había temblado la última vez que habló.

En cambio, no sabía por qué le decía el nombre de su alias y decía «saberlo todo». ¿Qué era «todo» lo que sabía? Probablemente nada. Quizá que Linda se escribía con un tío que se llamaba así o que había acudido a una cita con él en Oklahoma City, pero nada más. Era imposible.

—¿Quién es ese tío? —preguntó Colt, y se arrepintió de ello al instante siguiente, porque Linda sí que le había hablado de él en varias ocasiones y Scarlett podía saber ese detalle. Solo que esperaba que no fuera así.

Scarlett sintió que estaba perdiendo la mano. Nadie dijo que enfrentarse a un exmarine iba a ser sencillo. Pero a ella aún le quedaba un as bajo la manga y esperaba que fuera el ganador.

Introdujo la mano en el bolso y le extendió la carta que llevaba semanas allí dentro:

—Lo sé todo —pronunció, despacio, una vez más. Ahora sí vio cómo el hombre palidecía delante de ella y tragaba saliva, antes de arrebatársela de entre sus dedos. La miró y supo que la misiva no le era desconocida.

Colt la reconoció, era la carta que Linda le había escrito. Pensó que seguía en el último lugar donde la había dejado, a pesar de no haberlo comprobado. Ahora se dio cuenta de que no la había vuelto a guardar en su anterior escondite. Habían sido unas semanas demasiado intensas.

—¿Dónde demonios…?

—En tu chaqueta, en el hospital.

—¿Me la has robado? —preguntó Colt, e hizo que Scarlett sonriera peligrosamente. Lo acababa de cazar, porque había admitido que sabía dónde estaba y que obraba en su poder. Tuvo que reprimir un gesto de júbilo, pero no pudo evitar mostrar el atisbo de una sonrisa de satisfacción.

—Se cayó accidentalmente —dijo, y esa probablemente iba a ser la única verdad que le iba a decir esa tarde.

—Pero no la devolviste a su lugar.

—No, no lo hice. Pero me ayudó a entender muchas cosas —volvió a presionar la mujer.

—¿La has leído? —preguntó el hombre, para tratar de vislumbrar hasta dónde sabía realmente.

—La he vuelto a leer, sí. Yo estuve cuando Linda la escribió y la echó al correo.

—¿La conocías?

—Perfectamente, por eso la reconocí en cuanto la vi. Es la carta que mi amiga le escribió al soldado desconocido, que terminó siendo Charlie Sierra.

—No tenías derecho a…

—Puede que yo no tuviera derecho, pero tú tampoco lo tienes a engañar a mi amiga. Lo sé todo. Lo comprendí en cuanto vi esa carta y uní las piezas en mi mente. Solo quiero saber por qué.

Básicamente, le gustaría saberlo, porque la verdad era que no sabía absolutamente nada.

Sus teorías durante aquellas semanas habían variado desde imaginar una paliza de Charlie a Colt a pensar que Colt había matado a Charlie.

Ahora sabía que Charlie estaba vivo, ya que le había escrito un mail a Linda.

Con lo cual, suponía que Colt no le había hecho nada, pero que había una relación entre los dos hombres, era más que evidente.

Si cordial o no cordial era lo que esperaba averiguar.

Colt escrutó a Scarlett. Sabía que, si conocía el contenido de la carta y quién fue el destinatario de la misma, no era muy difícil conocer el resto.

Había caído delante de ella con todo el equipo.

La carta de Linda nunca había salido de entre las tapas de un aburrido libro que llevaba consigo allá donde viajaba, excepto en las veces que él la había vuelto a leer, que no eran pocas, o la noche que había quedado con ella en Oklahoma City.

Le quería mostrar que la conservaba como un bien preciado, por lo mucho que significaron sus palabras en un momento tan oscuro de su servicio.

—Estoy esperando. Charlie Sierra —dijo y trató de presionar. Quería que le hablara de su relación con el hombre y el por qué él tenía la carta del otro marine.

Colt se apretó las sienes con una mano, molesto.

—Pensé en decírselo el primer día que nos vimos en Kingfisher —comenzó a decir él—.

Luego le dispararon y… volví a tratar de decírselo un par de noche después, pero nos interrumpieron y…

luego pasó todo lo de los sabotajes, lo de los frenos de la camioneta, más tarde lo de los tipos que me pegaron y… ¡Joder!

Scarlett no entendía de qué estaba hablando, pero necesitaba que siguiera y no podía mostrar su desconcierto.

—¿Por qué, Colt? —volvió a preguntar seria, tratando de forzar al hombre, que de repente le pareció atormentado y casi vulnerable. Había algo que tenía que decirle a alguien, ¿el qué? ¿A quién?

—¡Porque la quiero, maldita sea! No sé cuál es la forma de decírselo.

Scarlett contuvo la respiración, lo creyó. Sabía que Colt quería a su amiga Linda, y él mismo se lo acababa de confesar, pero seguía sin comprender el corazón del asunto. Él estaba vulnerable, y ella iba a aprovecharse.

—No creo que sea justificación para…

—Ya no es una opción perderla, Scarlett —la cortó.

El hombre se quitó el sombrero y se pasó los dedos por dentro del cabello, frustrado y molesto. Se giró hacia la cerca, dándole la espalda y volvió a colocar las manos sobre la traviesa superior de la misma.

Scarlett vio cómo trataba de respirar hondo.

Y se sintió mal de repente por él, por haberlo presionado tanto.

Y a la vez agradecida, ya que había alguien que quería de aquella forma a su amiga, que no le había importado confesarlo hacía solo un par de minutos.

Se acercó a él y colocó una mano sobre el hombro del exmarine.

—Hallaré el momento de hacerlo por mí mismo, lo prometo —tensó la mandíbula y tragó saliva—. Pero no le digas que soy Charlie Sierra, por favor.

Scarlett se sintió noqueada con aquella frase y el aire escapó de sus pulmones.

De repente, las piezas encajaron poco a poco en su mente:

Un exmarine recién retirado apareciendo de la nada en Kingfisher.

Llevándose una bala por Linda.

El interés que siempre había mostrado por ella.

Las flores de Colt el día de la cita con Charlie.

El hecho de que Colt también tuviera una cita con una desconocida.

La carta de Charlie en su poder.

Porque… ¡aquella carta solo podía tenerla el propio Charlie! ¡Nadie más!

¡C. S.! Las mismas iniciales.

Todas las piezas habían estado allí tanto tiempo que se sintió estúpida por no ver las similitudes antes.

—¡Oh, Dios! —exclamó de repente, emocionada con el hallazgo, retirando la mano del hombro de Colt—. ¡Eres Charlie Sierra!

Colt se giró para verla y frunció el ceño. ¿No lo sabía?

—¡Mierda! —exclamó el exmarine. Scarlett le acababa de tender una trampa y había caído en ella como un imbécil.

—¡Oh, Dios! ¡Todo encaja! —dijo con una amplia sonrisa y los ojos anegados en lágrimas—. Y es maravilloso.

—No lo sabías, ¿verdad? —dijo, sonando molesto. Le acababa de confesar aquello a la mejor amiga de Linda y eso no podía ser bueno.

—¡No, joder, no! Pensaba que Charlie te había dado una paliza. O que tú se la habías dado a él. O que os habíais peleado la noche de la cita y que le habías robado la carta. O que se le había caído —se detuvo—. Pero esto, esto… ¡esto es mucho mejor!

—¡Maldita sea! —se lamentó Colt una vez más, apoyándose de nuevo en la cerca para pasarse la mano por dentro del cabello.

La euforia de Scarlett aún duró un par de minutos más, mientras que Colt, a su lado, guardaba silencio, probablemente demasiado atormentado, por su error al haber sido descubierto y porque alguien más supiera su secreto.

—No se lo voy a decir, pero me temo que tú sí has de hacerlo —le habló, tratando de recomponerse—. Y si prometes que no me harás daño, me vas a tener a tu lado.

—¿Por qué demonios te iba a hacer daño? —Colt frunció el ceño, pensando cómo había llegado a aquella conclusión.

—Olvídalo. Cosas mías —dijo, pensando en que se había visto descuartizada y echada como comida para peces en el Kingfisher Creek mientras iba hacia el rancho.

—¿Crees que me perdonará? —preguntó Colt. La parte buena de todo aquello, era que al final podía hablar del asunto con alguien que conocía a Linda.

Scarlett frunció los labios, pensando en la respuesta.

—Linda odia que le mientan. Asher es un embustero de manual y es algo que después de dos años de matrimonio con esa escoria, detesta profundamente.

—Maravilloso —dijo Colt sarcástico, suspirando.

—Ya iremos viendo, ¿vale? —lo animó Scarlett, palmeando su espalda.

Estaba feliz por su amiga. Colt era el hombre que necesitaba.

¡Y además Colt era Charlie! A Linda le gustaban los dos, porque los dos eran el mismo hombre.

Y ella no podía estar más contenta con el asunto.

Lo ayudaría, porque había confesado que la quería.

¿Y qué había más importante que aquello?

¿Más que un hombre al que le importas tanto como para recibir una bala por ti sin dudarlo un solo un segundo?